Momentos Favoritos del Cine: Analizando “Nocturnal Animals”

¡Ahh, la venganza! Existen cientos de películas y libros cuyo eje motor es la búsqueda y la estrategia para conseguir esos dichosos ajustes de cuentas. Todos hemos disfrutado y nos hemos podido relacionar con alguna de ellas, no por nada son casi tan viejas como la humanidad misma y ya en la antigua Grecia había comenzado esta bonita tradición narrativa con “La Ilíada” de Homero, en la que un enojado Menelao lleva a todo el ejército griego a recuperar a su esposa Helena, después de que el príncipe troyano Legolas Paris se la robara. Posteriormente, los arquetipos de estas historias serían perfeccionados con el desquiciado príncipe danés de Shakespeare llamado “Hamlet” y con la historia de venganza por excelencia: “El Conde de Montecristo” de Alejandro Dumas. El séptimo arte ha sido también plagado de historias de esta naturaleza, aunque no todas tan buenas ya que la mayoría tienden a ser exactamente iguales en su desarrollo y objetivo: el agraviado que a base de balazos busca su revancha. Pero, ¿qué tal si la meta de la venganza fuera otra y no sólo el asesinato de alguien que se pasó de lanza? Respondiendo a esto, llegó entonces una pequeña joya cinematográfica del 2016 titulada “Nocturnal Animals”, basada en la novela “Tony and Susan” de Austin Wright y deliciosamente dirigida por el diseñador de modas (si, leyeron bien) Tom Ford, que se lució y nos entregó un ejercicio cinematográfico de varias capas que vale la pena analizar.

Antes de empezar a explayarme enajenadamente como el agente Mulder al hablar de aliens, me veo obligado a hacer la advertencia de que todo lo que sigue contiene spoilers a más no poder con el fin de hacer un análisis de la historia. Así que si no la has visto, corre a hacerlo y luego chismeamos a gusto al respecto. Los que sigan aquí, ya deben saber que cuando describo a “Nocturnal Animals” como un film de varias capas, me refiero a la manera en que la historia se desenvuelve en tres niveles distintos: el presente, el pasado y en una novela. Recapitulemos brevemente el argumento principal:

En el presente, conoceremos a Susan Morrow (Amy Adams), dueña de una lujosa galería de arte en Los Angeles. Su vida es lo más fancy entre lo fancy: una gran mansión, ropa de diseñador y un esposo (Armie Hammer) que todas le envidian. Pero hay algo mal ya que a pesar de todo esto, Susan es miserable refugiada en este absurdo y banal mundo, que al menos no es tan doloroso como el mundo real. Una mañana, recibe un paquete de su ex-esposo Edward (Jake Gyllenhaal) y al tratar de desenvolverlo de forma algo apresurada, se corta con el papel. Tras acabarlo de abrir, descubre que contiene el manuscrito de una novela, junto con una invitación a cenar. Después de que su adúltero esposo Hutton se largó de viaje sin avisar y la dejó sola, Susan es absorbida completamente por la novela llamada “Nocturnal Animals” que estaba dedicada a ella en la segunda página y fue titulada de esa manera por el apodo que Edward le puso cuando era su esposa, debido a las largas noches de insomnio que aún la mantienen en vela. En el pasado, Susan le había dicho a Edward que siempre escribía acerca de si mismo en sus textos, tal es la razón por la que inevitablemente imaginó al personaje principal del libro con el rostro de su ex.

La novela es intensa. Trata de la familia Hastings, formada por Tony (Jake Gyllenhaal), Laura (Isla Fisher) y su hija India (Ellie Bamber) que salen de viaje por carretera durante la noche en la desértica Texas. En el camino se topan con tres sujetos que los sacan del camino. Este trío, liderado por el sádico Ray (un brutal Aaron Taylor-Johnson), secuestran a Laura e India ante los ojos de un impotente Tony, quien escapa y llama a la policía. El detective Bobby Andes (excelente Michael Shannon) es asignado al caso y con Tony, descubre los cuerpos de las mujeres, que habían sido violadas y asesinadas. Meses después, Andes informa a Tony que uno de los sospechosos murió pero que esto sirvió para identificar a los otros. Son arrestados pero salen libres por un tecnicismo. Diagnósticado con cáncer y sin nada que perder, Andes opta por otra clase de justicia y secuestra a los culpables para que Tony pueda vengarse. Ray escapa y Tony va tras él a la cabaña dónde ocurrieron los asesinatos. El afligido padre transforma su culpa en ira y le dispara a Ray al mismo tiempo que este le asesta un golpe en el rostro. Al día siguiente, Tony despierta enceguecido por el golpe y se da cuenta que Ray murió. Tambaleándose, sale de la cabaña pero sucumbe ante la hemorragia y accidentalmente se dispara, muriendo al instante.

El libro lleva a Susan a recordar el matrimonio con Edward. La manera en que su horrenda madre (Laura Linney) se oponía a la relación por el nivel económico del escritor y por su visión romántica del mundo. La relación fue de mal en peor por sus dispares visiones de la vida. Eventualmente, Susan conoce a Hutton y se somete a un aborto del hijo de Edward, quien al enterarse de todo corta lazos con ella. Habiendo acabado el libro, Susan envía un correo a Edward invitándolo a cenar. La novela había despertado en ella la añoranza de ese otro mundo lejos de la superficialidad y la banalidad que ahora reinaba la vida que había elegido. En la fecha y lugar acordados, ella espera pacientemente a su ex-esposo. El restaurante se va vaciando poco a poco hasta que la única comensal es una triste Susan cuyo acompañante jamás llegó.

Susan hizo mal en no darse cuenta en el significado de la herida inicial que el paquete le provocó en el dedo. Una pequeña herida que llevó a una mucho más grande y de mayor impacto. Desde que la conocemos, vemos que su “exitosa” vida es regida por un sentimiento de tristeza y vacío existencial que no puede sacudirse ni llenar (un trastorno de “Ciudadano Kane”). Está permanentemente herida como la escultura de toro que adorna su galería. La llegada del libro y ver los paralelismos que la obra de ficción guardaba con su vida, movieron los cimientos del mundo en el que había estado viviendo los últimos 20 años y estaba por fin dispuesta a hacer algo para ella misma sin importar la presión externa de los demás. Poco se imaginaba que todo era una estratagema de Edward para darle el tiro de gracia por la traición del pasado, con un acto tan simple como no asistir a la cita. Y eso es lo bello de esta venganza. Aunque Edward hubiera podido gritar todo lo que sentía, la cantidad de palabras nunca habría suficiente para sacar el mar de sentimientos y rencores que lo invadían. La única vía que encontró para expresarse de manera clara era un trabajo literario.

Lo que Susan inicialmente tomó probablemente como un halago, estaba enfocado a destruir su alma y las señales estaban ahí. En la novela, ella aparecía de dos maneras. La primera, como la también pelirroja esposa de Tony (lo que hubiera sido). La segunda como Ray Marcus, el otro “animal nocturno” que de noche salió de cacería (lo que fue). Susan decidió abortar al bebé de Edward, y este lo vio como un vil asesinato. Desde su perspectiva, el homicidio no se limitó sólo a la criatura sino a la idea de un futuro juntos. Él aún pretendía arreglar las cosas con Susan y formar una familia, pero ella le quitó todo de un golpe y sin aviso. De la misma manera, Ray robó a Tony de todo eso en cuestión de minutos.

Edward se reencarnó en Tony y a través de él expresó el sentimiento de culpa que lo afligía por no haber podido proteger a su familia. Pasó mucho tiempo hasta que decidió actuar y enfocar su ira en la destrucción del “animal” que le robó todo. Pero había una trampa, sabía que al hacerlo también acarrearía su propia destrucción. Tony muere después de asesinar a Ray, por ello es más que probable que al mismo tiempo que vemos a una miserable Susan en la escena final, fuera de cámara exista un miserable Edward cuyo ajuste de cuentas le demandó todo de si y que tal vez se arrepiente un poco de haber herido a Susan, pero que consideraba necesario hacerlo para seguir con su vida.

Edward consiguió la venganza perfecta, ¿qué es más doloroso que tener esperanza y entonces verla arrebatada y destruida?

La dirección de Ford es impecable, puede llevarnos de lo grotesco a lo sublime en pocos segundos. El manejo estético de Nocturnal Animals es tal que varios frames bien podrían imprimirse y colgarse en alguna galería. Quizá su carrera en el mundo de la alta moda le hayan dado las herramientas para retratar tan ferozmente la parte cruda y retorcida de esa burbuja social. Visualmente, los contrastes están a la orden del día, desde el agobiante desierto hasta la exclusiva metropoli, así como los cuerpos “perfectos” y los cuerpos reales. Las transiciones entre las distintas líneas de tiempo están hechas de manera que las posiciones de los personajes sean las mismas, como diciendo que sin importar en qué parte de la sociedad tengamos el privilegio o desgracia de pertenecer, nuestra esencia humana es algo de lo que no podremos escapar.

“Nocturnal Animals” es sin duda una de mis películas favoritas de los últimos años. Como todos los filmes, no es para todos. Creo que no hay medias tintas en este caso, la vas a amar o la vas a odiar. Soy algo masoquista y me gusta cuando la trama de las películas me perturba, así que la amé. Me parece increíble el hecho de que haya dejado pasar casi dos años sin ver esta joya del séptimo arte. Más que increíble, es imperdonable. Sólo no le digan al maquiavélico Jake Gyllenhaal, ya le tengo más miedo que a John Wick.

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Acerca del autor

El Markovich   @ChocolateBono  

Observador de la escena humana dentro y fuera de la pantalla. El cine y el chisme son de mis cosas favoritas, así que heme aquí. Yo sólo doy mi opinión, al final tú decides.


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