Prometheus: Complejidad hecha papilla

El último film de Ridley Scott deja grandes cuestionamientos, no sobre su historia, no sobre interrogantes alrededor de su universo que se pudieran discutir horas y horas entre los fanáticos y/o espectadores, sino sobre una serie de incoherencias y actos totalmente increíbles inclusive en un relato que alega al complejo tema de la formación de la vida bajo las bases de la SF.

La historia es espléndida, pero su desarrollo es pérfido, plano, fallido en lograr la tensión necesaria para tan complejo tema y sin la justificación adecuada para enlazarla con la que se planteaba cronológicamente como su seguidora (Alien de 1979). Prometheus es como un frasco de papilla, el guion, su dirección y sus actuaciones (con excepción de algunos aspectos) son procesados cual vil alimento para introducirlo en un embutido y tragarlo fácilmente.

Sin embargo, y a pesar de su narrativa plana, Scott logra sobresalir en algunos aspectos, dejando en claro que esta cinta ha sido el último vehículo de algunos chispazos de genialidad que aún le quedaban por ofrecer.

 

Ridley Scott se debe comparar con Ridley Scott

Aquí en Cinescopia no nos quedamos callados, y tras una larga discusión con mi estimado colega, el Dr. Alex Waters (del cual pronto también podrán apreciar su punto de vista), he llegado a una conclusión irrefutable, y es que, si bien es cierto que el aún instinto de supervivencia de Scott hace que este film sea una clase de SF moderna para estúpidos comerciantes y publicistas (James Cameron, Michael Bay) gracias al oficio técnico y visual y a su compleja idea planteada, no podemos olvidar que este realizador es el responsable de Alien y Blade Runner, por lo tanto, y gracias a que estas dos películas se encuentran el pináculo de su género y en el cine en general ¡Scott debe ser comparado con Scott! Saliendo nuevamente por el largo y penoso camino de la mediocridad fílmica.

La mayor diferencia éntrelas mencionadas y Prometheus, es que las primeras revolucionaron su época y la otra solo se adaptó a la suya, resultando un film en pro de la espectacularidad sin sentido, una cinta olvidable y mediocre que no se podría equiparar con otros productos que sí han revolucionado el género en la última época (District 9, Inception, Children of Men)

He buscado a Scott durante 120 minutos y solo lo encontré dirigiendo a un androide, en elementos dispersos alrededor de su trama que apelaban a sus mejores épocas y en un par de secuencias que se acercan a su dimensión como un cineasta que fue grande para crear ansiedad. Sin embargo, en términos generales aquí no existe tensión, sino momentos que solo aspiran a impresionar estéticamente con secuencias que pretenden ser grotescas pero que también fallan en su intento. Inclusive la escena más memorable por su explicita escena de aborto carece de credibilidad argumental y de ese tono orgánico tan representativo en el mundo que Scott creo en 1979.

Escenarios estáticos, faltos de naturalidad y de materia orgánica que se supone definen su universo y apelan a su mismo motif, pero que se sienten acartonados y sin ningún movimiento, cuando estos eran una parte importante para crear la tensión y el terror necesarios para su relato.

 

El principal problema de Prometheus: el guion

¡Spoliers!

No suelo mencionar spoilers, pero en esta ocasión lo siento peculiarmente necesario, y es que el guion de Lindelof y Spaiths sencillamente destruyó lo que sí es una historia de gran valía y complejidad gracias a una serie de incoherencias argumentales que traicionan no solo el universo planteado por Scott, sino que también cae en clichés innecesarios, en diálogos simples y falta de estructura en la mayoría de sus personajes.

El principal problema de este libreto es la impaciencia, premura por el encuentro extraterrestre, urgencia por resolver los conflictos de la manera más absurda posible y la prontitud por omitir los giros de tuerca con escenas y elementos que desde sus primeros instantes hacen a la historia predecible. Pareciera que Scott estaba tan apurado que, en su afán por dotar pretensión a su historia, sacrificó la tensión de la misma; ejemplo de esto es la leyenda inicial en la descripción de la nave Prometheus, donde se establecen que a bordo van 17 pasajeros, sabiendo incluso desde antes de la  aparición en holograma de un supuestamente difunto Weyland, que este mismo se encuentra a bordo ¿Cómo resolver esto? Con secuencias inverosímiles y de fácil resolución, como la que nos encontramos después de la que quizá sea la secuencia más memorable, donde la Dra. Shaw después de extirparse el feto alienígena (tensión al por mayor) por azares de un increíble destino abre una puerta donde “se revela” la existencia de Weyland (un Guy Pearce con un maquillaje excesivo)  y sus asistentes enfermeros.

La proliferación de personajes es otro de los problemas principales ¿Cómo resolverlo? Haciendo una masacre masiva hacia el final de la cinta y apoyándose en las habilidades Jedi de una Dra. Shaw que minutos después de su auto aborto, ya toda sana y con fuerza, convence a un capitán de la nave y sus pilotos de sacrificarse de la manera mas inexplicablemente heroica posible (Me recuerda a Independence Day), personajes que no recibieron un tridimensionalidad adecuada para justificar sus acciones.

El planeta inhóspito también parece causar una enfermedad mental, la bipolaridad, trastorno sufrido de un minuto a otro por un geólogo mercenario que al introducirse en la estructura alienígena parece emocionado, para luego instantáneamente arrepentirse y huir de ahí ¿Las siguientes incoherencias? Siendo el responsable de trazar un mapa ¡No puede salir de la estructura! Para luego resguardarse exactamente en el lugar de donde huyó por terror al ver un cadáver alienígeno. Su socio es un biólogo, el cual también huye por ver el mismo cuerpo ¿No se supone que un biólogo debería ser el primer interesado en esto? Para después maravillarse por una forma de vida amenazante que consecuentemente le causa la muerte.

Por otro lado, lo rescatable en cuanto a estructuración se refiere es el trío protagonista, los cuales parecieran que gozan de dicho privilegio por necesidad más que por el talento de los guionistas, dejando una brecha gigantesca entre los mencionados y la serie de personajes secundarios y terciarios.

Así también, Scott parece haberse contagiado del síndrome George Lucas, pues suponiendo y teniendo en cuenta a Prometheus como precuela única ¿Qué no se supone que el brote del alien primitivo del cuerpo del space jockey (ahora conocidos como Ingenieros) se da teniendo a este ultimo sentado en la plataforma de despegue de su nave tal y como los tripulantes del Nostromo lo encuentran? Por otro lado, tal vez aquí se encuentre el único cuestionamiento de relevancia en cuanto a su trama ¿Será el mismo Ingeniero? ¿La acción de las mencionadas secuelas también se dará en ese planeta? ¿Porqué los tripulantes del Nostromo nunca notaron las ruinas que dejó la nave Prometheus por todos lados?

Como estas, muchas incoherencias, pero por último ¿Quién carajos invitó a Charlize Theron? Un personaje totalmente innecesario (que bien lo podría haber abarcado el mismo androide David) que deja dos grandes interrogantes ¿Theron habrá sido impuesta por la productora? ¿O su personaje dudablemente humano tendrá relevancia en una segunda entrega?

 

¿Qué tiene de bueno Prometheus?

David, un personaje que ensalza el relato y en donde los esfuerzos directivos de Scott parecen haberse centrado, un androide increíblemente interpretado por Michael Fassbender que significa el nexo, la maldad, la metáfora de la vida y la ideología científica de todo el relato. Sin duda el actor se consagra con este héroe – villano, tras una serie de personajes y buenas elecciones que le han catapultado su carrera. David, complejo e indescifrable, también es el vehículo para una serie de elementos visuales que significan homenajes al cine, siendo incluso su principal influencia de comportamiento el personaje de Peter O´Toole en Lawrence of Arabia y siendo la excusa para revelar referencias a la mismas cintas de la saga Alien.

Otro punto a favor es la ostentosa banda sonora, que en su tema principal engloba y comunica la búsqueda y el motif de la película, la creación de la vida; lástima que tan prodigiosas notas musicales no pudieron ser justificadas con el desarrollo de su historia, pero si por su elemento visual, siendo también los efectos especiales algo de admirarse.

 

¿Hay que verla?

Sí. A pesar de sus terribles y constantes fallos, Scott da clases de oficio cinematográfico aún con un relato plano y sin giros de tuerca, a cineastas perdidos en el rubro como James Cameron. Aquí el problema es que la idea de Scott fue escandalosamente destruida por dos guionistas que prefirieron espectacularidad sobre sentido común y lógica interna.

Todo se resume en que Scott prometió verduras, carne y frutas de primera calidad, y los guionistas se encargaron de masticárnoslas y dárnoslas en forma de Gerber. Una película mediocre, la primera gran decepción del año, con chispazos de genialidad que será olvidada como ejercicio en general, pero que quizá posicione a un personaje y a algunos elementos como objetos de culto dentro del género.

Sobre el Autor

Ente veraz y directo creado por un individuo Licenciado en Mercadotecnia y Relaciones Comerciales que siempre anda preocupado por el apoyo y fomento del arte y la cultura de Jalisco. Productor, director y guionista en varios proyectos. Cinéfilo de corazón y crítico crudo por vocación. Sigueme en twitter @El_Fett

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