Pressure: La misma historia desde otra perspectiva

Parece que Hollywood jamás se cansará de lanzarnos películas sobre la Segunda Guerra Mundial, apostando por nuevas versiones de “historias jamás contadas”, según esto, tomando puntos de vista de nuevos personajes para contar otro lado de la moneda. Así que, dentro de la dosis de cine bélico veraniego, este año llega Pressure, dirigida por Anthony Maras, un director no muy conocido con tan solo 5 películas dirigidas en su historial. 

Pressure (o “El Día D: Bajo presión” en su traducción para Latinoamérica) cuenta las 72 horas previas al Día D, reconociendo al meteorólogo James Stagg como su protagonista, al centrarse en su aporte a dicho evento histórico.

No es un secreto que este tipo de filmes siempre son una dramatización de lo que en realidad pasó, explotando al máximo los recursos y generando muchas situaciones que añadan tensión extra a su conflicto principal: aquí no solo hay un problema, si no que todo se conjuga para que existan rivalidades y dramas familiares en medio de una situación que ya es de por sí complicada. 

Pressure comienza de la manera más cliché posible, presentándonos vínculos familiares aspiracionales, una típica historia de alguien nuevo en un puesto de trabajo en el que las envidias no quedan de lado y por supuesto, no podía faltar ese clásico humor “involuntario” que se siente forzado (y nada gracioso) digno de casi que cualquier biopic.

Después de esta serie de introducciones necesarias y con algunos contratiempos, las cosas se empiezan a poner mejor rumbo al climax del filme, mientras el director se las ingenia para crear ese suspenso que se necesitaba, y que, a pesar de ya conocer la dirección que seguirá la historia, logra preservar el interés guiando hacia ese desenlace que esperábamos. 

Claramente no necesitamos una nueva película sobre la Segunda Guerra Mundial, pero se agradece que esta vez nos cuenten una perspectiva distinta y que a pesar de no parecer una muy interesante, esas decisiones dramáticas en la que se decidió revelar algunos hechos de la cinta, hace que la tensión funcione para tener ese efecto “peliculezco” que obviamente se aleja de lo que en realidad sucedió. 

Las actuaciones no resaltan a un par de personajes un tanto planos, aunque parecen un tanto adecuados para su época. Brendan Fraser hace su parte y se luce en los momentos donde la intensidad sube unos cuantos decibeles, aunque su personaje parezca más blando de lo que debería. Por su parte, Andrew Scott intenta un acento escocés un tanto tibio, aunado a un protagonista cuya personalidad es poco efusiva y no cuenta con muchos matices.

Pressure es entretenida en mayor parte y pasa la prueba como drama histórico correcto, pero no se salva de ser una de esas películas que se ven una sola vez en la vida, pues a final de cuentas, no es lo suficientemente destacable dentro de un género que ya está sobre exprimido dentro del séptimo arte.

Acerca del autor

Kim Tobias   @kimm_tobias  

Enamorada del cine clásico y los guiones astutos. También odio los finales felices... ["La estimulación visual es la razón del cine. De otra manera podríamos simplemente apagar las luces y llamarlo radio" R.A.]


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