Hermanos: El barrio también merece algo más que ser un cliché.
Carol Rodríguez Colás triunfó con su ópera prima ‘Chavalas’ allá por el 2021, y lo hizo porque su obra se alejaba de maniqueísmos baratos y tocaba con simplicidad y naturalidad temas tan espinosos como ‘el barrio’ (a la española, claro) y la barrera de clases. Colás vuelve de la mano de su hermana Marina (que escribió ‘Chavalas’) para dirigir ‘Hermanos’ (‘Bros’ para LatAm), un coming of age con un corazón enorme.

Con ‘Chavalas’ las catalanas diseccionaban la amistad femenina en la periferia, y ahí establecieron un estilo propio, uno femenino y ‘de barrio’, pero luminoso, por eso no se esperaba que su siguiente trabajo (el primero en co dirección como hermanas) fuera una historia masculina centrada en la fraternidad. Y no sólo lo hacen de forma notable, sino que también le sumaron capas de muchísima actualidad social.
‘Hermanos’ (‘Bros’ para México) nos cuenta la historia de 3 amigos adolescentes que viven en la periferia de Barcelona, perdidos en todo lo que eso representa para 3 chicos fuera del cliché ‘europeo’, uno español ‘de barrio’ y dos de ellos descendientes de inmigrantes (uno latino, el otro africano). La madre de uno de ellos trabaja limpiando la casa de una familia de clase media alta, y un día la hija adolescente de esa casa lo invita a su fiesta de cumpleaños. A partir de ahí veremos no sólo la ilusión de 3 chicos ‘marginados’ por ‘pertenecer’ e impactar a un estrato distinto al suyo, sino todo lo que tienen que pasar para lograrlo.

El primer gran acierto de ‘Hermanos / Bros’ es su escritura, que con diálogos orgánicos y naturales nos hacen empatizar con la clase trabajadora, sin romantizarla, sin satanizarla ni caer en ese misery porn que tan socorrido es en el cine más social. Es verdad que al ser un coming of age, poco hay que hacer para salirse del manual, pero ‘Hermanos’ es consciente de eso, y aunque sabemos cómo terminará, la narrativa nos envuelve lo suficiente para vivir la aventura junto a sus protagonistas como si fuéramos uno más de la pandilla. Siguiente acierto (que repiten al igual que ‘Chavalas’): las Rodríguez Colás tienen un espíritu de denuncia social, pero uno que no es a priori revolucionario ni contestatario de panfleto. Es uno que no necesita estar enfadado para mostrar, sin juzgar, todo aquello que está mal en la sociedad. Es un discurso político sin la carga negativa de serlo
Las hermanas siempre han estado muy involucradas en proyectos comunitarios, tanto artísticos como sociales, eso explica por qué sus películas parecen construidas desde la observación cotidiana y no desde el conflicto amarillista de manual.

Conforme va avanzando la odisea, nos damos cuenta también que ‘Hermanos’ no habla de regresar al barrio (como lo hacía ‘Chavalas’), sino de salir de él pero no como una forma de renegar de él ni de ‘superarlo’, sino del viaje físico de salir del barrio para redignificarlo en otros ambientes. Vemos que este viaje físico es en realidad un viaje de ‘clase’. Y la verdad es que las directoras logran con creces reflejar en pantalla ese choque de clases dentro de su tono de comedia soft.
‘Hermanos’ también tiene a bien tocar los temas punzantes no como eje rector de los personajes, no vemos adolescentes con personalidades que giren alrededor de ser hijos de inmigrantes (aunque sí señale las vicisitudes de serlo en una sociedad como la española), vemos adolescentes simplemente siendo adolescentes.

Y ahí es donde surge tal vez la mayor magia de la película: sus actuaciones y la espectacular química entre los protagonistas. Es incluso difícil ver ‘actuaciones’, todo parece tan natural y tan fehaciente, que es por eso que la película tiene un gran corazón, porque tiene un casting ‘de calle’ con chicos sin experiencia previa en el cine.
En tiempos donde el cine social parece convencido de que denunciar implica deprimir al espectador, ‘Hermanos’ logra algo mucho más difícil: también se puede hacer política desde la ternura y el buenrrollismo. Porque pocas cosas chocan más a un sistema desigual que tres adolescentes convencidos de que todavía tienen derecho a soñar.

‘Hermanos’ nos habla de identidad de clase, de orgullo de barrio, de inmigración y amistad, pero nunca convierte esos temas en discursos panfletarios, sólo los deja vivir. Y nos enseña también que crecer no siempre significa escapar o avergonzarte del lugar donde naciste, sino reconciliarte con él y redignificarlo desde ahí.