You Were Never Really Here – Traumas, perversiones y un martillo

Joaquin Phoenix nunca decepciona. Bien puede encarnar a la perfección a un sádico emperador romano, a un tímido hombre que se enamora de su asistente digital o a uno de los mejores músicos de la historia sin necesitar hacer playback. Este año lo he visto en dos papeles sumamente contrastantes entre sí: primero como el incomprendido y misericordioso Jesús de Nazaret, predicando un mensaje de amor y perdón al prójimo. Y segundo, como un hombre sanguinario y brutal llamado simplemente Joe, cuya manera de hacer del mundo un lugar mejor es castigando con extremo uso de violencia a quien lo merezca. Pero Joe no es un depredador ni un psicópata en el film “You Were Never Really Here”, sino un héroe que lleva a cuestas un tormentoso pasado, y pobre de quien se ponga en su camino.

Basada en la breve novela de Jonathan Ames y dirigida por la escocesa Lynne Ramsay (“We need to talk about Kevin”), “You Were Never Really Here” (“Nunca Estarás a Salvo”) nos lleva a conocer un crudo lado de la siempre vanagloriada ciudad de Nueva York, en el que el tráfico sexual de niñas es lo más común y se puede hallar en casi cualquier esquina. Joe es un veterano de guerra y ex agente del FBI que vive cuidando a su anciana madre y trabaja como ‘sicario freelance’, contratado especialmente para rescatar a mujeres y niñas que hayan caido en las garras de los traficantes de blancas. Su siguiente trabajo será rescatar a Nina (Ekaterina Samsonov), hija de un senador, de un burdel en el que está secuestrada y siendo forzada a trabajar para la pedófila y adinerada clientela. Creyendo que era un rutinario trabajo más, Joe habrá de ver que tan arriba en las esferas de poder son capaces de llegar la corrupción y la perversión (como en el mundo real, muy pinche arriba). Esta misión cambiará para siempre su vida. 



Joe no sólo tiene que cuidarse de los matones y asesinos que enfrenta en las misiones, ya que su más letal y mortífero enemigo viene de su interior en la forma del estrés postraumático, que lleva años sufriendo. Constantemente es acechado por visiones de su pasado, de la guerra en que peleó y, sobre todo, de su terrible y abusada infancia. Pensamientos suicidas invaden su mente todos los días, a veces lo agobian y a veces lo reconfortan, pero todos indican que Joe no siente pertenencia ni apego a este mundo. El impacable hombre queda completamente indefenso cuando las lágrimas brotan de sus ojos. Los desgarradores llantos en su habitación, nos mostrarán su verdadero y frágil ser interior. Sus mejores amigos son una bolsa de plástico que usa para asfixiarse y el martillo que, cuando lo empuña, lo hace más peligroso que el mismo Thor. La llegada de Nina a la vida de Joe, habrá de servirle como una fuerte ancla a este mundo tangible del cual añora tanto desprenderse.

Más que solamente exhibir y denunciar el tráfico de personas que sucede en nuestras propias narices y que muchos prefieren ignorar (Ramsay representa esto con un recepcionista de hotel), el verdadero tema principal de la historia es la pérdida violenta de la inocencia. Los crudos flashbacks a la infancia de Joe nos muestran la presencia de un fuerte abuso físico y psicológico a temprana edad, cuando su personalidad apenas se encontraba formándose, marcándolo para siempre. Joe tuvo que crecer muy rápido para poder lidiar mentalmente con el monstruo que vivía en casa y que los aterrorizaba a él y a su madre. Años después, estando apostado en un país en guerra, presenció los fuertes estragos que una sociedad en conflicto tiene igualmente sobre la psique de los más jóvenes. No es casualidad la línea de trabajo que acabó teniendo, era la manera de corregir el daño que se le había hecho y al mismo tiempo salvar a otros de terminar como él. Joe trata además de no apegarse con las niñas y chicas a quienes rescata, pero no podrá evitar verse reflejado en Nina de una forma muy intensa, gracias a todo lo que ella ha tenido que vivir a su corta edad. Juntos serán un dúo unido por la desgracia y por la fortaleza de hallar una manera de salir de ella.

Como es su sello particular, la cinematografía de Ramsay es estrepitosa y a veces extremadamente poética. Ella no le da a la audiencia un producto enteramente digerido. Los encuadres y tomas que decide poner, tienen el propósito de hacerte razonar sobre qué está pasando. Más que ver la escena y la acción de una manera convencional, la directora te forza a sentirlas, logrando así un involucramiento más profundo en la cruda historia para aquellos que se atrevan a vivirla. Habilmente, Ramsay nos presenta lugares caóticos que generan una cierta incomodidad y repudio por el desorden presente. Pero es cuando nos lleva a los lugares más opulentos y lujosos, que sentimos un verdadero asco hacia todo lo que esa elegancia oculta y a los terribles monstruos que esas paredes albergan. Pasa en la vida, a veces entre más poder se tiene más enfermo se está. No es de extrañarse que el tráfico sexual y la pedofilia proliferen entre las esferas más altas y sean por lo mismo más facilitadas. Como símbolo de todo esto habrá una pintura, colgada en uno de los pasillos de estas locaciones, representando la máxima fantasía de esos depredadores con una simple imagen. La ira de Joe (y la de nosotros) arderá aún más después de verla.

Pero también hay belleza en esta realidad, aunque no sea una belleza convencional. Veremos lazos fuertes entre una madre y un hijo y los lazos que se están gestando entre las víctimas de intenso trauma. Las palabras salen sobrando, los actos y miradas son suficientes para unir a dos personas. Ramsay muestra también la belleza que puede haber en algo tan horrible como la muerte. Sin dar spoilers, la escena del lago me robó el aliento. La manera casi crística en que Joe es representado en esa secuencia es sin duda la mejor del filme.

La música corrió a cargo del experto Jonny Greenwood, que previamente ya había musicalizado para Ramsay en “We need to talk about Kevin” y en otras películas con Phoenix como “The Master”. La combinación entre la estruendosa cinematografía, las lúgubres y solemnes actuaciones y el sello particular en la música de Greenwood es simplemente perfecta para dar vida a este cruel relato. Uno de los mejores scores de estos últimos meses.

“You Were Never Really Here” es fácilmente la mejor película que he visto en lo que va del año. No por nada fue ganadora del premio a mejor actor y mejor guión en el Festival de Cannes de 2017. Estrena por fin este viernes 25 de mayo. Si ya estás fastidiado de los blockbusters y quieres huir a la velocidad de la luz de Han Solo y ver a un asesino más brutal que Deadpool, esta es la opción ideal. No es una película fácil, pero es una verdadera experiencia cinematográfica.

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Acerca del autor

El Markovich   @ChocolateBono  

Observador de la escena humana dentro y fuera de la pantalla. El cine y el chisme son de mis cosas favoritas, así que heme aquí. Yo sólo doy mi opinión, al final tú decides.


1 comentario

  • La fuí a ver hace un par de días, es impresionante, brutal, te remueve de tu asiento y te pone a girar la ardilla. Es redonda desde las actuaciones hasta el OST.

    Lo que más me sorprende es que la sala no estaba ni a la mitad de su capacidad, los pocos que la han visto (busqué en Twitter y FB) no les gustó. Como dicen por ahí: “en gustos…”.

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