Mecánica Nacional, el México sin reparo que encanta

En este martes de momento favorito, pasados los festejos a las madrecitas mexicanas, arañando la quincena y a punto de comenzar la fiesta de Cannes, hice una pausa en el camino para hablar de esta película que forma parte de uno de los periodos más vapuleados del cine nacional; porque entre ficheras, luchadores y encuerados, el gran Luis Alcoriza (director y guionista) supo reflejar de forma brillante a la sociedad mexicana de aquel entonces que, azorada, abría paso a la llamada construcción de un México moderno, uno que nunca llegó.

Hay mucho de Buñuel en esta joya de bisutería y no es fortuito, ambos formaron parte del exilio español que paradójicamente dio tanto a nuestro país, trabajaron juntos y fueron amigos. Al igual que Los olvidados o Subida al cielo, Mecánica Nacional encuentra su riqueza en el reflejo de las  miserias mexicanas, en su infinita ignorancia, sus clichés más recalcitrantes y la descomposición de un tejido social que pareciera estar negado a regenerarse, no porque no pueda, sino porque su naturaleza se lo impide.

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Elegir un momento de esta pieza resulta casi imposible; ver al gran Manolo Fábregas interpretando  a Eufemio, un mecánico apasionado de los coches, prole y vivo retrato del macho mexicano ya es motivo suficiente para notar que estamos ante un ejercicio cinematográfico poco menos que brillante. Sara García, la abuela por excelencia de nuestro cine, da la actuación más cruel y mordaz de toda su larga carrera interpretando a una matriarca que no escatima lo mismo en ridiculizar que enaltecer la figura de la abuela mexicana. Refugio, la mujer de Eufemio, interpretada por la grandísima Lucha Villa y quien más allá del canto (que era lo que mejor se le daba) no deja a deber con su personaje volviéndolo igual de imprescindible que a todos los que aquí aparecen.

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La inconcebible identidad mexicana, su incomprendido comportamiento, su fe absurda, su infinita algarabía, el machismo, el matriarcado, la sexualidad como tabú perpetuo; la muerte festiva, la irreverencia, el gringo odiado, la borrachera, las comilonas, el compadrazgo, la falta de educación; el amor a la patria, las drogas, el alcohol, el albur, la pachanga; las instituciones gubernamentales como monumentos al fracaso, la televisión como distractor social y lubricante de penas… adentrarnos en los caminos empedrados de esta cinta, es parecido a meterse en el Laberinto de la Soledad del que hablaba nuestro Nóbel Octavio Paz.

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Llámese coincidencia o simplemente necesidad, pero en estos 104 minutos de gloria se reunió puro personaje grande, ya que además de los mencionados, están Héctor Suárez, Gloria Marín, Almita Muriel y Alejandro Ciangherotti , y por si no fuera poco, se contó con participaciones valiosísimas como las del mejor cronista de la mexicanidad, Carlos Monsiváis, de Paco Ignacio Taibo I, del gurú de la fotografía Gabriel Figueroa y del historiador Jorge Ayala.

¿Quiere más motivos para ver de lo que les estoy hablando?

Pues mire, está considerada dentro de las 100 mejores películas mexicanas y ganó sus respectivos Premios Ariel en las categorías de mejor edición, dirección, actriz y guión original.

No le busque, no hay compostura para nuestra larga lista de problemas nacionales y es ahí donde radica lo fascinante.

Juzgue usted.

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Cat Movie Lee    


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