Hellboy: ¿Y luego qué?

Justo antes de ingresar a la sala del cine para ver la nueva adaptación de Hellboy, dirigida por Neil Marshall, nos pidieron firmar un acuerdo de confidencialidad que vetaba a la audiencia a comentar o publicar CUALQUIER COSA sobre la película. Esta práctica es bastante común para la crítica fílmica en Estados Unidos, pero no lo es en México. Cuando me pidieron que no dijera ABSOLUTAMENTE nada sobre la película hasta el miércoles 10 a las 3 pm, sabía que iba a ver algo de verdad fuera de lo común que me haría desear correr a Twitter para exclamar mis primeras impresiones. Mis expectativas sobre la película eran bajas -después de todo, era adolescente cuando vi las versiones fílmicas del personaje en manos de Guillermo Del Toro, que por supuesto fueron mi hit y siguen teniendo un lugar especial en mi cora-, pero después de firmarlo, pensé “ok, ¿qué sorpresas traerá esta versión para que pidan mi silencio en redes sociales?”. Y, pues, Vaya Que Es Mucho Qué Procesar.

Basada en las novelas gráficas de Mike Mignola, el guion de Andrew Cosby nos presenta a la criatura infernal Hellboy (David Harbour), quien trabaja como agente de la Agencia de Investigación y Defensa Paranormal. Tras enfrentarse a alguien que creía era su amigo, Hellboy se embarca en una misión para detener a una antigua bruja (Milla Jovovich) con una implacable sed de venganza junto a una joven vidente (Sasha Lane), un desconfiado militar (Daniel Dae Kim), y el apoyo de su padre, el profesor Bloom (Ian McShane). La historia tarda en despegar: al tiempo que presenta la historia de origen de Hellboy nos presenta las mecánicas y mitologías existentes en ese universo, incluyendo a personajes de historias míticas de la literatura inglesa y escandinava; por otro lado, presenta el debate interno del protagonista entre el Destino y la libre elección (la clásica griega ¿debo cumplir con el Destino predeterminado o puedo tomar una decisión respecto a lo que quiero ser?). Todo bien, todo acorde a las fuentes, pero hay poco desarrollo del personaje central, mientras que el resto tienen una caracterización mínima. El protagonista pareciera ser un adulto joven sumido en una adolescencia continua, de tal forma que su arco narrativo se acerca más a una coming of age que a una historia sobre crisis de identidad o crisis de mediana edad. Por otro lado, ni Marshall ni Cosby deciden qué clase de película quieren tener: si una cool y divertida, al estilo de Deadpool Guardians of the Galaxy, o una de acción y horror, más cercana a Van Helsing Resident Evil. En lo que sí destaca esta película de acción es en su diseño de producción único y detallado, con un diseño terrorífico de monstruos y criaturas nocturnas que ayudan a crear las secuencias más escalofriantes posibles.

En cuanto a las interpretaciones, Harbour hace un papel adecuado y a duras penas sostiene el filme: pareciera que está enfocado en demostrar constantemente que no es Ron Perlman y que tiene mucho más rango que el que presentó en la serie Stranger Things, sin hallar el momento -hasta, quizás, una de las escenas post-créditos- de disfrutar al personaje que interpreta. Jovovich es espectacular como Nimue, la Reina de Sangre: aún si su personaje es plano, aprovecha el poco tiempo que tiene en pantalla para robar toda la atención posible, mientras propone una visión alternativa del mundo donde monstruos, criaturas infernales y humanos convivan. Sin embargo, es otra villana (¿rival?) quien se roba toda nuestra atención y que promete dar más de un dolor de cabeza en las inevitables secuelas: Baba Yaga, criatura digital interpretada magistralmente por Emma Tate y Troy James.

A ratos divertida, sumamente entretenida y con un soundtrack cool que incluye canciones de rock alternativo y éxitos contemporáneos (sabrán a lo que me refiero cuando la escuchen), Hellboy se enfrenta a la titánica tarea de adaptarse a las nuevas corrientes del subgénero de superhéroes, más enfocado en cumplir con tareas y retos espectaculares que produzcan un sinfín de secuelas y crossovers para mantener a la maquinaria hollywoodense circulando que en desarrollar una idea central, explorar a los personajes y darles un alma o una vida más allá de salvar a la humanidad. Su gran tragedia (o quizás no) es que lo logra: es una película perfectamente acorde a los tiempos presentes de superhéroes -clásicos y atípicos- que inundan nuestras pantallas y a la cultura pop, con las dos escenas post-créditos reglamentarias.

Etiquetas:  

Acerca del autor

Oraleia    

Snob pretenciosa en recuperación, punk de gustos refinados y valemadrista con corazón. Crítica de cine.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

*

*