Mundos de Juguete

Un juguete, dícese de cualquier instrumento cuya función es ser utilizado durante un juego, puede ser virtualmente cualquier objeto siempre y cuando quien lo usa así lo determine.  Los juguetes, ciertamente, son tan antiguos como las primeras herramientas que fueron creadas y su evolución ha sido fascinante, llegando a límites insospechados. Desde una simple roca hasta verdaderas obras de arte que se cotizan en millones (algo que a mi, honestamente, me parece una gilipollez, ya hablaremos de ello más adelante), los juguetes son parte integral de la vida de todo ser humano.

Y seamos honestos, no sólamente los niños aman a los juguetes.  ¿Acaso los adultos no profesamos la misma devoción por nuestras computadoras, cañas de pescar, rifles de caza, consolas de videojuegos y demás “juguetes” adultos? A eso sumemos aquellos excéntricos coleccionistas de juguetes infantiles para quienes la figura de acción de edición limitada, en su impóluto empaque original, es más valiosa que sus esposas e hijos…

Se acerca el día del niño y con él las celebraciones correspondientes que obviamente implican la repartición de juguetes al por mayor. Una buena oportunidad  para revisar cómo ha abordado el cine la importancia de los juguetes en la vida de un niño, ser humano de “reciente creación” ávido por conocer el mundo.  Elegimos la considerada obra cumbre al respecto y otra obra reciente de buen éxito comercial y de crítica, que ofrecen panoramas ciertamente distintos sobre la interacción niño-juguete. ¿Cuál lo hizo mejor?

 

Trilogía Toy Story  (1995, 1999, 2010)

Indiscutible obra maestra en el cine de animación no sólo por sus inovaciones técnicas sino por su calidad argumental.  Se trató de la primera película de animación en ser realizada totalmente en computadora, encumbrando a su estudio creador, Pixar, como el gigante del género.  El éxito de esta obra dio pie a la virtual muerte de la animación tradicional y su sustitución por modernas técnicas de animación.

Pero claro, lo más importante será siempre el argumento y es ahí donde reside el verdadero éxito de ésta trilogía. Nos invadieron películas con animación en CGI pero con pobres argumentos tanto de Pixar como de Disney, antes de adquirir al mencionado estudio, como de sus competidores.  Nos recordaron eventualmente que lo más importante es la historia y su puesta en escena, que es el punto fuerte de Toy Story.

El argumento es bien conocido por todos.  La trilogía nos narra las peripecias del grupo de juguetes de un niño llamado Andy, que son liderados por Woody, figura de acción que representa a un sheriff del gringísimo viejo oeste.  En la primera película, Woody enfrenta el reto de no ser más el juguete preferido de Andy cuando éste recibe a Buzz Lightyear (llamado así en honor a “Buzz” Aldrin, segundo hombre en pisar la luna ), un “guardián espacial” que, al contar con componentes electrónicos de última generación, inicialmente no es conciente de su naturaleza como un juguete y cree ser un héroe espacial real.  En la segunda entrega, diversos eventos llevan a Woody a descubrir que es un juguete inspirado en una serie de animación clásica y que, por lo tanto, es un preciado objeto de colección y deberá elegir entre permanecer en un museo, donde sería querido por siempre, o seguir siendo fiel al niño que es su dueño aun y cuando eventualmente éste envejecerá y le abandonará; al final, se decide a permanecer al lado de Andy.  En la tercera película, Andy es ya un adolescente y por lo tanto se ha olvidado prácticamente de sus fieles juguetes. Decide llevar a Woody consigo a manera de recuerdo de su infancia a la universidad y dejar a sus demás juguetes en el ático.  Un error los llevará a todos a formar parte de los juguetes de una guardería, la cual es controlada tiránicamente por Lotso,  un oso de peluche violeta y aromático resentido por haber sido abandonado por su dueña.  Tras diversas aventuras, los juguetes eventualmente volverán a manos de Andy, quien los obsequiará a una niña en edad preescolar, alumna de aquella guardería, y su “ciclo vital” comenzará nuevamente.

Con un guión sólido, excelentes actuaciones de voz tanto en su idioma original como en el doblaje en español latino y correctas técnicas de animación que sirven de marco para una gran historia, Toy Story es un clásico entre los clásicos animados.  Historia imperdible y disfrutable por el público de todas las edades (de aquellas raras tramas infantiles que no serán tortura para los padres que lleven a sus hijos al cine), pionera del CGI pero sobre todo una muestra que el género animado es para tomarse en serio.

 

The Lego Movie (2014)

 

No faltó, claro está, la horda de necios “puristas” (yo los llamaría de otra forma, pero bueno…) que rasgaron sus frikis vestiduras cuando se anunció esta película.  La tildaron de ser no más que un comercial de larga duración de las gustadas piezas para armar Lego, líder indiscutible de dicho mercado, de explotar licencias de forma descarada (a diferencia de Toy Story, que salvo por Barbie y Ken se compone de creaciones originales ) , además de oportunista y prácticamente sacrílega al atreverse a retomar el tema de juguetes parlantes, algo ya explotado en la sagrada trilogía Toy Story.  Soy fan de esta última, como seguramente lo notaron, pero no es para tanto…

The Lego Movie nos cuenta la historia de Emmet, una figura Lego del set de construcción, genérico y sin atributo especial alguno.  Vive en un mundo perfectamente organizado, casi mecánico, en que cada quien tiene una función establecida y con un horario estrictamente respetado.  Sin embargo, cierto día descubre la Pieza de Resistencia, la clave para salvar al universo conocido de los planes de Lord Bussiness (Presidente Negocios en hisparnoamérica) de crear un mundo perfecto pero estático y carente de libertad.  El poseer la Pieza de Resistencia llevará a Emmet a aliarse con los Maestros Constructores, figuras Lego que a diferencia de Emmet y los suyos son capaces de crear toda clase de artefactos, estructuras y transportes con el uso de piezas, entre los que se encuentra Wildstyle  (Estilo Libre), eventual interés romántico del héroe, y el mago Vitruvius, líder de los Maestros.  Estilo Libre, por otra parte, es novia de un divertidísimamente engreído Batman, héroe entre los Maestros Constructores.

En sus viajes, Emmet descubrirá que existen “mundos” diferentes al suyo, que no son otra cosa sino los diferentes sets de Lego (medieval, viejo oeste, piratas, etc), entre los cuales anteriormente se podía viajar sin restricciones pero ahora se encuentran aislados entre sí por causa de Lord Bussiness.   Así, conocerá a diversos personajes (pertenecientes a diversas franquicias de entretenimiento, como las Tortugas Ninja, Harry Potter, los super héroes de DC y un lago y gozoso etcétera).  Inicialmente incapaz de crear nada por sí mismo, al ser una pieza Lego común, Emmet logrará vencer a Lord Bussiness y neutralizar su arma de destrucción masiva, convenciéndole de que todos, incluso él, tenemos algo especial y el potencial de crear maravillas.  Además, logra enamorar a Estilo Libre, cuyo nombre real es Lucy

Durante el clímax de la historia aprendemos que todo ocurre en la mente de un niño mientras juega con los sets de Lego de su padre, en quien el infante basó la figura de Lord Bussiness.  El padre ha creado sets de Lego perfectamente organizados y no mezclados entre sí, y ha prohibido a su hijo jugar con ellos y, por supuesto, mezclarlos, al considerarlos más que juguetes.  El pequeño reprocha a su padre “pretender que se resista a jugar aquí” (refiriéndose al sótano donde los sets están construidos) y que los Lego “son para niños”.  El padre había pretendido unir las piezas con pegamento para que jamás fuesen alteradas (El pegamento es, precisamente, el arma destructiva del Presidente Negocios en la mente del niño), pero al observar las creaciones originales de su hijo y comprender que en la mente de éste él jugaba el papel de villano, cambia de parecer  y permite a su hijo jugar con sus preciados Lego’s… y también a su hija menor, lo que en el mundo imaginario dará lugar a la invasión de alienígenas.

Con un guión sólido, ágil, sumamente entretenido y lleno de un humo muy inteligente, The Lego Movie fue una muy grata sorpresa en lo que hasta ahora ha sido un año cinematográfico muy pobre.  Amén de su buena calidad argumental, es de destacar el gran placer de ver personajes de diferentes y muy variadas franquicias (vaya, hasta Star Wars tuvo su espacio) interactuando en una misma pelicula, algo que no se verá jamás en  otra circunstancia ( Ya ven el batidillo con los personajes de Marvel, con Sony haciendo reboots innecesarios de Spiderman y Fox dispuesto a explotar a Wolverine hasta la muerte de Hugh Jackman… vaya, hasta existirán dos Quicksivler).  Difícilmente alcanzará el estatus de culto, pero vaya, hasta un amargado irredento como su servidor gozó a más no poder esta divertida película.

Conclusión

A diferencia de la opinión de tanto gili-purista que hay por ahí, opino que la trilogía de Pixar y el “comercialote” de Lego son ambas obras excelentes y que si bien tienen las dos a juguetes como protagonistas, su mensaje y contexto es distinto y ambas merecen ser apreciadas.  No hubo, por lo tanto, sacrilegio alguno por parte de Lego al pisar terrenos ya “colonizados” por Toy Story.

Toy Story es, ante todo, una oda a la amistad incondicional.  Los juguetes están dispuestos a ser fieles a sus niños aun y cuando les espera un destino trágico como la destrucción, ser desplazados por nuevos juguetes o el abandono en lugares oscuros al envejecer sus dueños (No sé ustedes, pero la historia de Jessie la vaquerita me dió escalosfríos).  Pixar no se detiene a dar explicaciones innecesarias sobre el por qué los juguetes en este universo son seres pensantes, con sentimientos, aunque inmortales y sin necesidad de alimentarse o de cualquier fuente de energía.  (La llamada Teoría de Pixar, que no ha sido aprobada por el estudio, ofrece una delirante explicación al respecto).  Lo escencial es la amistad y el sacrificio y no alucinadas teorías de conspiración.

The Lego Movie, en cambio, además del obvio mensaje  sobre lo valioso que es cualquier individuo, nos recuerda que lo escencial de un juguete es, como su nombre lo indica,  el ser un instrumento para el juego y la estimulación de la imaginación de un niño, quintaescencial parte de esta etapa de la vida.  Más importante que la perfección del juguete es el uso que el niño le da.  Y en mi humilde opinión, aquello de coleccionar juguetes y encumbrarlos como obras de arte pero nunca jamás jugar con ellos es una necedad.

Recuerdo que cierto amigo mío de la infancia tenía en su habitación una enviable colección de juguetes a control remoto (que en aquellos años eran difíciles de encontrar y claro, obscenamente costosos).  El estado de dichas piezas evidenciaba que nadie jamás había jugado con ellos.  Cuando le pregunté el por qué no los usaba respondió “No sé. No me dejan” con un notable tono de tristeza y frustación.  Sus padres, temerosos de que tan costosos juguetes se rompiesen, le prohibían usarlos ¿entonces para qué carajo los compraban?.  Supe de un par de hermanos cuyo padre coleccionaba autos de juguete y, claro, prohibía a sus hijos siquiera tocarlos so pena de ser severamente castigados… ¡Eso sí es maltrato psicológico!

Digo, respeto los hobbies de cada quien (yo colecciono espadas, afición poco común en la que he invertido no poco tiempo y dinero) pero acumular juguetes frente a los hijos y restregarles en la cara que no puden tocarlos es casi como torturarlos.  Habrá quien argumente que esa mamarrachada  ayuda a inculcar disciplina, la capacidad de dar valor a los objetos, el respeto a la propiedad ajena, blah, blah, blah.  ¡Carajo! Siempre que recibí un juguete la sola advertencia de que si éste se dañaba por un mal uso no sería reemplazado era más que suficiente para que lo cuidase.  Por supesto que eventualmente rompí la mayoría de ellos pero siempre en el proceso de pasarla genial  ¿no se supone que en eso consiste ser niño?

Por todo esto debo confesar, aun y cuando realmente amo Toy Story, que el mensaje y planteamiento de The Lego Movie me pareció más apropiado (además aquella pegajosa tonadita “Todo es Increíble” me gusta mucho más que la linda pero cursi “Yo soy tu amigo fiel”).  Es el niño quien crea mundos fantásticos y convierte simples objetos inanimados en personajes de historias maravillosas y no al revés.  Los juguetes son meros apéndices auxiliares en el juego, recreación y verdadero ejercicio mental y físico para los pequeños, no son seres con sentimientos que en secreto cuidan de ellos e, insisto, tampoco obras de arte que deben permanecer sin ser tocadas.  De nada sirve obsequiar juguetes a un niño en su próximo día si hemos de restringir su capacidad y deseo de hacer volar su mente.

Y felicitémonos todos entre nosotros pues, seamos francos, jamás dejamos de ser niños.

 

 

 

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Acerca del autor

Dr. Dark    

Médico de profesión y cinéfilo de corazón. Amante del buen cine y destructor del que no lo es.


6 comentarios

  • Pues yo disfruté, al igual que usted, las dos por igual. Se me hace un poco más ñoña Toy Story, pero no deja de ser muy buena.

    Concuerdo en que ambas son muy buenas en su género y yo si soy de los que colecciona juguetes 🙂 (entre otras cosas) tengo, de hecho, un woody impecable de 30 cms edición limitada, al igual que un Batman edición de coleccionista de TDK 🙂 tuve juguetes a montones, de todos colores y sabores, desde los luchadores de a 3 por un peso en su cuadrilátero de ligas, hasta colecciónes de GI Joe´s, Tortugas ninja y no se diga, Caballeros del Zodiaco (también parte de mi colección). Creo que lo hago para recordarme y si llego a tener hijos, contarles como jugaba con ellos y sí, también como una buena herencia jaja.

    En fin, muy a fin el artículo y muy bueno, estimado Doc.

    Saludos!!

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    • Me alegra que haya disfrutado el artículo mi estimado. Ymuy impresionante su colección, ciertamente. No me pronuncio en contra de coleccionar juguetes (a final de cuentas es un hobbie saludable), lo que me parece cruel es tener un montón de ellos frente a un niño y recordarle que no pude tocarlos, jajajaja. Pues cuando tenga hijos vaya que tendrán una herencia envidiable! Saludotes y gracias por comentar!

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  • Buen articulo aunque cabe aclarar que no solo Barbie y Ken son los unicos juguetes “de marca” en la pelicula, los Potato Head son juguetes de Fisher Price, tambien aparecia el Etch-a-Sketch que es otro juguete comercial y finalmente los soldaditos verdes de plastico tambien tienen su marca. Nomas era una aclaracion.

    Lo cierto es que ambas historias toman ambos lados de la moneda, Toy Story es el ciclo vital de un juguete con su amo y sin duda vemos varios finales de ese ciclo, el odio de Lotso a los demas juguetes, la tristeza de Jessie al saberse abandonada por su ama, la frustracion de Buzz al saber que si es un juguete… en todo caso no me quiero imaginar que hubiera sido de Andy si no regala los juguetes. Seguro se hubiera vuelto algo asi como el Presidente Negocios.

    Lego maneja bien esa parte de adulto con juguetes con humos de coleccionista que nuca jugara con ellos, que solo disfruta tenerlos… como si no pudiera dejar a los demas disfrutar de su gran coleccion por temor a desordenarlo… es patetico… como no se, los que compran playeras de futbol porque lucen bonitas y nunca las usan… finalmente uno se muere y.. que queda?

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    • Antes que nada, una disculpa por la tardanza, mi estimado. Y estoy de acuerdo con usted, los juguetes son herramientas para la diversión, apéndices, auxiliares en el ejercicio de divertirse y soñar, no obras de arte invaluables que deben permancer impólutas. Si algo me pareció patético del torpe protagonista de “Virgen a los 40” fue justamente su necedad de coleccionar juguetes pero nunca jamás sacarlos de su empaque pues con ello “perdería su valor”. Si bien se trata de una comedia y por lo tanto una farsa, retrata muy bien el aspecto psicológico casi enfermizo de muchos coleccionistas. Insisto, yo rompí muchos juguetes pero siempre en el proceso de pasarla fantástico!!!. Saludos y muchas gracias por su comentario.

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