Escalante, Cannes y Un Andar Solitario

Una de las primeras películas mexicanas que me asignaron a ver durante mi taller de cine en la universidad fue Tequila, del documentalista Rubén Gámez. De poco me sirvió el tradicional apego familiar a los dramas europeos o películas costumbristas mexicanas (hasta la fecha mi mamá disfruta con singular morbo ver Repulsión de Polanski y a la fecha una de las películas mexicanas que más disfrutamos durante calurosas tardes de verano es Azahares para Tu Boda); Tequila fue todo un reto para mí. Aún hoy no estoy seguro de haber entendido el mensaje que don Gámez pretendía enviar con un ejercicio tan subjetivo como bizarro.

A partir de Tequila la experiencia universitaria se volvió una vorágine de experiencias surrealistas que me envolvieron en una especie de niebla púrpura que enrareció el (¿mi?) ambiente, agudizó mi perspectiva y me obligó a engancharme en feroces discusiones sobre el arte en el cine, discusiones acentuadas por ríos de tequila y ron (lo lamento, en tiempos de la dictadura priísta era eso o Añejo) que generalmente terminaban en acalorados pleitos abrazados por alguna música incomprehensible de mariachi.

Pero Tequila fue la punta del iceberg de la serie de tesoros que guardaba el programa universitario: Hermosillo, Cazals,  Estrada y el que se volvería mi gran fetiche nacional, don Arturo Ripstein en el cine, acompañado de un desfile interminable de autores en la literatura: Woolf, Sartré, Eco entre otros me salvaron del estúpido malinchismo que permea hasta hoy las eruditas opiniones de los “grandes críticos del cine” a quienes pesa reconocer que cada país tiene derecho a construir su propia industria cinematográfica en base a su personal punto de vista forjado en la experiencia personal y continúan cayendo de rodillas antes un discurso que se repite al infinito y les absorbe el seso como un hoyo negro neutralizador de neuronas.

Creo en un cine honesto y con identidad propia, creo en la necesidad de la clasificación de géneros como medio para facilitar su análisis y me enorgullece el término “cine mexicano” como género, y no por ser mexicano, sino porque este término reconoce intrínsecamente el derecho a que tiene cada cultura de identificarse sobre  las demás.

Así, cuando un mexicano es nominado a un premio (aún sea un Oscar) me siento orgulloso, no por el hecho de sentirme ganador, o que ése u otro mexicano con su esfuerzo individual me represente, sino porque a partir de su propia visión del mundo logra romper esa miopía mundial y se proyecta original y orgulloso hacia un mundo estandarizado para lo que hace falta güevos.

El cine de Escalante, desde luego, puede ser calificado de pretencioso y mamón, puede y debe ser así para quién el cine nacional debe limitarse a encueradas y “libertad de expresión” representada en textos plagados de majaderías  y “actrices” enseña-tetas, o para el público snob cuya única originalidad es uniformase de hipster o indie y repetir frases trilladas y comunes con cara de hastío. Hoy Escalante una constante en Cannes, concreta un largo flirteo que Francia ha sostenido con nuestro país desde hace ya algún tiempo, el camino se labró con la participación de algunos mexicanos  actuando como jueces, colocando películas y cortos a competencia en categorías especiales así como invitados de honor.

Es Heli, la tercera película de Escalante, la que hoy tiene el honor de participar en mayo por la Palma de Oro (la categoría principal del festival) según lo anunciado por el comité organizador del festival de Cannes. No es un logro menor y sí todo un reconocimiento a un joven realizador que apuesta por realizar el cine que desea. Cannes puede ser uno de los más prestigiados festivales de cine junto con el Festival de Cine de Venecia (el más antiguo del mundo cuya primera edición se celebró en 1932 y que se vio obligado a ser suspendido por la segunda guerra mundial, situación  que permite el surgimiento del festival de cine de Cannes) pero no está exento del manejo de intereses comerciales (¿personales?).

La mala noticia para el mexicano es una vez más el fardo que supone el nombramiento de un norteamericano como presidente del jurado, y es que esperamos que don Steven Spielberg no ejerza su poder y dé pie a controversia como la sucedida durante la premiación de Somewhere  (Sophia Coppola) en el festival de Venecia en 2010, nombramiento que levantó más de una ceja por evidente favoritismo del jurado hacia la ex-novia de Tarantino, presidente del jurado del festival ese año.

Es importante recordar estos hechos porque los Estados Unidos de Norteamérica tendrán una fuerte representación en la misma categoría con Only God Forgives de Nicolas Winding Refn, una película que exalta la violencia repitiendo estelar con Gosling, Inside Llewyn Lewis, relata la infelicidad de un compositor moderno que cae en cuenta de que muchas veces el apelativo indie no es mas que un eufemismo para misfit. The Immigrant, que cuenta otra historia sobre maltrato a los immigrantes en Estados Unidos, esta la víctima proviene de Polonia y sufrirá los embates de Joaquin Phoenix. Para no variar, Hollywood se pone histórica y presenta Behind The Candelabra y bajo la dirección de Soderbergh presenta un conflicto amoroso-homosexual (para verse liberales) vivido entre el pianista  Liberace y Scott Thorson (basado en el libro de éste último), Matt Damon y Michael Douglas jugando a la casita del amor, ¿Antojable? Bajo ninguna circunstancia. Alexander Payne, director con un disfrutable humor negro compite con Nebraska y  el valor de luchar contra toda adversidad para conservar las convicciones personales.

La parte europea está representada por el francés La Venus á la Fourrure (La Venus Vestida con Pieles) del dios de la dirección Polanski y una metáfora sobre la fuerza de la atracción basada en la obra de David Ives. Jimmy Pichard y un hombre de color que se verá forzado a poner en duda todas sus creencias tribales que como en toda cultura son el hilo invisible que logan a su origen, con Benicio del Toro bajo la dirección de Arnaud Desplechin. El holandés Alex Van Warmerdam presenta Borgman, película de humor negro muy europeo que esperamos ver pronto en México. Paolo Sorrentino hará su intento con La Grande Bellezza una cinta contemplativa que invita a la introspección. Michael Kohlhaas en una adaptación de la novela de Heinrich Von Kleist escrita en 1811 y que trata sobre los orígenes y consecuencias de la venganza. Jeune et Jollie del francés François Ozon y el hermetismo alrededor de la cinta no permite que haya datos sobre la trama.

Asia se representa con Wara No Tate y un festin  gore gourmet  del japonés Takashi Miike, ya sabemos por dónde va la cosa. Soshite Chichi Ni Naru y la disyuntiva de un padre que descubre que su hijo ha sido cambiado al nacer. Un Chêteau en Italie para tratar sobre la pena que debe enfrentar una familia en la década de 1910 al tener que perder la casa que le ha pertenecido a la familia durante generaciones.

Heli, la película de casa (México) que narra los horrores de la guerra entre cárteles mexicanos, filmada en Guanajuato y cuyo productor Jaime Romandía promete será estrenada en México una vez pasado el festival, aproximadamente en septiembre.

La terna se complementa con las películas La vie d’Adèle, Le Passé, Grisgris y Tian Zhu Ding.

Así suerte al mexicano cuyo arte le abre puertas y reconocimiento en un campo de batalla injusto para quien aún apuesta en la creación artística basada en la máquina creadora más pura y perfecta de la naturaleza: el cuerpo humano.

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6 comentarios

  • Mi estimado ya tenía rato que no leía nada de usted, y gracias por ilustrarme tantas cosas que ignoraba del cine mexicano XD

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  • Mi estimado, gran post como siempre.
    Esta dificil el panorama pero nuevamente como mexicano siento mucho orgullo que una producción ajena al conformismo de la cartelera nacional despliegue y demuestre el talento cinematografico de nuestro país, el cual sobra pero como lo he comentado, a mi parecer no esta bien encausado en la mayoria de sus casos

    En fin, esperemos poder ver pronto Heli para apoyar como se debe esa cinta.
    Saludos!

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    • Totalmente de acuerdo don Oscar, creo que cualquier persona con dos dedos de frente se siente como nosotros. Y aunque el panorama se ve adverso para una posible Palma de Oro no deja se sentar un precedente y aliciente para que si no Amat, otros se arriesguen a seguir su sueño (e instinto creativo) y vean resultados en festivales prestigiados en un futuro a corto plazo. Un abrazo afectuoso como siempre don Fett.

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