No te olvidaré: Aunque sería lo mejor.
Si la década del 2010 estuvo plagada de adaptaciones insulsas como The Fault in Our Stars o If I Stay enfocadas a embaucar adolescentes, la década de 2020 parece ser el refugio de esas mismas audiencias, pero ahora evolucionadas (“ ”) a SEÑORAS (independientemente de su género). Hablo de un público cuya dieta emocional se nutre de la toxicidad de las relaciones y de desenlaces de un rosa tan chillante que casi llega a lo patológico. Es en este valle de mercantilismo emocional donde Colleen Hoover construye un imperio, dotada de una psique (románticamente, “ ”) retorcida y un instinto infalible para convertir el porno-trauma en una montaña de billetes verdes, y que ahora ve otra horrenda materialización en No te olvidaré

La autora estadounidense ha vendido más de 20 millones de libros, donde Regretting of you (A pesar de ti) e It ends with us (Romper el círculo) siguen engrosando sus bonos no sólo en el ámbito editorial sino también en el ‘cinematográfico’. Ahora toca el turno a Reminders of him, con su acertado título en español ‘No te olvidaré’, donde nos cuenta la historia de Kenna, una señora millennial que fue encarcelada (injustamente, claro está) acusada de la muerte de su joven e idílico esposo en un accidente de auto; como en toda telenovela que se precie, las tragedias no son opcionales, ella estaba embarazada y dio a luz dentro de la cárcel, donde le fue retirada la custodia de la hija tan sólo al nacer. Ahora ha redimido su condena, como no podría ser de otra forma, por buena conducta, y está decidida a recuperar a la hija que nunca conoció. El camino, por supuesto, estará plagado de espinas muy afiladas pero cuando llegue al otro lado del arcoíris, éstas le sabrán a la rosa más perfecta.
El que aquí escribe está acostumbrado (y es abiertamente asiduo) a las telenovelas en su concepción más melodramática, por lo que me resulta paradójico desdeñar el último título de Hoover, ‘No te olvidaré’. Sin embargo, las historias con las que crecí y con las que sacio mis instintos más despechados suelen ir más por el estilo almodovariano que por el de Hoover (y su títere directora), que nos muestra perennemente una estética impoluta, con planos limpísimos dignos de miles de likes en Instagram y escenas meticulosamente pensadas para convertirse en clips de 15 segundos que abarroten las redes sociales.

Y es que quisiera ahondar en la narrativa de ‘No te olvidaré’, pero todo es tan cliché, tan de manual, que La rosa de Guadalupe ve de lejos. No hay mucho que decir de una obra donde todo es un milagro que sólo logran las almas buenas que se enfrentan a la mala leche de sus detractores. Eso y que la historia está plagada de los obstáculos más absurdos, consecuencia de decisiones muy idiotas de los protagonistas. Como Ledger, el mejor amigo del fallecido esposo, a quien le parece buena idea no controlar sus ímpetus y enrollarse con Kenna, sí, la viuda de SU MEJOR AMIGO, esa a la que los papás del occiso ven como el mismísimo demonio. Aún con todo lo previsible y bobo, a la directora Vanessa Caswill le alcanza para estirar la liga hasta los 115 minutos.
Me parece, en contraste, más interesante analizar esta tendencia, que afecta no sólo al cine sino un poco a la vida en general, donde todo es más ‘light’, más ‘aesthetic’, como para que la vida sea más llevadera. Y es verdad que este mundo en el que nos tocó vivir, hay pocas cosas ‘serias’ que nos den satisfacción, pero leí un tuit que decía ‘La romantización de la salud mental nos ha vendido la idea de que sanar es beber café (y tomarle foto para insta, OF COURSE) en tazas lindas y escribir en un diario, cuando la realidad es que sanar de verdad es un proceso incómodo, crudo y solitario donde te toca enfrentarte a tu propia mente sin adornos’.

El gran problema de productos como ‘No te olvidaré’ es justo ese, que nos venden problemas reales, fortísimos, envueltos en un envase precioso, donde el pasto es eternamente verde y siempre es primavera. Y vale, que el entretenimiento va un poco de eso, de hacernos olvidar por un momento nuestra asqueante realidad, pero no debería ser a costa de superficializar estos temas, presentándolos como algo que se resuelve sólo con ser guapa, tener buen corazón y el pelo siempre encantadoramente desaliñado. Hasta para hacer telenovelas se necesita estar anclado al mundo real, pues así se encuentra la forma correcta de aliviar esos males a través del arte.
Ofrezco una disculpa por no hacer un análisis cinematográfico de ‘No te olvidaré’, pero es que casi preferiría olvidar que la vi. Casi que preferiría 5 minutos bajo el agua en vez de volver a verla completa.

En su libro ‘El hombre light’ (1992), Enrique Rojas define al hombre posmoderno como un ser insustancial, consumista y hedonista que busca éxito y placer, pero carece de principios profundos, y justo de eso parece ir la vida en estos días. Lo que me hace preguntarme, ¿eso es lo que queremos? Sí, desvarié mucho filosóficamente acá, vea nada más lo que provocan películas como ‘No te olvidaré’… porque si algo nos deja claro Colleen Hoover es que hoy no sólo consumimos historias: consumimos versiones edulcoradas de nuestros propios traumas. ¿Tiene usted la capacidad para llegar a estos planteamientos ante tal despropósito o es de los que le parecen películas ‘bellísimas’ y esperanzadoras?