Klara and the Sun: El sol ya no brilla para Waititi
Taika Waititi se ha convertido en un sol que mengua, que parece consumirse en sus propias llamas. Ese humor que alguna vez resultaba cálido y reconfortante hoy apenas conserva una ínfima parte de su antigua luminosidad. Quizá por intentar tomarse demasiado en serio o, sencillamente, por el desgaste de una fórmula que comienza a mostrar sus limitaciones. Klara and the Sun, su noveno largometraje, cuenta con algunas presencias actorales luminosas, pero su brillo resulta insuficiente para proporcionar al espectador los nutrientes y la vitamina E que la película promete.

Basada en la novela homónima de Kazuo Ishiguro, nos presenta a Klara (Jenna Ortega), una Amiga Artificial diseñada para combatir la soledad humana. Cuando es elegida por Josie (Mia Tharia), una adolescente que padece una misteriosa enfermedad, Klara llega a un hogar marcado por las pérdidas, las tensiones familiares y la incertidumbre. Convencida de que el Sol posee la capacidad de conceder milagros, la androide emprenderá una misión para salvar a la joven, mientras descubre las contradicciones y fragilidades de quienes la rodean.
Estamos ante un depurado trabajo de dirección de arte y una partitura musical disfrutable; sin embargo, el guion, la edición y la dirección terminan por entorpecer lo que bien podría haber sido una fábula encantadora. El principal problema es que la película nunca parece decidir a quién quiere dirigirse: resulta demasiado oscura y filosófica para el público infantil, pero demasiado sosa y cursi para el adulto. En ese terreno intermedio, sus intenciones se diluyen y la emoción nunca termina de hacer combustión.

Waititi tampoco consigue transmitir un cariño genuino por sus personajes ni construir entre ellos vínculos con la intensidad necesaria, siquiera artificial. A pesar de un primer acto promisorio, la trama avanza de manera plástica y apresurada, dejando situaciones y personajes sin una resolución satisfactoria. Un ejemplo es la sirvienta de la casa, cuya naturaleza y posible relación con la inteligencia artificial quedan difusas. Su presencia parece anunciar un conflicto adicional, pero desaparece a mitad del relato sin haber sido aliada ni amenaza; sus intervenciones se reducen a chistes poco afortunados y el interrogatorio que plantea sobre las visitas al Dr. Capaldi termina sin conducir a ninguna parte al menos para ella (que es quien plantea la interrogante).
Lo mismo sucede con los temas que la película pone sobre la mesa. La obsolescencia tecnológica apenas se desarrolla más allá de su potencial impacto sentimental; el bullying y la prepotencia de los llamados “evolucionados” se reducen a la evidencia de que son abusivos, sin una reflexión más profunda sobre las desigualdades que los sostienen. El romance entre Josie y Rick queda suspendido, mientras que el destino de Klara desemboca en una ambigüedad insulsa. Incluso el conflicto de Klara contra las máquinas Cootings queda lleno de humo y difuso. Hay muchas ideas, pero pocas llegan a convertirse en algo significativo.

En el apartado actoral destaca Jenna Ortega, quien demuestra una mayor variedad de recursos físicos y expresivos, alejándose de cierta bitonalidad que había caracterizado algunos de sus trabajos anteriores. En contraparte, Amy Adams queda profundamente desaprovechada. Su personaje es quizá el más interesante desde el punto de vista emocional, pero el relato nunca le permite explotar sus contradicciones ni llevarlas a una conclusión. No parece un problema de capacidad histriónica: Adams ha demostrado sobradamente su talento en decenas de proyectos. La limitación está en una dirección actoral que no sabe qué hacer con ella.
Quizá Waititi ha perdido el oriente. Tal vez su inclinación por lo excéntrico y extravagante comienza a pasarle factura: prefiere la forma a la complejidad, la respuesta fácil a la reflexión y la cursilería a la emoción genuina. Klara and the Sun tiene los elementos para construir una fábula sobre la humanidad, el sacrificio, la tecnología y nuestra necesidad de afecto, pero se conforma con señalar esos temas sin profundizar en ellos.

Al final, el problema no es que su Sol no consiga conceder milagros, sino que la película tampoco logra provocarlos. Y ni siquiera la luz artificial consigue que el sol salga para todos.