Verity: La Rosa de Guadalupe versión thriller literario

Si Michael Showalter quería hacer una comedia involuntaria con tres interpretaciones paródicas que llevaran al thriller literario a un tono de telenovela para cagarte de la risa ¡Entonces lo logró! Pero desgraciadamente Verity esconde un secreto más oscuro que sus 826 giros de tuerca forzados, y eso es ser uno de los ejercicios más nefastos e insufribles dramáticamente hablando del año, sin duda una película que califica simple y llanamente como “mal cine”.

Verity relata la historia de una famosa escritora de una saga de novelas que se han vuelto famosas por narrar los hechos desde la perspectiva del asesino y/o del villano, pero cuando esta tiene un accidente que le impide terminar su última novela, sus agentes y su esposo contratan a una joven novelista de thriller como “escritora fantasma”, la cuál se mudará a la casa de sus empleadores para checar las notas dejadas para la culminación de la novela

El planteamiento y el cast lucen correctos, e incluso su director que, aunque venido a la baja, suele mantener el dominio histriónico dentro de argumentos sólidos y disfrutables (The Big Sick, The Eyes of Tammy Faye), sin embargo, ninguno de estos tres elementos funciona en la práctica, y es que el principal enemigo irónicamente de Verity es… la escritura.

La buena noticia es que Verity nunca puede levantar la expectativa porque desde su primer acto es patéticamente ridícula, dejando entrever entre sus “fortuitas” situaciones que el desarrollo de su historia y el de sus personajes será una calamidad de principio a fin. Así pues, no hay un interés que decaiga o una introducción o ritmo que prometa, por lo que no queda más que sentarse a presenciar una de serie eventos y coincidencias mágicamente “desafortunadas” que nos llevarán a un planteamiento, clímax y final de lo más predecible.

Así pues, en cada vuelta o rincón de su narrativa existirá esta serie de planteamientos: “¿quién mierda es tan idiota como para hacer eso?” o “¿por qué carajos ese personaje hace eso en lugar de lo que sería lo más idóneo?” o “¿por qué todos los elementos que preceden el giro están al alcance de la mano sin ningún cuidado cuando todo se trata de un encubrimiento criminal?” , situación que, por cierto, está planteada como “misterio” desde sus primeros giros, y en el que Showalter reposará toda su horrenda progresión de hechos a través de un flashback con la calidad directiva – actoral de un capítulo de La Rosa de Guadalupe.

Verity no solo es una guía sobre cómo la gente puede actuar de la manera más pendejamente posible, sino un formulario fílmico de como la nulidad de la lógica interna abandona en su totalidad un guion deprimente y que incluso cae en el tono cómico gracias a que los diálogos, interacciones y reacciones de los actores no pueden acoplarse a tanta estupidez. Esto no quiere decir que Harnett, Hathaway y Johnson hubieran querido otorgar actuaciones de telenovela turca – mexicana, pero a partir también de sus claras limitaciones (más la sobrevaloración de Hathaway), hacen que cada momento sea más incomodo que el otro, forzando lo ilógico a un tono “real” y creando una disociación entre su accionar y el sentido común.

Pero quizá lo peor de Verity no sea la escritura, sino sobre lo quiere escribir, y es que de la mano con un vacío thriller literario – erótico, la cinta intenta hacer una crítica a la depresión post parto y a la maternidad no querida, de nuevo manifestando estas tendencias sociales de la emancipación y deconstrucción de la mujer como madre, lo cual llevará a su protagonista a convertirse en la villana de su propia vida, y dejando a la vista, mano y alcance de todos, un diario sobre su “supuesto” crimen. Este primer gran y estúpido giro, vendrá acompañado de otro último y más estúpido que quiere convertir a todos los giros previos en un mágico libre albedrío, un mensaje social sobre los prejuicios y sobre como el pensamiento puede ser acusado o sentenciado incluso cuando este no se lleva a la práctica ¿o sí? La cuestión aquí es que Showalter no profundiza, no cierra, ni da pie a nada debido a que sus personajes son tan planos y sus interacciones tan falsas que, junto a lo inverosímil de su trama, solo recrea un panfleto paródico y ofensivo sobre una situación emocional y psicológica muy real.

En el aspecto actoral, lo de Anne Hathaway ya es lamentable, demostrando una vez más que fuera de un par de actuaciones al principio de su carrera, su talento no da para más. Igualmente, con Dakota Johnson, que actúa mejor literalmente masturbándose (en una secuencia infame con montaje de comercial de perfume con producción pornográfica), que entregando sus líneas y sobresaltos. El pobre de Josh Harnett, aunque se esfuerza, no puede encausar un momento creíble debido a lo idiota e ilógico en el accionar de su personaje. La interacción y química entre los tres es HORRENDA

Verity es quizá la peor película comercial del año, una brutal infamia narrativa y actoral que da pena ajena de apreciar, que hace incluso reír de lo patética que es, y de la cual puedes adivinar su “giro de tuerca” en apenas los primeros 15 minutos, a menos que tengas el intelecto de los propios guionistas o no te pierdas La Rosa de Guadalupe en el canal de las estrellas

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Acerca del autor

El Fett   @El_Fett   cinescopia.com

El más realista y cabrón crítico de cine que pueda existir. Ente sin misericordia que tiene el halago de transmitir a los mortales su sentir y sabiduría en el mejor recinto sobre el séptimo arte. Cinéfilo de corazón y crítico crudo por vocación. Alter ego del Licenciado en mercadotecnia y RRPP Oscar M Rodríguez (FB) Sigueme en twitter @El_Fett


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