Momentos Favoritos del Cine (CUTRE): Brain Damage

En 1982, el director Frank Henenlotter realizó Basket Case, una disparatada película clase Z (más pobre presupuesto que una clase B) sobre un muchacho que dentro de una canasta transporta a su hermano siamés deforme, con el cual se comunica por telepatía. Pésimas actuaciones, un guion absurdo y unos efectos especiales deplorables (basta ver al monstruo que no era otra cosa que un muñeco de goma que los mismo actores tenían que zangolotear para que pareciera que los atacaba) fueron el sello de un filme de pena ajena o de risa loca como lo quieran ver, que con todo y eso ganó a través del tiempo el status de churrazo de culto.

Pero hablemos del argumento de su siguiente película, Brain Damage. Una pareja de ancianos busca con desesperación a algo o alguien que ha desaparecido de su bañera. Brian un vecino del edificio descubre a Elmer, una criatura en forma de pepino, capaz de proporcionarle sensaciones casi extrasensoriales introduciendo una especie de aguijón en su cabeza y derramando un líquido azul en su cerebro. El problema no solo es la adicción que provoca la droga suministrada, sino que, el monstruo a cambio de sus servicios pide al joven Elmer-dependiente lo ayude a conseguir víctimas para alimentarse.

¿De dónde salió Elmer? No lo sabemos. Por medio del viejo que lo quiere recuperar para también gozar de los “viajes” que ofrece en cada piquete, nos enteramos ha pasado de mano en mano hasta llegar a nuestros tiempos. El monigote cuya forma fálica no es obra de la casualidad, como se ve en una escena casi pornográfica, no pasa de ser una marioneta inexpresiva que puede provocar asco o pena, no asusta ni al más impresionable de los espectadores, pero arranca algunas risas por su humor absurdo, irreverente y transgresor.

Siguiendo la línea de horror delirante de Basket Case, Henenlotter con un poco más de presupuesto (alcanzando tan siquiera la clase B) presenta una leve mejoría en su forma de filmar, ofreciendo un producto que en casi todo su metraje remite, guardando las distancias, al cine absurdo de Roger Corman y a la visión cárnica de David Cronenberg. Y es que, al igual que el cineasta canadiense lo hiciera en El almuerzo desnudo, Henenlotter en Brain Damage hace alusión metafórica a los trastornos físicos y mentales que provocan las drogas: caer en un estado de éxtasis, incrementar el deseo sexual, despertar sin recordar nada y sufrir alucinaciones; el protagonista se encierra en su cuarto con mil cerrojos para no ser interrumpido mientras el bicho cabeza de miembro le inyecta el líquido para luego recluirse en su mundo, abandonando la vida laboral y sentimental. Si todo lo anterior, no es propio de un adicto en estado avanzado, por lo menos lo parece. Y es de agradecerse que el también otrora realizador de la prostibularia Frankenhooker, dé rienda suelta -ya entrados en gastos- al relajo escatológico, la mala leche y el gore irrisorio evitando cualquier atisbo de sermón o mensaje moralista.

Recomendable para los fans de las cintas gore de bajo presupuesto, el humor malsano y los efectos especiales de tres pesos.

He aquí la escena favorita en donde el monstruo Elmer demuestra sus aptitudes para el canto.

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Acerca del autor

Flaco Cachubi     blogcinefantastico.blogspot.mx/

Amante del séptimo arte desde que tiene memoria o lo que es lo mismo desde que vio Superman. Sus géneros favoritos son el horror, la fantasía y la ciencia ficción. Ferviente admirador de Hitchcock y asiduo lector de Stephen King. El cine de luchadores, su máximo placer culposo. Se describe a sí mismo como un ser viviente que cultiva su mente, para ser un cadáver muy culto.


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