Jardines del Bosque: La empatía puede ser una forma de denuncia

Dentro de las proyecciones especiales del Festival Internacional de Cine de Morelia nos encontramos con una gratísima sorpresa con Jardines del Bosque, de Alex Barragán y Diego Barragán, con una propuesta fresca e intensa, que nos hace recordar clásicos como “Stand by Me” pero sobre todo, que logra algo muy importante en el cine: generar conversación y dejar al espectador pensando por mucho tiempo sobre su mensaje.

Alex y Diego Barragán construyen en Jardines del Bosque una propuesta fresca e imaginativa que encuentra en el coming of age la vía para abordar uno de los temas más sórdidos de nuestra realidad: la violencia y las desapariciones en México.

Ambientada en Guadalajara durante el verano de 2014, la historia sigue a Santos, Lechuga y Daniel(a), tres amigos preadolescentes que, tras la desaparición de Arlette, una joven vecina que despierta su curiosidad y fascinación, emprenden una investigación que comienza como un juego de detectives y termina enfrentándolos con una realidad para la que todavía no están preparados.

Uno de sus mayores aciertos es la manera en que los directores construyen el relato desde el humor, la amistad y la nostalgia, sin renunciar a la crudeza de aquello que se esconde detrás. La dirección es precisa y fresca, con encuadres y recursos visuales cercanos al lenguaje de las series contemporáneas, pero integrados en una propuesta cinematográfica sólida. Las secuencias están bien construidas, los momentos de tensión funcionan y las actuaciones aportan naturalidad a unos personajes con los que resulta fácil encariñarse.

Y es precisamente ahí donde la película encuentra su mayor fuerza: primero nos hace querer a sus personajes y después nos golpea con la realidad. Su discurso no es obvio ni necesita subrayados constantes; se vale de distintos recursos narrativos para conducirnos hacia una verdad dolorosa. Cuando la violencia irrumpe en ese universo juvenil, el efecto resulta mucho más contundente porque no sentimos que estemos asistiendo a una lección, sino presenciando la destrucción de una inocencia que ya nos importaba.

En tiempos en que ciertas películas temáticas parecen empeñadas en explicar sus intenciones antes de permitirnos experimentarlas, Jardines del Bosque demuestra que la empatía también puede ser una forma de denuncia. Su aproximación a las desapariciones y a la violencia cotidiana no necesita convertir a sus personajes en portavoces de un discurso: basta con acompañarlos mientras descubren que el mundo adulto es mucho más oscuro de lo que imaginaban.

Y el guion es lo que más brilla, porque se permite deslumbrarnos y dar golpes de timón de manera orgánica, llevándonos a acompañar una investigación inocente y dándonos los puntos clave para interesarno. La dirección resulta ágil y logra construir momentos de extrema tensión de manera que parecería incluso sencilla-, recurriendo y utilizando bien el recurso de a una narración en retrospectiva a tres voces. Porque, detrás de su frescura y sus momentos de humor, queda una certeza devastadora: el mundo puede ser una mierda, y crecer también significa descubrirlo.

De igual forma, las actuaciones se sienten adecuadas, sobresaliendo la de Daphne Méndez, que debuta para dejar una huella interesante y se convierte en una estrella a seguir. Lo mismo pasa con una ya consolidada Fiona Palomo, que da a su personaje la dulzura y emotividad necesaria en una aparición realmente corta.

Jardines del Bosque es una película que conmueve, incomoda y abre conversaciones necesarias. Justamente lo que el buen cine debería hacer.

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Acerca del autor

Jose Roberto Ortega    

El cine es mi adicción y las películas clásicas mi droga dura. Firme creyente de que (citando a Nadine Labaki) el cine no sólo debe hacer a la gente soñar, sino cambiar las cosas y hacer a la gente pensar mientras sueña.


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