Guerra Fría – With or Without You en la posguerra

No hay nada más cursi que el 14 de febrero. Carros llenos de post-its, osos gigantes en el metro, globos llenos de confetti y con un peluche adentro (¿cómo hacen esa brujería?) y, obviamente, parejas acarameladas abarrotando los cines para ver la comedia romántica sosa que esté en cartelera ese día. Hoy vengo a romperles su burbuja y decirles que no todo el amor es bonito. No vamos a ahondar en esta entrada en alguna historia de ruptura o de infidelidad, lugares muy comunes narrativamente hablando y que han sido exprimidos por el cine desde siempre. Hoy hablo de aquellos amores que son genuinos, en los que cualquiera de los dos daría la vida por el otro, pero en los que los caracteres de cada uno chocan entre si de una manera tan intensa que, cuando se enfrentan, son capaces de desatar más fuerza que una bomba atómica. Estas parejas simplemente no pueden vivir con ni sin el otro, justo como reza aquel eterno himno de U2. La tortuosidad de estos romances es el tema principal de Cold War (Zimna wojna), la última película del director polaco Pawe? Pawlikowski (ganador del Oscar en 2015 por “Ida”). Tomando inspiración en la compleja dinámica amorosa de sus propios padres, Pawlikowski rescata los elementos más jugosos de ese chisme para contar la historia ficticia de dos amantes, a lo largo de un período de 15 años, y su difícil amor en una Europa fracturada por la guerra.

Recorriendo la rural y devastada Polonia de 1949, Wiktor (Tomasz Kot), Irena y Kaczmarek (apuesto a que no leyeron ese nombre) están buscando músicos, cantantes y bailarines folklóricos con el fin de rescatar las tradiciones de su país y no dejarlas morir, como otra víctima más de la guerra. En una de las audiciones, Wiktor queda impactado por la joven y enigmática Zula (Joanna Kulig) que, en vez de cantar algo polaco, entona una melodía rusa. Esto no le cuadra a Irena, pero Wiktor ya ha sido flechado y decide integrarla al ensamble que él dirige. El casi instantáneo romance entre Zula y Wiktor se ve interrumpido cuando Kaczmarek decide mandar a la chingada la integridad artística de la agrupación y ceder ante las presiones de las autoridades de incluir números de propaganda comunista, así como himnos al dictador Stalin. Viendo en Berlin una oportunidad, Wiktor convence a Zula de escapar juntos del régimen, pero algo en ella no está convencida del todo de dejar la fama que el grupo le ha dado. Es entonces cuando su relación se embarca a un exilio con tormentosas reuniones, seguidas de dolorosos y largos períodos de separación. Siendo su peor enemigo no sólo las fronteras ni las ideologías, sino ellos mismos.

¿Cómo va su relación tóxica? ¿Ya los cambió por el estrellato en un régimen dictatorial y los dejó exiliados en un país que no es el suyo? Y eso no es lo peor que sucede en la corrosiva relación entre Wiktor y Zula. Ambos dicen ansiar escapar y ser libres, pero sus actos dicen completamente lo contrario. No importa el nuevo rumbo que lleven sus vidas, sólo basta la aparición del otro para destruir todo lo que han formado individualmente y consumirse en el amor que los llena. Son esclavos uno del otro y el contexto histórico viene más bien a ser una metáfora de esto. Atados al mismo inexorable destino, incluso volverán a una patria cuyo régimen sólo los oprime. Cuando logran estar juntos, terminan asfixiados y luego la distancia los sofoca en aquellos agónicos períodos de separación. El formato 4:3, casi cuadrado, en que está filmada la película hace sentir más el eterno estado de cautividad que define la naturaleza de los personajes y Pawlikowski logra encerrarnos en esa triste realidad.

Los súbitos saltos en el tiempo en los que se aventura el guión son magistralmente hilados mediante la música. El filme inicia con canciones típicas y rurales polacas que, como Wiktor y Zula, evolucionarán con el paso de los años. De repente se convertirán en un alegre jazz, en un rebelde rock’n’roll y en un extraño pero alegre híbrido mariachi-polaco. La cautivadora voz de Joanna Kulig junto con los excepcionales arreglos musicales, crean un soundtrack que hay que escuchar más de una vez.

Tal vez el mayor mérito que tiene Cold War sea su fotografía. Cada toma se ve minuciosamente cuidada para ser lo mejor que pueda ser. La lente de Lukasz Zal tiene la capacidad de transmitir todo aquello que el guión no dice. Retrata de manera realista el dolor y destrucción emocional que trajo la guerra, así como la nueva esperanza de los países de Occidente al empezar a sanar. Aunado a esto, el tratamiento de niveles y contrastes al blanco y negro del film es simplemente hermoso y termina por crear la fría atmósfera necesaria para esta cruda historia. La secuencia del paseo en barco es probablemente la mejor. El único comentario que tendría, es relacionado a ciertos aspectos del guión hacia el final del relato. Algunas situaciones parecen poco plausibles, pero de una manera sutil que puede pasar desapercibida, como si los personajes secundarios supieran que están dentro de la historia de Zula y Wiktor y ellos sólo son meros autómatas o testigos que deben propiciar su caótica unión.

Después de haber arrasado en los Premios del Cine Europeo, incluyendo mejor director en Cannes, Cold War va por varios Oscares (que conservan un poco de credibilidad con esta nominación) y su gran rival es la mexicana Roma. Vale mucho la pena pasar un realista y anti-cursi San Valentín, viendo esta pequeña joya que dejó el 2018. No es una película fácil, pero ya casi no hacen cine como este.

No puedo terminar este análisis sin volver a traer a U2 a colación. La dinámica de pareja que vi, me llevaba irremediablemente a la desconsoladora “With or Without You”. En una gira a finales de los 80’s, Bono agregó unos esperanzadores versos finales a la canción: “Brillaremos como estrellas en la noche de verano, brillaremos como estrellas en la noche de invierno”. Probablemente, el amor de Zula y Wiktor no era de este mundo y sólo podría florecer realmente al trascender las barreras físicas y de pensamiento que les tocó vivir. Quizá, más allá puedan ser realmente libres juntos.

Etiquetas:  

Acerca del autor

El Markovich   @ChocolateBono  

Observador de la escena humana dentro y fuera de la pantalla. El cine y el chisme son de mis cosas favoritas, así que heme aquí. Yo sólo doy mi opinión, al final tú decides.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

*

*