Obediencia Perfecta: ¡Malditos sean! ¡Malditos sean, Falsos Profetas!

La pedofilia o pederastía es una parafilia que se constituye como un acto criminal dado que, a diferencia de otras manifestaciones anómalas  de la sexualidad implica el sometimiento y victimización de otro individuo, que resulta inferior en fuerzas físicas y en nivel intelectual y que por lo tanto resulta indefenso ante su atacante, amén de que en la mayoría de los casos existe una relación de poder que magnifica la deshumanización que sufre la víctima, al verse reducida a un objeto para el uso de quien para ella es una figura de autoridad.

La terrible naturaleza de esta perversión adquiere tintes aun más abominables cuando es perpetrada por individuos que se supone son protectores de la infancia.  Familiares directos o cercanos, maestros, entrenadores deportivos, ministros religiosos… todos personajes a quienes la víctima percibe como figuras superiores a quienes debe agradecimiento y obediencia; así, cuando es alguno de estos individuos el responsable de ejercer abuso sexual contra él o ella, al sufrimiento implícito del infante abusado hay que sumarle la percepción que éste tiene en cuanto a que está obligado a “cooperar” con su victimario o, peor aún, que merece ser agredido de esa forma.

Y cuando el perpetrador es un sacerdote católico, el asunto adquiere tintes morbosamente sensacionalistas.  Que un ministro de una religión que predica el amor y el perdón, amén de detentar un poder social inmenso, sea capaz de cometer semejantes felonías es inconcebible y magnifica la tragedia ocurrida.  Y es que desde hace siglos sobre la Iglesia Católica pesan toda clase de acusasiones, algunas reales, otras francamente disparatadas, y el destape de los escándalos sexuales de sus miembros ha atizado el odio anticatólico y dado lugar, naturalmente, a vehículos de denuncia en los medios de entretenimiento.  Películas, documentales, referencias en series televisivas y, desde luego, los muy populares “memes” y “carteles desmotivacionales” sobre lo “siniestro ” de la Iglesia Católica y sus “legiones de pederastas”  se han constituido ya en clichés.

No me malinterpreten.  Como practicante de la fe católica y con el inmenso gozo de tener en mi familia a un abnegado miembro de una congregación religiosa, soy el primero en sentirme indignado ante estos crímenes y francamente avergonzado por la falta de castigo en contra de los perpetradores. Celebro, por lo tanto, la existencia de obras que cuenten al mundo sobre tan terribles actos de bajeza pero como cinéfilo exijo que sean ejercicios fílmicos de calidad, entretenidos y no soponíferos, objetivos y no pretenciosos, analíticos y no decantados hacia la moda anticatólica… y es aquí donde Obediencia Perfecta pierde totalmente.

 

 

Obediencia

 

Obediencia perfecta es la ópera prima de Luis Urquiza y se inspira en la vida del padre Marcial Maciel, fundador de la orden católica Los Legionarios de Cristo y sobre quien pesaron numerosas acusaciones de pederastía en contra de sus mismos seminaristas (siendo aun púberes) y de haber concebido hijos con diversas amantes.  A su vez la película está  inspirada en la novela “Perversidad”, de Luis Alcocer, quien además funge como guionista.  El título procede  de uno de los capítulo del mencionado libro.

El problema con Obediencia Perfecta no es lo incómodo que pudiese resultar para el clero católico o su feligresía, tampoco el descarado oportunismo de su estreno coincidente con la reciente canonización de Juan Pablo II, a quien se responsabiliza de proteger a Maciel, sino que es un montaje (me niego a llamarla película) desastroso, aburrido, estereotipado hasta la parodia y carente de conclusiones concretas.  Ninguna justicia hicieron los perpetradores de esta absurda ridiculez a las víctimas de Maciel o de otros sacerdotes pederastas, pues lejos de invitarnos a alzar la voz en contra de la impunidad que inexplicablemente gozan los sacerdotes criminales en naciones que se presumen laicas nos hace bostezar o inclusive reírnos del asunto.   Es como Bugs Bunny o el pato Donald en las animaciones de la Segunda Guerra Mundial denunciado a Hitler, ni más ni menos, pero mil veces peor ejecutada.

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Obediencia Perfecta intenta contar la historia de Julián Santos, pre-adolescente que ingresa al seminario de los Cruzados de Cristo (claramente inspirado en Los Legionarios de Cristo), orden fundada por el cura Ángel De la Cruz (o sea, Marcial Maciel).  Allí, Julián será rebautizado como Sacramento y se convertirá en el favorito del fundador de la orden, un sujeto pederasta y bisexual que abusa sexualmente de sus seminaristas a la vez que sostiene secretos affaires con mujeres.  Sacramento, claro está, será la “víctima preferida” de De la Cruz, quien mediante manipulación hará que Julián/Sacramento alcance la “Obediencia Perfecta”, aquella definida según el libro de Alcocer como “Amar hacer lo que odias” .  Julián será testigo de las innombrables perversiones que ocurren al interior de la siniestra organización y sufrirá de ellas en carne propia… o tal vez no… ¿quién sabe? Con un mensaje ambiguo y pobrísima exploración de la problemática que busca representar, simplemente noque da claro siquiera el tono que sus “autores” quisieron dar a su montaje.

Y es que debo insistir: Como católico y como ciudadano ansío justicia para las víctimas y castigo para los culpables. Como médico, me horrorizan las secuelas físicas y psicológicas que sufren las víctimas.  Que Maciel terminara sus días en una cómoda casa de retiro y no tras las rejas  me pone furioso. Odié esta miserable colección de estereotipos por ser justamente eso, un patético intento de película que ni siquiera sirve como medio de denuncia.    ¿Por qué merecen sus “creadores” las peores penas del infierno cinematográfico y al mismo tiempo el repudio de las víctimas de la pederastía?   Veamos…  (ADVERTENCIA: CONTIENE SPOILERS QUE, POR OTRA PARTE, LA MISMA PRODUCCIÓN DEJÓ VER EN LA SINOPSIS QUE OFRECIÓ A LA PRENSA)

 

Muestrario de Estereotipos anti clericales… y de todo lo demás.

 

Se nos muestra el ingreso de nuevos seminaristas, todos en edad pre adolescente.  Lucen aterrados y deprimidos como si hubiesen sido obligados a tomar la vida monásquica por sus fanáticas familias.   Estereotipado y anacrónico, ya que la práctica de enviar a al menos un hijo o hija al seminario o convento está fuera de tiempo, aun para los años setenta, donde se ubican los eventos.  Habrá, naturalmente, quienes sean obligados a aspirar al sacerdocio pero ¿toda la nueva camada de aspirantes?  Joder, ni en la Edad Media… Les vemos llorar al ver recortado su cabello ¿pero qué nunca vieron a un sacerdote antes?

Con un tono tramposo, tendencioso, anticatólico y homofóbico, el seminario está lleno de sacerdotes afeminados y coquetos, que no disimulan sus miradas lascivas hacia los nuevos seminaristas.  Uno de ellos inclusive se pinta “chapitas”. La caricaturización es tan grotesca que hace parecer a los sacerdotes como aquellos criticadísimos  “azafatos” de la terrible “Los Amantes Pasajeros”.  Ya no es sólo es medio exponer los crímenes de Maciel y criticarles, sino extender del desprecio hacia todo el clero, pues inclusive dos obispos que aparecen apenas unos minutos son también unas locas pervertidas. A eso agregémosle la notable homofobia de este montaje, que muestra ridículos y negativos estereotipos sobre los varones homosexuales.  Finalmente, vemos breves escenas de madres de familia benefactoras del clero representadas como tontas y crédulas fanáticas, amas de casa sin cerebro.  Así pues,  se ridiculiza al sacerdocio, a la mujer y a la comunidad homosexual por igual, abusando sin pudor alguno de los clichés más patéticos.

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El líder de estos caralampios es este bufón nefasto. Endulcorado retrato de un criminal infame.

 

Se ejerce sobre los seminaristas una suerte de disciplina militar y aleccionamiento propio del nazismo. Los sacerdotes espían a los aspirantes mientras se bañan, se excitan al escuchar la confesión de algún seminarista de detalla fantasías sexuales…  Todo en un tono caricaturizado, casi paródico, tanto que por una parte nos incomoda por su ataque generalizado pero al mismo tiempo no nos hace odiar a los sacerdotes pervertidos sino reirnos de ellos.

Aparecen  diversas escenas de los jóvenes seminaristas sufriendo dificultades para obedecer su voto de castidad, además de fumar y embriagarse, insinuando con ello la misma y cansada cantaleta de los detractores de la Iglesia: Que eliminar el celibato sacerdotal acabaría con todos los problemas, que la Iglesia debería “ser más divertida” y berrinches que hemos escuchado y leído hasta el cansancio.   Para empeorar las cosas, nos espetan una grotesca y totalmente innecesaria escena que involucra a un seminarista ebrio y una imagen de María Santísima.   Así, queda manifiesto que los autores no sólo buscaron denunciar las fechorías de Maciel y sus secuaces sino también agredir al catolicismo en su totalidad, al criticar los votos clericales y profanar uno de los elementos más sagrados de la fe católica.

 

Un protagonista sin identidad.

 

Julián/Sacramento (interpretado en su versión adulta por Alfonso Herrera, en un mero cameo, y por el adolescente Sebastían Aguirre) es la víctima predilecta del padre De la Cruz, quien le acoge como su protegido y a quien le hará ejercer la Obediencia Perfecta al convertirlo en su sirviente y luego en su objeto sexual.   Sacramento sufrirá los abusos sexuales del malandrín sacerdote pero al la vez se convertirá en su favorito y más adelante en lo que parece ser su amante. Y digo “parece”, pues si bien la relación que el cura tiene con su protegido se antoja más bien paternal, diversos momentos nos hacen pensar más bien en una muy feliz pareja gay que vive su amor “en el clóset”.   Y es que cuando Sacramento descubre a su mentor abusando de los demás seminaristas o con mujeres actúa no decepcionado de un sacerdote que no cumple sus votos sino como un novio celoso ante la promiscuidad de su pareja.

Y es que todo es subjetivo y dejado al criterio del espectador:  Sacramento transita entre la sumisa víctima de un pedófilo y la abnegada pareja de un homosexual.  En cierto momento, se le ve inquieto por las miradas coquetas de una jovencita, pero en otro lo vemos molesto al notar que él no es el único que le hace “favorcitos” al padre.  Se dirige a él como “Amado Padre”, con sinceridad, pero en cierto momento llora al ser tocado por éste… todo indica que se ha asumido como homosexual y ello le causa el consabido conflicto, pero es sólo sugerido.

 

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Julián/Sacramento Santos (a la derecha) . Alfonso Herrera, quien le interpreta como adulto, no tiene ojos azules.. ¿ni eso pudieron hacer bien?

 

El único sacerdote, por lo visto, heterosexual y no caricaturizado de todo el seminario conmina a Julián a gritar lo que sienta, sin temor, para aliviar sus tensiones, luego de socorrerle  cuando era “buleado” por otros seminaristas… pero Sacramento nunca jamás seguirá este consejo, permaneciendo siempre tan sumiso y callado que resulta cansado. De ese único sacerdote cuerdo, sospechosamente, no volvemos a saber nada…

La proyección inicia con un cura De la Cruz anciano, recibiendo la orden papal de retirarse  a una vida “de oración y penitencia” lejos del ministerio sacerdotal a causa de sus crímenes, a la vez que vemos a Sacramento adulto arrepentido de haber ingresado al seminario y de su bizarra relación con el desviado cura, habiendo, al parecer, cooperado con la caída en desgracia de éste…  O sea ¿una víctima de abuso sexual clamando justicia o un novio despechado?  Queda a criterio del espectador decidir sobre lo sucedido.

 

Un villano Patético

 

La publicidad del montaje fue engañosa, pues la imagen del póster prometía mostrarnos a un oscuro Marcial Maciel, terrorífico y despreciable.  Nada más alejado del resultado final, pues Ángel de la Cruz/Marcial Maciel (un muy sobreactuado Juan Manuel Bernal) es un villano de caricatura.  Cómicamente afeminado, bailarín y parrandero, no infunde miedo sino hilaridad a pesar de sus actos abominables.   Difícil creer, por lo tanto, que este insignificante bufón haya causado tanto mal impunemente.

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El verdadero Marcial Maciel. Esta imagen se muestra en el relato, pero con un ridículamente mal elaborado fotomontaje con el rostro de Juan Manuel Bernal

 

Alguna vez oí decir, de una persona que le conoció en persona, que Marcial Maciel tenía una presencia imponente, con una voz casi hipnótica y una mirada que podía conmover a todo aquél que tuviese cerca.    Exagerado, pero es obvio que Maciel era un sociópata, incapaz de sentir remordimiento y gozoso de ejercer el mal pero a su vez encantador, capaz de seducir a las masas y de rodearse de seguidores.  De este seductor y siniestro villano, sin embargo, nada vemos en este intento de película pues se nos muestra a un frágil y delicado payaso que, sin embargo, parece haberse enamorado sinceramente de su protegido  ¿Dónde quedó la denuncia de un malvado, pues?

 

Todo a medias tintas

 

A la nada clara relación entre el cura disoluto y su inocente víctima sumemos los débiles intentos por mostrar la supuesta represión ejercida en los seminarios.  La huida de uno de los aspirantes  es frustrada por dos de los muy afeminados esbirros del cura, pero nada más sabemos de él.  La actitud de los nuevos seminaristas sugiere que fueron forzados a tomar los hábitos, pero ésto es sólo sugerido.

Por otra parte, la película tiene un final abrupto y ambiguo.  Jamás sabemos de las denuncias que eventualmente llevarían a la caída del pseudo Maciel. No conocemos la reacción de la opinión pública.  No sabemos del destino de la orden que el cura fundó ni del destino de sus otras víctimas. Mucho menos sabemos de las heridas psicológicas resultantes.

Y finalmente, por supuesto, el relato peca de ambicioso al tener varios objetivos:  atacar a la Iglesia en su totalidad, el denunciar la pederastía en lo general y de Marcial Maciel en particular y retratar lo que parece ser un romance gay secreto, pero sin profundizar adecuadamente en ninguno de ellos.  Un licuado sin sentido, ofensivo pero sin sustancia, trasgresor pero sin un mensaje claro.

 

¿Y el entretenimiento?

 

Como si fuera poco, el ritmo del relato es lento y aburrido, las actuaciones cuando no caricaturezcas y exageradas son planas y desencantadas.   La música, genérica y monótona.  La ambientación, promedio.  Acaso lo único decente es la fotografía… gran logro…

 

Conclusión

 

Los realizadores afirman que se trata de una denuncia contra la pederastía en la Iglesia y no la biografía de un pedófilo.  Pero al final no es ni una ni otra.   Tampoco podría ser una reivindicación de las parejas homosexuales, al sugerir un genuino romance entre el cura y su víctima,  pues aquí los gays  son ridiculizados y convertidos en villanos.  Pobres y grotescos intentos por criticar el celibato, dejando ver los responsables que siguen fijos en la errónea idea de que la solución para la pederastía sacerdotal es permitirles casase… claro, como si todos los solteros fuesen pedófilos y ningún pedófilo fuese casado.

Este absurdo montaje apuesta a la especulación por sobre los hechos, a lo subjetivo sobre lo objetivo, al morbo barato sobre la denuncia,  y al estereotipo sobre el análisis, al cliché y a la provocación sobre el análisis.   Plana, aburrida y claramente producida al vapor para estrenarse cerca de las recientes y polémicas canonizaciones de Juan XXIII y Juan Pablo II, Obediencia Perfecta hace un muy flaco favor a las víctimas de Maciel o de cualquier otro sacerdote involucrado en la pedofilia al casi hacernos simpatizar con el villano.

 

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Fracasa rotundamente como vehículo de entretenimiento.  Como medio de denuncia, es tibio y nada concluyente. Como exploración de la psicopatología del pederasta o las secuelas en las víctimas, ni se molesta en tocarlas. Como crítica al catolicismo,  es estereotípica y se apoya en las críticas de siempre.

Todos, pero absolutamente todos deben alejarse de esta basura.  Vive Dios que me duele y enfurece el sufrimiento de las víctimas de estos crueles sociópatas  y justamente los conmino a evitar esta patética parodia pues minimiza y caricaturiza los crímenes que pretende denunciar. Los fieles católicos, las mujeres y los varones homosexuales se sentirán agredidos por el descarado desfile de clichés negativos. Los  anticlericales o anti-católicos no encontrarán atractivo alguno pues más que una crítica hacia la institución es una pobre y nada divertida parodia sobre ella.  El mexicano odiará este montaje por ser otra mancha en la castigada cinematografía nacional. Y el cinéfilo se sentirá atacado por presenciar tan ambiguo, aburrido y desastroso remedo de película.

Les aseguro que esta imagen es más efectiva como crítica que este intento de película

Les aseguro que esta “película” no es más que esta imagen pero en secuencia…

 

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Acerca del autor

Dr. Dark    

Médico de profesión y cinéfilo de corazón. Amante del buen cine y destructor del que no lo es.


8 comentarios

    • Tomaré en cuenta su sugerencia para verla y criticarla. Al menos el trailer promete sordidez y contundencia y no una mala caricatura. Saludos y gracias!

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  • Muy bien… ilústranos y dinos cómo debió contarse esta historia. Si eres médico de profesión y cinéfilo de corazón. Amante del buen cine y destructor del que no lo es; por favor danos un ejemplo de “buen cine”, de una gramática bien llevada y de una historia verosímil. Te cala la trama porque te gana culpa. Esperas que sea “el señor” quien de castigo. Te diré algo. Yo soy cineasta con grado académico, realizador por casi 25 años… jamás haría un comentario de medicina. Te doy otros datos: la película está terminada desde hace más de un año, no tiene qué ver con la ceremonia que citas y el Director fue seminarista, aspirante a sacerdote. Si eres médico como crítico de cine, espero no estar en tus manos nunca. Si no te gusta la película -lo cual es natural, a otros sí- solo di eso, pero no asumas el papel de rector (Como practicante de la fe católica y con el inmenso gozo de tener en mi familia a un abnegado miembro de una congregación religiosa…)
    Está bien que te gane la fe, el cura de tu parroquia estará orgulloso de ti, pero de cine, mejor no platiques.
    Saludos
    juan+dEmonio

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    • Primero que nada, le saludo atentamente y le agradezco su tiempo y el haberse tomado la molestia de leer mi escrito y comentarlo.

      En primer lugar, veo que le incomoda que un médico escriba en un espacio dedicado al cine. Le aclaro que en cinescopia no nos ostentamos como profesionales (nuestros perfiles, usted debe saberlo, son primordialmente ornamentales) y mucho menos recibimos pago alguno por lo que aquí hacemos. De tal manera que contraponer mi actividad en este blog con mi profesión no es precisamente adecuado y mucho menos es razón para conminarme a abstenerme de escribir en él. Si, por el contrario, se tratase de una revista especializada, por ejemplo, y cobrase por ello entonces sí estaría usurpando plenamente funciones que no me corresponden.

      Sobre la “culpa que me gana”, creí haber sido claro en cuanto a que comparto la pena que sufren las víctimas y me indigna profundamente la impunidad de la que gozan los perpetradores. Justamente es una de las razones por las que odie esta película pues en poco o nada ayuda a denunciar estos horrendos crímenes. Corríjame si estoy mal, pero el que usted afirme que me he dejado llevar por una culpa que por supuesto no siento ni tengo, me hace pensar que a su juicio todos los católicos compartimos algo de responsabilidad en estos hechos con lo que se expone como anticlerical.

      Y le pregunto ¿En qué momento insinué siquiera que espero “un castigo de Dios”? ¿Acaso no expresé mi furia por que ni Maciel ni sus secuaces terminaron en prisión? Ciertamente, menciono que eliminar el celibato sacerdotal no serviría de nada para dar fin a estos abusos ¿Eso implica que espere una solución milagrosa?

      Pasando a lo importante, responderé a su pregunta: Esta historia debió contarse con solidez, con hechos, mensajes concretos y, sobre todo, de una forma entretenida, y no con este lamentable circo de clichés baratos que usted, dada su preparación académica y experiencia, ha de conocer mucho mejor que yo; además, la innecesaria caricaturización y ridiculización del clero y la ya muy gastada fórmula de “eliminemos el celibato” no venían al caso. La trama “me caló” por difusa, pretenciosa, pero nada concluyente. Maciel, un infeliz sociópata, debió ser retratado como lo que era y no como un cura picaro y travieso.

      Se equivoca usted, por otra parte, al acusarme de asumir el papel de “rector” atribuyéndome una supuesta superioridad moral por ser fiel católico y pariente de un religioso. Fui claro en que es justamente por eso que exijo buenas películas que den a conocer al mundo estos crímenes abominables y no aburridos montajes con las mismas quejas anticlericales de siempre: “que se casen los sacerdotes” “que la Iglesia sea divertida” “todos los sacerdotes son gays y afeminados”… La supuesta “verdad” que prometía la publicidad jamás aparece… Y si el realizador fue seminarista, aquí no se nota ni un poco de ese conocimiento. Si la película se terminó hace tiempo y no fue producida al vapor, como yo erróneamente asumí, peor aún: con tiempo suficiente dieron lugar, de todos modos, a un muy pobre montaje.

      Mil veces mejor realizada (y claro, entretenida), la película The Magdalene Sisters, que si bien no se centra en la pedofilia sí expone con sordidez y contundencia los abusos cometidos en contra, en este caso, de internas en un convento femenino. Y para críticas al tan manoseado celibato está la no sublime pero sí divertida Crimen del Padre Amaro. Vaya, para burlarse de los cánones católicos y cristianos en general, mejor leamos El Código da Vinci. Estas obras que menciono las he visto y disfrutado pues a diferencia de Obendiencia Perfecta sí son películas entretenidas y con un mensaje claro. No odié Obediencia Perfecta por atacar a mi fe, que eso es ya moda actualmente, sino por ser una mala, tramposa y pretenciosa película.

      Reciba un afectuoso saludo y de nuevo le agradezco su comentario, amén de ser un honor compartir opiniones con un cineasta experimentado.

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  • ¿¿En que mente idiota cabe el criterio que para apreciar el cine es necesario ser “cineasta de grado académico??
    ¿Acaso es esta la única critica que ha catalogado esta película como un bodrio? ¿Puede ser buena si estuvo enlatada un año?
    ¿Puede tomarse la película en serio, si evita el rigor documental y a la verdad y no sólo esta “inspirada” en libros que apenas y llegan al Sanborns?
    Este tipo de películas es alimento mediocre para quienes salivan con los editoriales de Proceso y con jacobinas de izquierda como Carmen Aristegui.
    Hartos debemos estar TODOS los que pagamos por ir al cine (aunque no seamos “cineastas”) de aguantar estos vehículos vulgares, tendenciosos y amarillistas.
    Soy Héctor Dávila, de Monterrey. Y sostengo mi argumento, sin anonimatos cobardes.
    Saludos Doc!

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  • Saludos, apreciable amigo.

    Concuerdo completamente con usted en que este pobre ejercicio cinematográfico no pude tomarse en serio pues apuesta al amarillismo y a la provocación por sobre los hechos. Prefiere mostrarnos escenas grotescas e innecesarias en lugar de profundizar en la psicopatología del supuesto Maciel o abundar en sus redes de corrupción. Optó por un aburridísimo ambiente contemplativo en lugar de ofrecer el drama y el dolor esperados ante tanto mal.

    Difícil de creer que la película, enlatada un año, se estrene justo ahora de forma casual y no para aprovechar el impulso mediático de la canonización de Juan Pablo II. Es clara la visión comercial para atraer a la masa anticatólica y jacobina nacional… pero francamente Obediencia Perfecta es tan, pero tan mala que dudo que guste incluso al anticatólico de izquierda más recalcitrante.

    Saludos afectuosos y muchas gracias por su comentario

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