Fantastic Beasts: The Secrets of Dumbledore, o la franquicia que sobrevivió

Cuando Voldemort está a punto de asesinar a Harry, su madre conjura un hechizo de magia antigua para protegerlo. El mago oscuro muere, pero su esencia permanece gracias y hasta que alguno de los 11 horrorcruxes, los cuales tienen parte de su alma, lo ayuden a revivir.

Después de la exitosa y tropezada saga de Harry Potter, una precuela fue el horrorcrux que Warner utilizó para revivir el universo cinematográfico de El niño que vivió. Curiosamente, al igual que Voldemort, la trilogía de Animales Fantásticos es la película número 11 del universo, en la cual está detrás el productor David Heyman, y parecido a la desfiguración en el rostro del villano, su última entrega carece de forma.

Animales Fantásticos: Los secretos de Dumbledore, comienza cuando Newt Scamander (insoportable Eddie Redmayne) encuentra un qilin, criatura con el poder de mirar en el alma de una persona, y con ella eligieran al gobernante del mundo mágico. El malvado Grindelwald (desaprovechado Mads Mikelsen) quiere manipular a dicha criatura, y convertirse en el líder supremo para llevar a cabo sus planes.

En todo esto, tenemos la sub trama del romance fallido entre Grindelwald y Dumbledore, y otras que no aportan nada, como la del panadero enamorado de la bruja, el hermano de Dumbledore y su hijo perdido, y una vez más, hay que evitar la destrucción del mundo muggle.

Para esta entrega regresa Steve Kloves, guionista de las 8 películas de Potter, quien coescribe  junto con J.K. Rowlling. Se nota un desacuerdo creativo, obteniendo una película inconexa y muy lenta. Hay pocas secuencias de acción y tiene poco suspenso. La batalla final es insípida, y aunque parece cerrar la historia de Newt, podría dejar la puerta abierta a una secuela, precuela, spin-off, o cualquier otro formato para seguir acumulando ganancias.

Animales Fantasticos: Los Secretos de Dumbledore es un cadáver viviente que carece de alma, ocultando su putrefacción con CGi, efectos especiales, y nostalgia. Un refrito que explota al fandom y provoca a los potterheads (y no tan potterheads) al consumo casi obligado de sus productos (películas, series, libros, obras de teatro) al considerarnos seguidores fieles de la saga.

La última cinta saca ventaja de la lógica crossmediatica y transmediatica para posicionarse como una franquicia tan importante como Star Wars, reconociendo que ha sobrevivido más de 20 años gracias a sus fanáticos, y no por la dirección de David Yates o las buenas decisiones de David Heyman.

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Acerca del autor

Fernando Sullivan     reviumexico.com/

Cinéfilo y creador audiovisual. Amante del cine de terror, el noir y la ciencia ficción. Colaborador en https://www.reviumexico.com/


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