Recomendación de Culto: The Warriors de Walter Hill

Cyrus,  líder elevado a la categoría de cuasi-profeta en el mundo de las pandillas, convoca una noche a todas las bandas de Nueva York. Desde Coney Island bajo el mando de Cleon han viajado los Guerreros cumpliendo el acuerdo pre-establecido de no portar armas.  Una vez reunidos en el Bronx, Cyrus da un mensaje tan alentador para los pandilleros como sobrecogedor para el espectador: Por cada policía que hay en la ciudad hay un hermano, lo que significa que de mantenerse una tregua respetando los límites territoriales de cada banda,  podrían convertirse en dueños de la urbe de hierro por encima incluso de la mafia. La figura mesiánica de Cyrus convence a la multitud enardecida que lo aclama. Sin embargo, Luther, jefe de los Rogues escondido entre la gente, lo asesina de un certero disparo y al verse descubierto por un miembro de los Guerreros no duda en inculparlos.

Con decenas de pandillas que los creen responsables del atentado y la policía tras sus espaldas, los guerreros Swan, Ajax, Rembrandt, Cochise y Vermin iniciarán una verdadera odisea para llegar a casa.

Gracias a esta premisa y a un ritmo trepidante que no da pie en ningún momento al aburrimiento,   Los Guerreros, es la película más recordada en la carrera de Walter Hill. Ex ayudante de dirección de Norman Jewinson y Woody Allen, Hill supo abrirse camino en Hollywood primero como guionista de La huida (1972), y posteriormente como director de El peleador callejero (1975) y El conductor (1978). Su galería de antihéroes violentos lo perfilaron como el heredero natural de Sam Peckinpah.

Los guerreros no es una aventura de violencia gratuita, es sin duda un efectivo ejercicio de estilo visual y narrativo con el que, el director consigue adaptar las epopeyas griegas a la época actual y al contexto urbano . Es así que, la historia es contada a través de la voz de una locutora de radio que sustituye a los coros del teatro clásico, las sirenas que con sus cantos desvían de su camino a los marinos son chicas de la vida alegre y, el descenso a los infiernos encuentra eco en los lugúbres vagones del metro.

El guión de Walter Hill y David Shaber está basado en la novela homónima de Sol Yurick, inspirada a su vez en el Anábasis de Jenofonte, historia situada en el año 401, en donde unos soldados griegos debían cruzar territorios hostiles de no rendirse ante un rey extranjero.

En 1979, año del estreno, las críticas no se hicieron esperar. Los grupos conservadores la consideraron una apología de la violencia. La idea propuesta por Cyrus en la película no era tan descabellada, si las bandas se unían para formar una asociación delictuosa a gran escala nadie podría detenerlos. La preocupación de los exhibidores aumentó cuando se registraron disturbios provocados por jóvenes que intentaban emular a los pandilleros destruyendo las salas de cine.

Por fortuna hubo quien comprendió la intención real de Walter Hill. Los guerreros, fue una película de pandillerismo, cine de evasión puro, sin pretensiones moralistas ni aleccionadoras. La ausencia de rostros conocidos fue una de las claves para otorgarle verosimilitud. Para Michael Beck (Swan) el filme significó un “One hit wonder”. De acuerdo, al año siguiente apareció en Xanadú pero siendo honestos ¿Alguien lo recuerda?, mientras que para James Remar (Ajax) fue el despunte de una larga carrera en cine y televisión. Si no lo ubican, es Harry Morgan el padre adoptivo de Dexter en la serie del mismo nombre.

No puedo evitar mencionar que el soundtrack también es de antología. Cómo olvidar la secuencia inicial con el tema de Barry De Vorzon o los créditos finales a ritmo de In the City interpretada por Joe Walsh.

Los guerreros es una cinta de culto que no deben perderse ¿Qué esperan? Parafraseando a Luther… ¡Vengan a jugar!

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Acerca del autor

Flaco Cachubi     blogcinefantastico.blogspot.mx/

Amante del séptimo arte desde que tiene memoria o lo que es lo mismo desde que vio Superman. Sus géneros favoritos son el horror, la fantasía y la ciencia ficción. Ferviente admirador de Hitchcock y asiduo lector de Stephen King. El cine de luchadores, su máximo placer culposo. Se describe a sí mismo como un ser viviente que cultiva su mente, para ser un cadáver muy culto.


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