Godzilla: Rey de los Monstruos sin corona

El otro día, leí un tuit que presentaba que el promedio de temperaturas en Finlandia -uno de los países más fríos del planeta- estaba llegando a un récord de inicios de verano jamás presentado, con máximas de hasta casi 33°. El fin de semana en Monterrey llegamos a poco más de 45°, con una humedad insoportable, el lunes amanecimos a 27°, con brisa fresca, y diluvió en la tarde. Los temibles estragos del calentamiento global se resienten año con año, y se pronostica que para el 2050 la Tierra será sumamente inhóspita para los humanos (y el resto de la fauna y flora, claro). Saco esto a colación porque, mientras veía la terrible Godzilla: King of Monsters, no pude evitar estar de acuerdo con la antagonista principal: los seres humanos somos la peor plaga que le ha pasado a este planeta, y es necesario un acto monstruoso o divino para regresar al balance que, por ambiciosos y desconsiderados, hemos destruido en los últimos 40 años. Espero, por el futuro de la humanidad, que no sea demasiado tarde para intentar aplacar un poco los desastres que se esperan, pero sé que se requeriría un cambio radical en el modelo económico a nivel global, y los multimillonarios con el poder político y económico para lograr esos cambios preferirían mudarse a Marte en Teslas espaciales antes que salvar a la Tierra.

Desde su creación en 1954 por Toho Co., Godzilla ha funcionado como metáfora sobre la ansiedad y terror causada en Japón por la radiación nuclear, consecuencia de las bombas en Hiroshima y Nagasaki. Tras su éxito tuvo 32 secuelas y nuevas versiones japonesas, así como 2 adaptaciones hollywoodenses; Godzilla ha pasado de ser una amenaza a defensor de Japón (y la Tierra) junto a y contra otros monstruos gigantes, entre quienes está King Kong, Mothra, King Ghidorah, Megalon, Mechagodzilla, Hedora, y otro sinfín de kaijus. En el último reboot japonés, Shin Godzilla, la criatura era una metáfora ante los miedos y ansiedades en respuesta al desastre nuclear de Fukushima, junto al terremoto y tsunami ocurridos el pasado 11 de marzo del 2011; en la versión gringa del 2014 -excusa perfecta de Warner Bros para crear su propio Monsterverse-, el monstruo existe gracias a las actividades nucleares en general.

Para Godzilla: King of Monsters, la existencia del gigante se justifica por la vía ecológica: es la forma de la naturaleza para restaurar el balance. El guion de Michael Dougherty y Zach Shields, empero, se enfoca más en los personajes humanos, cometiendo el grave error de no desarrollar nada sobre ellos. Las acciones ocurren porque sí, y es sólo hasta que cierto personaje hace su discurso eco-terrorista que el tema central se hace presente y la película comienza a hacer algo de sentido. Al no profundizar en sus personajes, la película se vuelve tediosa, y sólo se recupera hasta que los kaijus entran en acción. Con tan poco guion, el reparto estelar -que incluye a Vera Farmiga, Kyle Chandler, Millie Bobby Brown, Ken Watanabe, Sally Hawkings, Ziyi Zhang y Charles Dance- tiene casi nada qué hacer, más que poner sus gestos más sombríos o aterrados por los eventos. Los efectos especiales son increíbles, y componen secuencias de acción entre kaijus incomparables.

Entretenida y lista para el siguiente gran enfrentamiento, Godzilla: King of Monsters deja pasar una oportunidad de oro para volverse una metáfora occidental sobre nuestra relación con el cambio climático para ser una película de monstruos más.

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Acerca del autor

Oraleia    

Snob pretenciosa en recuperación, punk de gustos refinados y valemadrista con corazón. Crítica de cine.


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