Jackie, un telefilm para el History Channel

El sábado pasado vi Jackie, le traía ganas. Quería saber por dónde les había dado para hurgar en el tormentoso pasado de una de las primeras damas más famosas de la historia de los Estados Unidos. Vaya usted a saber si en estos tiempos del #FreeMelania, el hecho de presentar una cinta para enaltecer (más) la figura de los Kennedy, a través de la fascinante figura de Jackie, sea una casualidad o un claro mensaje de lo que se espera siempre de esta pieza clave dentro de la política norteamericana.

Bajo la dirección del niño latino de oro, Pablo Larraín y la brillante Natalie Portman, uno esperaría que la hora y cuarenta de esta cinta, se fundieran para lograr una pieza de gran peso, y sin embargo, nos quedan a deber.

Jackeline Kennedy ya había tenido sus coqueteos con la pantalla grande y chica. La fantástica The Kennedys (2011) fue una miniserie hecha para History Canadá y mostró a una brillante Katie Holmes interpretando a la primera dama en cuestión. Ahí, pudimos descubrir un poco más sobre esta encantadora, culta y brillante mujer. Se mostró más sobre su vida antes de conocer a John, sus aspiraciones, su carácter y la gran sensibilidad con la que manejó asuntos tan delicados como los engaños del presidente, la muerte de sus hijos y finalmente, el asesinato de Kennedy.

En 2013, Kat Steffens apenas y se percibe como Jackie en la desafortunada Parkland bajo la dirección de Peter Landesman. El resultado fue bastante malito y digno del olvido.

Y entonces, llegó Jackie (2016) y no pasó absolutamente nada.

¿Recuerda usted mi crítica sobre la película de Cantinflas? Interpretada excelsamente por Oscar Jaenada, la cinta no pudo sostenerse sólo por esa tremenda actuación. Pues lo mismo pasó con Jackie. Y es que salvo tres momentos muy específicos de la cinta (cuando intenta mantener los sesos dentro de la cabeza de su marido y llora desconsolada mientras el coche vuela a toda velocidad para llegar al hospital más cercano, cuando da la noticia de la muerte de su padre a sus dos pequeños hijos y cuando tiene que abandonar la casa blanca), ésta transcurre con lentitud, plana y sin ningún tipo de resquicio por el cual se pueda asomar algo más allá de lo que todos hemos pensado o intuido sobre la figura de Jackeline.

Entrevistada por un periodista (Billy Crudup) que la visita tras la muerte del presidente Kennedy, la historia se mueve en un constante flashback, pero todo con mucha pausa y bostezo.

Y digo yo. Más allá del rápido vistazo en donde se muestra a la primera dama ensayando su discurso en español (antes de su llegada a Texas) ¿No se pudo mostrar más de ella? ¿Era necesaria esa tonta aparición para la televisión enseñando las redecoraciones que había hecho para la casa blanca? ¿No pudieron mostrar algo que verdaderamente no hayamos visto hasta el cansancio? No sé usted, pero yo quería conocer más de la mujer culta, fashionista, visionaria, esposa también de Onazis… ¿y esto fue todo lo que nos pudieron ofrecer?

No me malinterprete, el trabajo de Portman es brutal, esa forma de impostar la voz para alcanzar ese particular tono de Jackie, es tremenda, porque ponerse el mítico traje Chanel y peinar su melenita, eso muchas lo podían hacer, pero ese desgarro para llorar con la cara manchada de sangre y esa forma de reclamar a dios por su cruz, son dignas de Oscar.

Increíble el parecido de Caspar Phillipson con JFK y mediana actuación de Peter Sarsgaard como Boby Kennedy.

¿Qué si vale la pena irla a ver al cine? ¡No! Además, Netflix ya anunció que muy pronto la tendría dentro de su menú, así que mejor espérese. Jackie queda perfecta para convertirse en uno más de esos aburridísimos telefilmes de canales de historia o para un domingo en la tarde a punto de quedarnos dormidos. Sí, a pesar de la actuación de la Portman.

 

 

 

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Cat Movie Lee    


2 comentarios

  • De telefilm nada. La película es, como dijo el propio Larraín, una ficción intimista, por lo que no le interesa revelar la verdad absoluta sobre Jackie, sino tratar la dicotomía mujer/mito. La Jackie que sufre la pérdida y la Jackie que busca un desfile fúnebre espectacular a la altura del de Lincoln, la Jackie que vieron los americanos en tv mostrando la Casa Blanca y la Jackie que deambula errante en esa Casa que ya no le pertenece. Una Jackie conciente de su caracter de mito, que conoce bien la máxima que se enuncia en la gran “The Man Who Shot Liberty Valance” del maestro Ford: Cuando la leyenda supera la realidad, se imprime la leyenda, por lo que se preocupa dejar una imagen que le asegure un lugar en la historia y el imaginario colectivo, lo cual es mucho más interesante que el típico biopic hagiográfico.

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