The Dreamers: Sueño, utopía y un despertar interior
Matthew (Michael Pitt), un joven procedente de EUA (o sea, gringo), va como estudiante de intercambio al París de 1968; él, como buen cinéfilo, acude con frecuencia a la cineteca donde conoce a Isabelle (Eva Green) y su hermano Theo (Louis Garrel) con quienes rápidamente entabla una fuerte amistad. Ellos le invitan a abandonar su hotel y quedarse en su casa, ya que sus padres han salido. Los hermanos lo hacen parte de su bizarra relación co-dependiente y casi incestuosa, desarrollando una serie de juegos psicológicos cada vez más extremos, poniéndose a prueba para averiguar hasta dónde son capaces de llegar. Esto es The Dreamers

La evidencia al desnudo
El contexto social y político en el que se desarrolla The Dreamers es, como mencioné, París de 1968, aquella revolución de mayo que encabezaron los jóvenes universitarios, que a su vez desencadenó una serie de protestas alrededor del mundo (incluido nuestro México). Sin embargo, en la cinta se muestra sólo una probadita de toda esa “generalidad” y una gran parte de lo “particular”. Los tres jóvenes representan aquella deseada libertad, que termina por cruzar la delgada línea para convertirse en libertinaje. El filme muestra esa ironía de las ideas izquierdistas, de defender a la clase trabajadora, de ir en contra del sistema consumista, mientras que los jóvenes viven de los cheques que les dejan sus padres y se dan una vidaza de lujazo, bebiendo vinos caros, viendo películas clásicas y simplemente haciendo “nada”.
Parece que el único personaje sensato en The Dreamers es Matthew, quien les hace ver su falta de madurez, la incongruencia de sus ideas con sus actos y lo enfermizo de su relación co-dependiente. Aun así, Matthew llega a ser presa de los juegos de los hermanos e incluso de disfrutar de sus locuras. Termina relacionándose íntimamente con Isabelle y respondiendo a las confusas insinuaciones homosexuales de Theo (¿o será Matthew quien se le insinúa?).

Al término de The Dreamers nos queda la mala imagen de que aquellas protestas eran dirigidas por jóvenes de este tipo, que proclamaban una superioridad intelectual pero que a fin de cuentas eran unos niñatos inmaduros que no sabían ni cómo ganarse un peso. Estoy seguro de que la realidad fue otra y que realmente había gente inteligente metida en estas protestas. Pero bueno, esto no se trata de criticar los sucesos de aquella época y sus actores, sino la película del también director de “El último Tango en París”.
A pesar de lo mencionado, “The Dreamers” está realizada con una técnica impecable: El manejo de los escenarios, las inserciones de escenas de películas clásicas (un deleite para los ojos de los verdaderos cinéfilos), la música magistralmente elegida, e incluso, las escenas de desnudos integrales, primeros planos de órganos sexuales, masturbación y coito, parecen tan naturales que uno ni siquiera nota en qué momento pasaron del diálogo a la acción.

En conclusión, “The Dreamers” es una película que vale la pena ver, que nos pone a pensar un ratito en qué fue lo que realmente pasó en aquella época y qué es lo que pasa por la mente de las personas que están en pleno despertar de su sexualidad, pero que enfrentan a la autoridad sintiéndose superiores.
Además de ver The Dreamers, les invito a que investiguen los hechos antes mencionados, ocurridos en 1968.