En el camino: ¿Brokeback Mountain a la mexicana?
Hablar en estos tiempos de cine queer / LGBTIQ+ es inmediatamente irnos a terrenos hiper estilizados como Heartstopper, Euphoria, Call Me By Your Name (you name it), o sea, alejados completamente de la realidad de los mortales, o al menos, de nuestras realidades latinoamericanas. Y es por eso que si miramos hacia los esfuerzos de ese cine en nuestra región encontramos visiones interesantes, no siempre acertadas o correctas, pero sin duda interesantes como “En el camino”

Si bien Argentina y Brasil han tenido piezas muy importantes en el cine LGBTIQ+, es México quién ha firmado obras ya clásicas del género como ‘El lugar sin límites’ o ‘Sueño en otro idioma’ y una constante no sólo en estas piezas sino en la mayoría de las películas LGBTIQ+ mexicanas es que suelen ser incómodas. Ya sea en el tema o la narrativa que nos cuentan o en lo que provocan en el espectador. O ambas.
En el camino cubre ambas. Y es que aunque la historia sea tan simple como ‘un chico adicto intercambia favores sexuales por drogas en el ámbito trailero de las carreteras, hasta que un día comienza a entablar una conexión más profunda con uno de ellos’, el trasfondo es, irremediablemente, difícil e incómodo. Tanto por el contexto y narrativa (un ambiente fuertemente machista, misógino y homófobo) como por lo incómodo de ver para el espectador promedio. Y esto no es tal vez por una razón justificada. David Pablos decidió que necesitaba mostrar demasiado sexo explícito en una película que tal vez no lo necesitaba. Ahora vamos a diseccionar todo.

Lo primero: la historia de En el camino no es nada intrincada, es hasta básica, ‘dos hombres desarrollan una conexión en un entorno adverso’. Pero es la forma en que Pablos decide llevarla a la pantalla, alejándose de la violencia extrema tan socorrida en nuestro cine lo que la eleva. Eso le valió elogios de la crítica en su presentación en el Festival de Venezia en 2025, donde se resaltó la forma tan real y fehaciente de reflejar el machismo y la hipermasculinidad en nuestro país. Hasta aquí todo bien, la verdad es que ese realismo hace que la narrativa de Pablos sea digerible, cercana y no nos haga pensar inmediatamente ‘o sea, como Brokeback Mountain’. Justo eso fue lo que la hizo acreedora a los premios Queer Lion (a la mejor película de temática LGBT) y el premio a la Mejor Película en la sección paralela Orizzonti del festival europeo.
Hasta ahí, bien ¿Dónde se nos tuerce el asunto en ‘En el camino’? Pablos maneja muy bien la tensión sexual, entiende cómo reflejar la homofobia y lo tosco del ambiente trailero, PERO tropieza cuando quiere llevarlo a una experiencia más ‘sensorial’ porque de repente siente que para eso necesita mostrarnos sexo explícito, mucho sexo. Y entonces ahí nos perdemos entre la línea del erotismo y la sobreexplotación visual del sexo.

A diferencia, por ejemplo, del cine de Julián Hernández, donde el deseo y el sexo son el centro mismo de la experiencia cinematográfica, en “En el camino” la historia ya encontraba su fuerza en la intimidad emocional de los personajes. Ahí radica la diferencia: Hernández construye sus películas alrededor del sexo homosexual; Pablos parece convencerse a medio camino de que necesita incorporarlo para legitimar una historia que ya era poderosa sin él.
Ahora, el primer pensamiento que me vino fue ‘bueno, al final eso es lo que se ha hecho siempre con el cuerpo femenino. es entonces una democratización del uso del cuerpo humano en los medios visuales?’, pero caí en cuenta en que eso sería sólo justificarla sin un argumento sólido. Y es entonces cuando es claro que ‘En el camino’ NO necesitaba todo ese sexo explícito. Lo cual es una pena porque el cine mexicano pocas veces retrata hombres rurales homosexuales sin convertirlos en caricatura, en tragedia absoluta o en miserabilismo social. Y ‘En el camino’ logra muy bien eso, pues la película sí logra humanizarlos desde la cotidianidad en un entorno donde el silencio masculino, la imposibilidad de verbalizar afecto y la hombría rural actúan como cárcel emocional.

Y probablemente ahí es donde reside la infame comparación que hicieron algunos medios con ‘Brokebak mountain’, porque acá igualmente la tragedia no nace sólo de la homosexualidad, sino de un sistema de masculinidad donde sentir y demostrar ya es una amenaza. Ahora, tal vez Pablos dirige mejor de lo que escribe y resuelve, porque si la película empieza bien, estableciendo su contexto con tierra, sudor, carretera, luego se tuerce un poquito mostrándonos felaciones innecesarias, esperaríamos que para final volviera al camino para cerrar de manera decente. Pero no sucede así.
Ya sabemos que el talón de Aquiles de muchísimas películas mexicanas es no saber cómo terminar. Y ‘En el camino’ es presa de eso. Estirar la liga de una narrativa que ya funcionaba no hace más que llevarnos a un terreno melodramático que más que menos había logrado mantener al margen. No sólo tenemos una predecible redención como cierre, pero también su previa caída al abismo más innecesario y estridente posible.

Pablos sigue en la búsqueda de una voz propia en un escenario donde no es algo fácil, donde lo más cómodo sería emular al espectro anglo con cosas más bien edulcoradas y rosas, pero que tampoco le alcanza para consolidar a un autor que debe mejorar su escritura para lograr un combo ganador. “En el camino” no deja de ser una propuesta interesante, que comienza, como dirían en mi pueblo, con una entrada de caballo fino y salida de burro cansado.
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