Venecia 2026: Consolidando los talentos del pequeño Affleck y Zeller

Venecia entra ya en su recta final y el certamen continúa avanzando con algunos de los títulos más esperados de la competencia, mientras las secciones paralelas y fuera de competencia siguen aportando propuestas que complementan una programación cada vez más sólida. Pero si algo marcó el octavo día fue la llegada de dos películas que, desde aproximaciones completamente distintas, volvieron a poner sobre la mesa el talento de sus realizadores: Búnker, de Florian Zeller, y Company, el regreso de Casey Affleck a la dirección.

Zeller, uno de los directores favoritos del festival desde su paso por Venecia con The Father y The Son, regresó con Búnker, thriller psicológico que logró hasta ahora una de las ovaciones más largas del certamen. Penélope Cruz y Javier Bardem interpretan a Sofía y Miguel, un matrimonio español instalado en Londres que, después de casi dos décadas juntos, comienza a cuestionar aquello que parecía mantenerlos unidos. La crisis se agudiza cuando Miguel, un exitoso arquitecto, recibe una millonaria oferta de un magnate tecnológico para diseñar un gigantesco búnker de supervivencia en Hawái, un proyecto que entra en conflicto directo con los ideales que ambos han defendido durante su vida. Mientras tanto, Sofía atraviesa su propia crisis profesional y emocional, haciendo que ambos se pregunten si todavía comparten los mismos valores, deseos y creencias.

Zeller vuelve a explorar sus obsesiones alrededor de la identidad, la memoria, el amor y la percepción de la realidad, pero esta vez trasladándolas al terreno de las relaciones de pareja. Cruz y Bardem hacen alarde de sus extraordinarias dotes histriónicas y, sobre todo, de una química natural que vuelve creíble tanto el amor como el desgaste de sus personajes. Sin embargo, el verdadero protagonista es el sofisticado guion de Zeller, que convierte las discusiones domésticas en auténticos duelos morales y juega constantemente con aquello que el espectador cree estar presenciando. Aunque la recepción crítica ha sido dividida, incluso las voces más severas reconocen la fuerza de sus protagonistas y la precisión de varios de sus diálogos.

El segundo gran título del día fue Company, con el que Casey Affleck regresa a la dirección después de I’m Still Here y Light of My Life. La película parte de una reunión navideña aparentemente convencional para introducir a una misteriosa mujer que comienza a contar una historia heredada de un familiar moribundo.  A partir de ahí, Affleck construye una narración de historias dentro de historias que atraviesa distintas épocas —1975, 1953 y 1903—, jugando con la manera en que el pasado, el presente y los relatos que contamos sobre nosotros mismos pueden terminar mezclándose hasta hacer difícil distinguir entre verdad, memoria y ficción.

Affleck demuestra nuevamente una sensibilidad cinematográfica poco común, especialmente en su atención al diálogo y a la construcción de atmósferas. Company es una película que confía en la palabra, en los silencios y en la capacidad de una historia para transformarse mientras es contada. Su juicio moral final, sin embargo, resulta quizá demasiado drástico y, por momentos, confuso, además de que la estructura de relatos encadenados puede terminar jugando en su contra. Aun así, la película consolida a Affleck como un director Top, capaz de abordar materiales complejos con una personalidad propia y una atención al detalle que pocas veces encontramos en el cine estadounidense contemporáneo.

Venecia sigue entregando nombres para la conversación por el León de Oro. Búnker confirma que Florian Zeller continúa siendo uno de los cineastas más interesantes de la competencia, mientras Company demuestra que Casey Affleck, detrás de la cámara, merece ya ser tomado tan en serio como delante de ella. A estas alturas, la carrera por el premio comienza a calentarse y cada nueva película puede cambiar por completo el tablero.

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Acerca del autor

Jose Roberto Ortega    

El cine es mi adicción y las películas clásicas mi droga dura. Firme creyente de que (citando a Nadine Labaki) el cine no sólo debe hacer a la gente soñar, sino cambiar las cosas y hacer a la gente pensar mientras sueña.


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