Las 5 Mejores Películas de Henry Gibson
Henry Gibson, actor y compositor que sobrevivió al peligroso paso de niño actor para convertirse en un referente de reparto importante durante al menos 3 décadas, siendo especialmente impulsado por el director Robert Altman. Su peculiar físico y presencia, así como su experiencia en variados shows televisivos durante su niñez y juventud lo llevaron a desarrollarse entre en el drama y la comedia con excelentes resultados, completando un currículo de más de 160 créditos entre cine y televisión, en esta última siendo tambipen reconocido al final de su carrera gracias a su participación en Boston Legal
Recordemos a Henry Gibson con sus mejores películas
5 – The Long Goodbye (Altman, 1973)
Por EDGAR DEL VALLE
Basada en la novela de Raymond Chandler, Elliott Gould personifica al icónico detective Philip Marlowe, quien después de un viaje a México, a su regreso es acusado del asesinato de una mujer, por lo que se dedica a investigar el caso, para probar su inocencia. Clásica película del cine negro, con un personaje que ha aparecido en varias cintas, protagonizado por otros actores, pero sin duda Gould logra captar las características del detective realizando una muy buena labor actoral. Su genialidad radica en la deconstrucción del género noir por parte de Robert Altman, jugando con los arquetipos y rearmando una trama de lo más confusa, misteriosa y oscura.
4 – Innerspace (Joe Dante, 1987)
POR EL FETT
Joe Dante toma de clara influencia aquella aventura “serie b” y de ciencia ficción, Fantastic Voyage, y la moderniza en el tono absurdo, juvenil y psicotrópico de los 80 que, aunque pierde ese tono oscuro de su filmografía, encausa una aventura hilarante dentro del cuerpo humano de donde Dennis Quaid tendrá que cooperar con su huésped, un Martin Short excepcional e hipocondriaco, para poder salir de las entrañas de este. Auspiciado por un absurdo, pero eficaz entretenimiento, la estela que conforma el reparto, entre ellos Meg Ryan, Henry Gibson y Vernon Wells, surten elementos que la mantienen interesante hasta su final. Una cinta muy olvidada y altamente disfrutable
3 – Magnolia (PTA, 1999)
POR EL FETT
Su confirmación como maestro, Magnolia puede ser el testimonio cinematográfico más complejo y la vez más claro sobre lo llamado como la estructura coral, misma que aquí se desarrollan bajo 9 sub tramas que a pesar de tener una sutil unión narrativa entre ellas, guardan un vínculo evolutivo dentro de los 3 actos esenciales del planteamiento, confrontación y resolución. Es notorio el nacimiento de una revolución narrativa dentro de esta obra de Anderson, y es que a pesar de que el cineasta pudiera denotar varias influencias (la de Altman la más notable), es esta innegablemente su sello autoral más innovador y/o creativo. Cruda, humana y maravillosa, de tintes surreales y provista de una lógica interna majestuosa, Paul Thomas Anderson construye una joya emocional, expiatoria y catártica, de las mejores en la historia
2 – The Blues Brothers (Landis, 1980)
Por FLACO CACHUBI
John Belushi y Dan Aykroyd, talentosos actores surgidos del Saturday Night Live, lograron con The Blues brothers la mejor comedia de sus carreras y uno de los mejores y más divertidos compendios y homenajes al soul, jazz y rythm n´ blues con Aretha Franklin, James Brown, Cab Calloway, Ray Charles, entre otros, cuyas interpretaciones como “Think”, Shake a tail feather” y “Minnie the Moocher” resultan un verdadero agasajo para los amantes de la buena música. La escena final es espectacular, una efectiva parodia de los desenlaces artificiosos del cine hollywoodense, pero en general es difícil no emocionarse en cada uno de sus números musicales, cortesía de un John Landis en su apogeo directivo. El villano de Henry Gibson es hilarante
1 – Nashville (Altman, 1975)
POR EL FETT
Antes de meterse con la industria fílmica y poco después de despedazar lo militar, Altman crearía un compleja y divertida sátira sobre la industria musical, excusa argumental que en realidad se convertiría en uno de los estudios emocionales y psicológicos sobre la sociedad americana de los 70 y ese cambio (o decadencia) generacional que se venía asentando y proyectando de manera obvia en la música. Un mundo de personajes desfila bajo la dirección de un Robert Altman ya maduro, consumado y comprometido en su narración coral, pero esta vez con un ingrediente extra: la naturaleza “musical” de la cinta. Una de las mejores y más olvidadas piezas americanas en el cine, quizá fue lo suficientemente incomoda en su momento como para relegarla