Las 10 Mejores Películas de Mikio Naruse

“Debes apegarte a tus propias ideas. Si vas de un lado a otro para adaptarte a los tiempos cambiantes, el resultado será vacío”.

Nacido el 20 de agosto de 1905 en Tokio, Mikio Naruse fue criado por su hermano y hermana tras la muerte prematura de sus padres. Ese trauma tan temprano lo convertiría en alguien tímido, reservado y serio, razón por la que se decantaría por el drama urbano para iniciar su carrera como director luego de fungir como asistente de iluminación en el estudio Shochiku. Desgraciadamente muchas de sus primeras obras se consideran perdidas, pero su perseverancia lo haría un trabajador incansable (podía estrenar entre 3-5 películas en un año). Aunque tendría altibajos durante sus primeros años, sería el período de la postguerra lo que marcaría su consolidación a nivel nacional, junto a su asociación con la actriz Hideko Takamine.

Su estilo es muy similar al de su contemporáneo Yasujiro Ozu, muy enfocado a las relaciones familiares, la modernización de la sociedad, el choque generacional, los problemas matrimoniales y la intersección de la cultura japonesa tradicional y moderna. ¿Entonces cuál es la diferencia? Primero, sus historias son protagonizadas por mujeres, explorando su mentalidad, forma de pensar y problemas en su complejidad y diversidad. Este estudio sobre la experiencia femenina abarca una amplia variedad de entornos sociales, profesiones y situaciones, entendiendo cómo se volvían unas marginadas por no encajar en la sociedad. Segundo, su estilo se acerca más al melodrama, teniendo guiones sencillos, pocos diálogos, un movimiento de cámara más discreto que balanceaba el dinamismo de Kurosawa y el estatismo de Ozu. Tercero, el tono es más pesimista, lo que da un acercamiento más próximo a la realidad y deja a sus personajes con pasiones no correspondidas, familias infelices y matrimonios estancados. Cuarto, su afición a la lectura, siendo su obra en general adaptaciones de las novelas de la escritora Fumiko Hayashi.

Ganador de 11 premios locales, es considerado el gran director japonés olvidado por el tiempo, estando a la sombra de Kurosawa (con quién llegó a trabajar como asistente de dirección), Ozu y Mizoguchi. Fallecería el 2 de julio de 1969 de cáncer de colon, dejando una filmografía de 89 títulos. Pese a todo esto, su nombre permanece desconocido para el público general, por esa razón le rendimos homenaje con sus mejores películas.

 

Bonus – Chaparrón (Mikio Naruse, 1956)

POR URIEL SALVADOR

Dividida en 2 partes, Mikio Naruse retrata la descomposición matrimonial con un pesimismo más marcado, donde se evidencian los problemas de trabajo típicos de una pareja tradicional en el Japón de la posguerra, causados por el constante chismorreo de sus vecinos en su vida privada. Debido a las delicadas insinuaciones al divorcio, las actuaciones y acciones de Shuji Sano y Setsuko Hara se asfixian por la rutina y los comentarios peyorativos e hirientes de una tensa comunidad vecinal. Puede que la conclusión no acabe de convencer, pero afirma que ambos descubren que tienen que aprender a complementarse el uno al otro para que el matrimonio no se caiga.

 

Bonus – Hijas, Esposas y una Madre (Mikio Naruse, 1960)

POR URIEL SALVADOR

Siendo esta una de sus pocas películas a color, se nota mucho que Mikio Naruse experimenta con su uso para retratar las causas y motivos que llevan al matrimonio a presentarse más como un negocio que una relación amorosa. Las diferencias y tensiones se van acumulando por el egoísmo, el sacrificio, la vejez, el abandono, la tradición y el olvido de los valores familiares hasta exponerse en una tensa y humillante reunión que expone las pequeñas miserias y generosidades de 5 hermanos con su madre. Es lenta y tiene momentos ocasionales de reflexiones que están inconexas, pero se eleva por un reparto donde sobresalen Tatsuya Nakadai, Setsuko Hara y Hideko Takamine.

 

10 – El Almuerzo (Mikio Naruse, 1951)

POR URIEL SALVADOR

La historia de un conflicto marital con atisbos de un posible futuro divorcio pone a reflexionar acerca de las consecuencias de la desatención y el sentido de la felicidad por la sencillez con la que Mikio Naruse lo muestra. La historia se entrelaza con otras subtramas que comparan los diferentes tipos de vida de una mujer en aquella época, siendo un preámbulo a las circunstancias sociales que llevarían a su futura emancipación. Junto a la química entre Ken Uehara y Setsuko Hara (su actuación más acomedida), aclara que ser ama de casa las 24 horas del día te aleja de esa felicidad de amor matrimonial, pero huir de ese rol tal vez sea un error.

 

9 – ¡Esposa! ¡Sé cómo una rosa! (1935)

POR URIEL SALVADOR

Su primera película sonora es también una de las más antiguas que han sobrevivido al paso del tiempo. Este drama, aun cuando Mikio Naruse sigue las reglas más básicas, disecciona los problemas familiares de cada miembro de forma que los sentimientos están bien definidos: un padre que busca la felicidad fuera del hogar, una madre incapaz de cambiar su personalidad, una hija que antepone la felicidad de los demás a la suya, y un tío indignado porque su hermano no cumple con sus deberes como padre y esposo. Una historia simple, pero bien contada que tendría el honor de ser la primera película japonesa en ser estrenada en Occidente.

 

8 – A la Deriva (1956)

POR URIEL SALVADOR

Basada en la novela de Aya Koda según sus recuerdos como geisha, la introspección que hace Mikio Naruse sobre la vida femenina hace que la historia y su desarrollo sean tan precisos al momento de retratar las dificultades económicas, el relego masculino hacia la mujer y la idiosincrasia japonesa sugerido hacia su posición social. Cada una de las féminas tiene con sus problemas, anhelando una felicidad que quieren reencontrar y mostrando la importancia de ser una geisha: una mujer de compañía que se dedica a las actividades femeninas, una manera de ganarse la vida como otra cualquiera, resaltando la actuación de Hideko Takamine y su elección de un camino diferente.

 

7 – La Llegada del Otoño (1960)

POR URIEL SALVADOR

Mikio Naruse muestra la modernización de Japón vista desde la perspectiva de un niño, donde el choque entre la infancia añorada en la vida rural y la dura realidad de la ciudad lo hacen sentir fuera de lugar. La viveza e ilusión de los primeros años en un país en vías de reconstrucción forman un contraste del nacimiento de una amistad con un mundo adulto hostil, ocupado en el trabajo y ausente del afecto que necesitan (en especial la falta de amor materno en las vidas de sus niños protagonistas). Una guía turística de Tokio con escenas encantadoras que no ocultan el pesimismo del entorno, remarcado en una triste escena final que enseña la primera dura lección de la vida.

 

6 – Nubes Dispersas (1967)

POR URIEL SALVADOR

Hermosa y trágica historia de amor que significa la despedida de Mikio Naruse del plano terrenal, con una premisa sumamente original que plantea un argumento difícil: enamorarse de quién mató a tu pareja. El conflicto entre sentimientos y razón como obligación moral se complementa con una crítica dura a la sociedad japonesa sobre los problemas que tenía la mujer para subsistir enviudada, convirtiendo un potencial romance una pasión maldita por el debate interno entre ser y deber ser. Junto a la magistral química entre Yoko Tsukasa y Yuzo Kayama, la última escena engloba la imposibilidad de quedar juntos, siendo fiel a la idea principal que ha sido constante en su filmografía.

 

5 – El Relámpago (1952)

POR URIEL SALVADOR

Mikio Naruse traslada la crisis familiar al Japón de la posguerra, no sólo con edificios más modernos o autos en circulación, sino que una mayor organización en el interior de las casas. A la urgencia de las mujeres por casarse se agrega que ahora hay menos hombres, varios reforzando la vagancia, el alcoholismo y la infidelidad, pero siempre hay una esperanza para que ellos ofrezcan una nueva forma de vida y así tener la oportunidad de formar una familia. La convivencia de una serie de personajes relacionados por una situación en común nos hace entender mejor sus problemas, con Hideko Takamine como centro de todo ese conflicto personal. Deja muchos cabos sueltos, pero refleja muy bien la vida familiar

 

4 – La Voz de la Montaña (Mikio Naruse, 1955)

POR URIEL SALVADOR

Mikio Naruse le da gran énfasis al papel de la mujer dentro de la sociedad japonesa de la posguerra a base de escenas sencillas y fascinantes que esconden diálogos muy duros sobre la rigidez masculina y el fracaso matrimonial. A esto se añade que la forma en que los personajes se expresan es tan sutil apenas se insinúan en un gesto contenido, una mirada, en las palabras dichas y sobre todo en las no dichas. De ahí que Setsuko Hara sea un reflejo de todas las mujeres cuyas luchas y preocupaciones son ignoradas u olvidadas, y junto a su interacción con So Yamamura, se forma una pareja perfecta entre suegro y nuera basada en el respeto y la integridad.

 

3 – Nubes Flotantes (1955)

POR URIEL SALVADOR

Una historia dura y cruel de una relación imposible, de 2 personas condenadas a vivir juntas, pero no unidas, conformándose con las migajas para evitar perderse otra vez en la distancia. De ahí que origina una situación que desgasta a ambos amantes y compara su amor con una droga adictiva y estimulante, al que ellos se entregan con tal de olvidar sus vidas mediocres y una infelicidad cada vez mayor. Lo más sorprendente es que, luego de retratar la perspectiva femenina en toda su carrera (y aquí no es la excepción), Mikio Naruse entrega en las últimas escenas una mirada más masculina con ayuda de Masayuki Mori, muy al nivel de Hideko Takamine. Una deseada, pero peligrosa codependencia para darse un propósito de vida.

 

2 – Cuando una Mujer sube la Escalera (1960)

POR URIEL SALVADOR

Una de las obras más importantes de Mikio Naruse, que muestra cómo la sociedad japonesa de la postguerra ha incorporado la vestimenta y los modales de occidente. De ahí que la presencia de Hideko Takamine sea un perfecto contraste: ella pertenece a otra época, está incómoda con los cambios sociales, pero se mantiene firme a sus valores conservadores de casarse y tener una vida tranquila, lo que la hace más atractiva para los hombres. De ahí la magnífica metáfora de su título: la lucha por sobrevivir en un entorno que no tiene mucho que ofrecer a una mujer que va contra corriente. Una de las mejores obras sobre el mundo de las geishas que se han realizado.

 

1 – Tormento (1964)

POR URIEL SALVADOR

El paso del tiempo se convierte en el tema principal de esta joya, ya sea a nivel cultural o a nivel personal. La melancolía que exhibe Mikio Naruse se acrecienta poco a poco a medida que una sociedad todavía afectada por el fantasma de la guerra es obligada a adaptarse a los cambios o estancarse. Esto logra que resalte la actuación de Hideko Takamine y sentir las dudas del valor de su vida desde que quedó viuda. Por su parte, Yuzo Kayama entrega una actuación descarriada con la que también se puede identificar: la ausencia de responsabilidad hasta que su confesión de amor por alguien que siente afecto lo anima a madurar. Su duro final es la suma de las relaciones personales que construyen nuestra vida diaria.

Etiquetas:  

Acerca del autor

Uriel Salvador     twitter.com/UrielSalvadorGS

Escritor, analista, crítico, gamer, investigador, actor (especializado en doblaje), fotógrafo. Pero ante todo, soy un amante del cine.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

*

*