Momentos Favoritos del Cine: La respuesta que cambió la vida de Billy Elliot

Ahí tienen que estaba yo en la comodidad que a veces el caprichoso domingo da, con la suficiente energía para subir y bajar el volumen del control y lo medianamente alerta para no caer en los brazos de Morfeo. Así y luego de una vuelta por esa noria llamada Netflix, me fui a encontrar con las ganas de repasar un clásico que siempre me ha parecido maravilloso y entrañable, Billy Elliot (Stephen Daldry, 2000).

Serían las ganas de ver bailar a ese chiquillo encantador que me recuerda que soy un tronco (aunque disfruto del ritmo) o simplemente, que tenía ganas de escuchar ese delicioso acento inglés que a tantos exaspera. El caso es que me puse a verla y sentí esa paz que regala volver a las cosas simples que nos hacen felices.

Billy Elliot es más que una historia de éxito y dedicación o el cumplimiento de aquello que dice que el que persevera, alcanza. Su contexto resulta tan encantador que por momentos, el drama vivido por los mineros, la pobreza (que también existe en las grandes potencias), la estructura sociocultural, sus prejuicios y todos los palos duros, nos parecen menores cuando nos enfocamos en la energía, el carisma y las ganas de pasarla bien que Billy (Jamie Bell) tiene.

Elegir un momento favorito de esta historia que está repleta de ellos, no es fácil… las narraciones fantásticas del corte Cenicienta nos encantan por naturaleza; la pobre que dejó de serlo para transformarse en lo que siempre soñó es parte de algo que tenemos sumamente arraigado. Pero aquí se trata de un niño-adolescente cuyo sueño no es jugar con el Manchester, el Real Madrid o el Barcelona. Billy sólo quiere y necesita una cosa, bailar.

Así, el instante en que Billy se presenta ante el jurado de la Real Academia de Danza para determinar si lo suyo es verdaderamente un talento, es el momento que he elegido para el favorito de este martes.

La presentación no fue fácil, Billy se siente deslumbrado e incómodo; extraña el gimnasio impregnado por el tabaco de su profesora, la Serita. Wilkinson (Julie Walters) que en nada se parece a ese recinto exquisito. Ver a más niños ahí tampoco parece haberle parecido alentador… ¿y si aquello no es lo suyo?

Tras la presentación ante los expertos y bailar con ese particular estilo que él mismo se montó y luego de haber sacado un último golpe a uno de sus compañeros (que representa en cierta forma una renuncia a los Elliot). Billy se enfrenta ante una pregunta en cuya respuesta se encontrará su estancia en la Academia y su futuro como bailarín.

¿Qué sientes cuándo bailas?

Luego de un titubeante, no lo sé, Billy habla con tal transparencia, pasión y ternura que logra emocionar hasta al corazón de Donald Trump.

Sin lugar a dudas, uno de los diálogos más memorables que al paso de los años, continúa siendo una de las mejores respuestas a una pregunta en cuya respuesta, va de por medio la felicidad de un niño.

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