Venecia 2026: Chiuso y con algo de gusto argentino
Todo festival tiene un último día un tanto extraño. Venecia no iba a ser la excepción. El cansancio pesa, las quinielas ya están hechas y la atención comienza a desplazarse hacia los palmarés. Bajo la tradición de La Biennale, a esta altura los triunfadores ya saben quiénes son y están a las corridas para llegar a la alfombra de mañana. Pero ante los ojos de los mortales, Venecia todavía hoy guardaba algunas cartas. La competencia cerró con dos filmes que, cada uno a su manera, cuentan historias de individuos enfrentados a aquello que no pueden seguir postergando. A Bit of Light del iraní Ali Agari y Ritorno a Buenos Aires, el regreso de Marco Bechis a uno de los territorios más dolorosos de su cine.

Asgari llega con una película pequeña en dimensión y grande en preocupación. A Bit of Light sigue a Arash, un médico iraní cuya licencia es revocada después de atender a manifestantes heridos y que, vencido por la realidad que lo rodea, decide poner fin a su vida. Lo que sigue es un relato construido a partir de encuentros, conversaciones y pequeños acontecimientos que, de a poco, comienzan a introducir aquello que parece más necesitar, un mínimo destello de luz.
El realizador desafía a mirar al Irán contemporáneo, así como su extraña normalización del desastre dado por la represión política, las amenazas de guerra y el desgaste de la vida cotidiana. Algunos críticos hasta dan crédito al espacio que le da al humor negro y, aunque la recepción no ha sido acalorada, si destacan el gran trabajo de Missagh Zareh (protagonista de The Seed of the Sacred Fig) y la capacidad de Asgari de extraer humanidad aún desde una historia tan sombría.

De regreso a Buenos Aires
Más de veinticinco años después de Garage Olimpo, el realizador chileno-italiano Marco Bechis vuelve a enfrentarse a las heridas de la última dictadura argentina con su Ritorno a Buenos Aires. Una especia de continuación espiritual de su antecesora, con el foco en la tortura y las heridas sin cerraro.
Adriano Giannini interpreta a Mario Guerra, un médico italiano que regresa a Buenos Aires décadas después para testificar contra los hombres que lo secuestraron y torturaron. Sin embargo, Bechis parece despegarse de la tradicional imagen del sobreviviente como héroe, sino de un hombre consumido por la culpa de haber colaborado con sus captores. Aquí parece estar lo más incómodo del filme, la interrogante respecto hasta dónde puede juzgarse aquello que una persona hizo bajo tortura. Y aunque en términos de derecho la absolución es posible, la carga memorial operan desde el drama psicológico.
La insistencia de Bechis en este relato tienen que ver con su historia personal tras haber estado captivo durante la dictadura cívico militar de Argentina. Aunque el filme no está filmando su historia, si reabren una herida que el cineasta conoce demasiado bien. La crítica ha señalado que Ritorno es menos visceral que Garage, pero reconocen la potencia moral de su planteo y la imposibilidad de reducir esa experiencia a víctimas puras y culpables evidentes. En tiempos donde el pasado vuelve a ser relativizado, cintas como esta insisten en que determinadas heridas no permanecen abiertas por capricho, sino porque jamás dejan de doler.

Russell, multifacético hasta el final
Fuera de competencia se proyectó What Love Builds del icónico Russell Crowe. Un documental que repasa el vínculo con la música de neozelandés, una arista que muchas veces se ve eclipsada por su prolifera carrera como actor. Material de archivo, actuaciones y reflexiones personales construyen la imagen de un Crowe que lleva décadas alternando sets de filmación con escenarios. Actor, músico, productor y ahora protagonista de su propio recorrido musical.
Y así, Venecia dice adiós. ¿Cómo termina la historia? ¿Qué lugar tendrá para los cinéfilos esta competencia? Mañana lo descubriremos.