Siberia: Más mala que un invierno sin chamarra

Keanu Reeves jamás ha sido sinónimo de buenas actuaciones o elecciones de películas. Sí tiene sus chispazos como con Speed, Matrix o John Wick y párele de contar, pero sus personajes suelen hablar en monosílabos y cierto es que no nos molesta mucho cuando hay buena acción. El problema es que al encasillarse en un solo género cada película que hace se mide con la misma vara. Es decir, John Wick no es una buena película pero es sumamente entretenida, la historia es simple y tiene trasfondo, acción y la dirección la hace ágil aunque tenga poco que contar.

Bueno, eso no pasa con su última película SIBERIA. Es tan mala como una noche de invierno en los bosques siberianos. Es tan mala como salir con fiebre y sin chamarra en un invierno de 2°C, tan mala como un pozole a la media noche. No me cree, deje que le cuente.

La historia: Bueno pues no hay. Se supone que esto va de un comerciante de diamantes que debe cerrar un trato con un cliente ruso que espera una docena de estas joyas azules. Muy raros, muy costosos, pero el socio de Lucas Hill (Keanu), no aparece por ningún lado. Nos pasamos una hora de la película con Keanu haciendo llamadas telefónicas cada 5 minutos a un supuesto amigo del que no sabe dónde se metió y todo parece indicar que el fulano al parecer se hizo ojo de hormiga. Sale Molly Ringwald (Gabby, la esposa) en una sola escena que sinceramente está de más y bien pudieron haberla omitido, al igual que toda esta película.

Pasa una hora y ya sabemos en qué se va a acabar esto pero hay que darle el beneficio de la duda. Keanu nos da muestras de su acento ruso que curiosamente de pronto hablan para pasar igual de súbito al inglés, según les convenga.

La chica rusa (Katya/Ana Ularu) solo quiere acostarse con Keanu para después reclamarle por estar con ella si el tipo es casado. Un personaje que es tan odioso pero que al parecer es la única historia que hay porque de acción intriga o misterio no hay absolutamente nada.

Usualmente en las películas de intriga hay  algún tipo de detonante para alguna escena de acción, una pelea a puño limpio o con cuchillos (estamos en la maldita Madre Rusia por todos los cielos, que corra el vodka o la sangre, o algo… pero que corra), pero no, no corre nada, ni sangre, ni vodka, ni fiestas ni golpes ni balas.

La música de Daniel Bensi y Saunder Jurriaans evoca los thrillers o películas de intriga de los 70’s y creo que es lo único que resalta.

Si el director Matthew Ross va a presumir que su película se desarrolla en Rusia lo mínimo que pudo hacer es darnos un vistazo de la Plaza Roja o la Catedral de San Basilio o El Kremlin o de perdido pudo ponernos aunque fuera botellas de Vodka regadas en cada toma, pero  no, al parecer ni eso se le ocurrió, resultando también en una ambientación desastrosa

Siberia es insufrible hasta el final, y lo peor es que nada pasa jamás y en los 10 minutos clímax uno se queda perplejo ante la falta de creatividad para darle conclusión a tan innecesario ejercicio fílmico. Hay que alejarse de esta película si es que usted está confundido con la imagen de Keanu en John Wick. Pero si es curioso como yo y tiene esperanzas en el buen Keanu, pues ahí nos cuenta lo que le pareció a usted.

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