Es hora de escuchar el rugido de la Pantera Negra

A 10 años de que comenzara el ambicioso proyecto de adaptar todos los personajes de Marvel al cine, a manos de Marvel Studios, estamos ante una etapa bastante interesante en la que se están tomando mayores riesgos y libertades creativas. Su última entrega, Black Panther -titulada Pantera Negra en español-, es una película extraordinaria, con fuerte carga política y una estética afrofuturista incomparable. Además, funciona como película independiente, sin las obvias y forzadas ligas a otras películas de Marvel que tanto agobiaron otras cintas de presentación de personajes (como Ant-Man y Dr. Strange).

La cinta arranca con lo que conocimos del personaje en Captain America: Civil War (2016): T’Challa es  el heredero al trono del país africano Wakanda y la Pantera Negra, guerrero y defensor de dicha nación. Tras la muerte de su padre, a consecuencia de una explosión en la sede de las Naciones Unidas, debe volver a casa para tomar el trono y las responsabilidades que conlleva la corona. Empero, no es un camino sencillo, ya que viejos fantasmas obstaculizan su meta y le hacen cuestionarse qué tipo de rey quiere ser. Con ecos de Hamlet y fuertes referencias a las teorías postcolonialistas, el guión de Coogler y Joe Robert Cole se enfoca en darle profundidad al personaje titular, así como presentar (¡y desarrollar!) personajes completamente nuevos -incluyendo el mejor villano del universo Marvel- y crear un mundo visual y temáticamente rico.

Así como Thor: Ragnarok, dirigida por el neozelandés Taika Waititi, examinó el legado de la colonización europea, Black Panther, a cargo del estadounidense Ryan Coogler, lleva el postcolonialismo a las pantallas grandes y nos muestra sus brutales consecuencias. Es imposible hablar de la Pantera Negra, el personaje, sin hablar de las injusticias y opresiones que han sufrido las comunidades negras alrededor del mundo -desde la era de la esclavitud hasta las persecuciones policíacas-, así como de su papel -y el de Wakanda- en ese gran hubiera. ¿Y si existiera un país africano poderoso, rico y avanzado tecnológicamente, que no haya sufrido los traumas de los procesos de colonización y explotación que sufrió el resto del continente? ¿Por qué se habría de mantener oculto? ¿Qué es todo lo que sacrifica con su política de no intervención? ¿Cuáles son las maneras de solucionar cuestiones tan complejas como la explotación de los cuerpos negros alrededor del mundo: replicando los métodos de los colonizadores contra ellos o buscar otras alternativas? No hay respuestas cómodas, y la película se beneficia de ello.

El reparto es estelar: Chadwick Boseman, Michael B. Jordan, Lupita Nyong’o, Danai Gurira, Daniel Kaluuya, Letitia Wright, Angela Bassett, Forest Whitaker, Andy Serkins y Martin Freeman protagonizan la cinta. Boseman y Jordan, en particular, realizan muy buenas interpretaciones y sostienen el peso de la trama con destreza, mientras que Gurira y Wright roban la atención cada que salen en pantalla. Quien está completamente desperdiciado es Daniel Kaluuya, nominado al Oscar por su papel en Get Out y que aquí pasa completamente desapercibido. Las secuencias de acción son espectaculares, y complementan las secuencias más dramáticas de la película.

Marvel Studios’ BLACK PANTHER..L to R: Erik Killmonger (Michael B. Jordan) and T’Challa/Black Panther (Chadwick Boseman)..Ph: Film Frame..©Marvel Studios 2018

Por otro lado, el diseño de producción y vestuario quita el aliento: además de ser sumamente colorido, los intricados diseños basados completamente en estéticas africanas y afrofuturistas ayudan a crear imágenes únicas y completamente nuevas. La banda sonora a cargo de Ludwig Göransson y Kendrick Lamar es otro gran acierto del filme.

Con mucho qué explorar, Black Panther es el filme más maduro y brillante del universo Marvel, a tal punto que, por momentos, se puede olvidar que es parte de la gigante productora. Y, quizás, eso sea lo que más tiene a su favor.

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Acerca del autor

Oraleia    

Snob pretenciosa en recuperación, punk de gustos refinados y valemadrista con corazón. Crítica de cine.


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