La Venus Eléctrica: I’m your Venus, I’m your fire, at your desire

Estamos tan acostumbrados al modelo del blockbuster estadounidense que a menudo olvidamos que los demás países también producen sus propias películas comerciales, y si bien de vez en cuando salen de su territorio de origen y llegan a cartelera, su distribución es limitada y la difusión no es la misma que la que tendrían las ganadoras y nominadas venidas de festivales internacionales. Con esto en mente, llega “La Venus Eléctrica” cumpliendo ambos perfiles, siendo una obra de bajo perfil, pero bastante divertida que hasta plantea algunas cuestiones de sus temáticas principales.

Ambientada en el París de los años 20, la historia trata sobre Suzanne, una chica que trabaja en la exposición de La Venus Eléctrica de una feria, que consiste en ser besada por hombres mientras es electrocutada. Durante uno de sus descansos se topa con Antoine, un pintor que está pasando por una depresión y el alcoholismo tras la muerte de su esposa, y que la confunde con la adivina para intentar contactarla. A raíz de este encuentro lo motiva a volver a pintar, algo con lo que su amigo y representante Armand pide que Suzanne lo vuelva a ver para animarlo a continuar. Y a partir de aquí se desarrolla una comedia romántica con varios secretos por revelar.

Desde el inicio Pierre Salvadori sabe que esta historia no tiene otra pretensión más que divertirse con las cuestiones alrededor del amor. La sencillez de la narrativa viene acompañada de un ritmo frenético que hace que 2 horas se vayan volando, consiguiendo una exploración de las facetas del romance, su construcción y sus consecuencias. Aunado a un giro revelado justo al final del primer acto, pronto se despliega un misterio que conforma una exploración afectiva a través de los recuerdos para entender el presente. En cierta manera este giro recuerda a “Letters to Juliet”, con la diferencia de que aquí no hay tanto melodrama y los chistes están mejor implementados, siendo más similar al trabajo de Billy Wilder.

El entrelazo entre ambas tangentes otorga una comparación entre el pasado y el presente, de modo que Irène (la esposa fallecida de Antoine) regresa a la vida y compara a ambas mujeres en un punto común: la búsqueda de la felicidad. Muchas veces ese sentimiento viene con mentiras piadosas que mantienen la ilusión viva para evadir el dolor, donde nadie es realmente malo, sino que cada uno en su ambición por conseguir sus objetivos, también acaban siendo bondadosos con los demás. También hay un comentario sobre cómo toda clase de arte de una u otra manera va relacionada al dinero, porque después de todo, el arte sirve para contrarrestar la infelicidad que representa la realidad. Aunque la obra es predecible de inicio a fin, nunca baja la intensidad ni la intriga por saber cómo van a suceder los hechos.

El trío de Anaïs Demoustier (“El Conde de Montecristo”), Pio Marmai (“Los Tres Mosqueteros”) y Gilles Lelouche (“Corazones Rotos”) hacen de unos personajes que en sí conforman el deseo por ser amado y tener una razón para seguir vivo, cada uno con una personalidad definida, lidiando con las dificultades de la existencia y con un encanto que hace más entendibles la manipulación, el duelo, la amistad y la lealtad a los amigos y a la pareja. A ellos se agrega Vimala Pons, cuyas apariciones en los flashbacks no sólo genera intriga sin dejar de hacernos sonreír, sino que refuerza uno de los diálogos principales: “Un nuevo amor no borra el anterior”.

“La Venus Eléctrica” no es material para abrir un festival de cine, pero resulta ser una comedia de enredos carismática que se sostiene por la honestidad de una propuesta que no se complica con rodeos. Una grata y disfrutable sorpresa que plantea cómo la mentira, a veces, es el camino más corto para no ser infeliz en la realidad, aún para el más cínico que requiera terapias de electroshock para despertar de su estado de suspensión.

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Acerca del autor

Uriel Salvador     twitter.com/UrielSalvadorGS

Escritor, analista, crítico, gamer, investigador, actor (especializado en doblaje), fotógrafo. Pero ante todo, soy un amante del cine.


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