Toy Story 5: ¿Ha terminado la era del Juguete?

La eterna lucha del padre millennial en contra del abuso en el uso de los dispositivos electrónicos tales como celulares y tablets se ha puesto más complicada en el último par de año. Según datos oficiales, hasta un 58% de los niños de la generación “Alpha” (nacidos del 2010 hasta 2025) tienen su propia tableta. Irónicamente este aumento ha sido auspiciado incluso en LATAM por una figura que creíamos en principio nuestra aliada: la educación, siendo en al menos los grados bajos de instituciones privadas una obligación escolar el uso de las tabletas como instrumentos de aprendizaje y juego. Bajo esta perspectiva, uno de los padres de Pixar y guionista de toda la saga de Toy Story, Andrew Stanton, regresa para que, a través de Toy Story 5, dicha problemática pueda encausar no un discurso ante una batalla perdida, sino un mensaje que clama por el equilibrio usando el arma más poderosa que tienen los millennials (que vieron nacer Toy Story) para combatir la intromisión tecnológica en sus hijos: la nostalgia

Uno de los primeros aciertos de Toy Story 5 es ir directamente al conflicto con el cuestionamiento ¿La era del juguete ha terminado? La respuesta tiene sus claroscuros. Es afirmativo que la industria juguetera muestra actualmente signos de descenso y estancamiento, sin embargo, quiénes aún la sostienen no son precisamente los niños, sino sus padres con dos claros objetivos: el coleccionismo o el encausamiento de este con sus gustos y preferencias hacía con sus hijos. Este comportamiento, más un esperanzador aumento de juego al aire libre en los espacios públicos (al menos estadísticamente en México), es muestra de un balance que dicha generación busca ante el embate de los malditos “shorts”, influencers, videojuegos, apps y la realidad virtual.

En referente a la cinta, Stanton aprovecha esta premisa para asentar el cambio de Bonnie, dejando a sus juguetes y a la imaginación de lado para adentrarse a la hipnosis de su nuevo aparato. Es en este punto donde Toy Story 5 plantea la problemática principal, y es que más allá de la ayuda que puedan dar estos aparatos en cuanto a cuestiones de razonamiento lógico, compresión de lectura o resolución de problemas matemáticos, su mayor aporte es disminuir la capacidad del niño y/o adolescente por sociabilizar con las demás personas y/o su entorno, una incapacidad que pareciera sacada de un cuento de horror de ciencia ficción donde el humano pierde de apoco su habilidad por entablar una relación cara a cara.

En cuanto a la narrativa y el tratamiento de sus personajes, Stanton, a diferencia de la pasada entrega (infravalorada, aunque ciertamente hasta ahora la menos mejor de la saga), da el equilibrio y peso necesario a su tríada, siendo Jessie la protagonista sin que su círculo ahora completo se interponga con la importancia que Buzz y Woody aportan a la trama; el astronauta recuperando presencia tras casi ser relegado en la cuarta, y el vaquero regresando de la manera menos forzada y más orgánicamente posible sin irrespetar su proceso y previo término.

El equilibrio de Toy Story 5 se complementa con la buena inclusión y motivación de sus nuevos personajes, en especial con el ejército de los Buzz y tres aparatos pretecnológicos de preescolar, todos ellos sirviendo como metáfora en cuanto al sano balance que debe (debería) existir en la generación Alpha. No es un accidente que, por ejemplo, Bonnie y sus amigas personifiquen el segmento poblacional infantil con mayor amenaza en cuanto a esta nueva ola de intromisión tecnológica, mientras que la nueva y verdaderamente entrañable personaje, perteneciente al primer modelo de los Alpha (preadolescente), materialice dicho equilibrio al vivir en un entorno más natural y presentar un comportamiento más balanceado entre el uso del juguete y la tecnología

Por su parte, la lucha interior de Jessie nunca pierde su importancia narrativa, dando a Toy Story 5 ese halo entre nostalgia y frescura que ha acompañado a cada argumento y problemática de los juguetes al crecer ya con tres generaciones (millennials que los vieron, centennials con Andy y alphas con Bonnie). El viaje de la vaquera llega a dos puntos de inflexión emocionales, uno más intenso e interno, el otro más astuto y romántico, poniendo conclusión a los cabos relacionales y traumáticos sueltos tanto de su pasado, como de esta tríada.

Quizá lo más criticable de esta nueva entrega sea que el metraje ya no ajustó para dar al demás reparto de juguetes más tiempo en pantalla, pero dicho sacrificio era necesario también para la moraleja final, en la que la tecnología, un villano accidental que ha irrumpido sin conocimiento previo de su motivo, se reforme por el bien del comportamiento y las relaciones humanas. Un mensaje ideal en el que la sociedad quisiera creer, pero que desgraciadamente se aleja irónicamente más de nuestra realidad conforme pasan los años.

Toy Story 5 fusiona pasado, presente y futuro en otra aventura tan emocional como emocionante. En términos fílmicos, la saga de los juguetes es quizá la única invicta en el cine en cuanto a calidad se refiere, pues las hasta ahora 5 entregas van de joyas a buenas películas; dentro de temas socio comerciales, la brecha entre la realidad y la tecnología se encuentra en su punto de inflexión, siendo la generación Alpha la más amenazada, pero también la esperanza de la humanidad. Quizá esto suene más a algo sacado de una película de James Cameron que de Pixar, pero créanme que tienen más en común de lo que parece

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Acerca del autor

El Fett   @El_Fett   cinescopia.com

El más realista y cabrón crítico de cine que pueda existir. Ente sin misericordia que tiene el halago de transmitir a los mortales su sentir y sabiduría en el mejor recinto sobre el séptimo arte. Cinéfilo de corazón y crítico crudo por vocación. Alter ego del Licenciado en mercadotecnia y RRPP Oscar M Rodríguez (FB) Sigueme en twitter @El_Fett


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