13 Reasons Why: Como para cortarse las venas

El mame con respecto a esta serie ha sido tan intenso que no pude evitar caer presa de la curiosidad para ver su contenido;  luego de leer los clásicos sitios que alaban cualquier programa exitoso sin importar la calidad de este, decidí que era momento de investigar un poco. Varias personas aledañas a mi me informaron que era una buena serie, pero al decir “buena” se notaba que estaban siendo amables con ella. Así que sin más contratiempos me atreví a sumergirme en el incomprendido y nefasto mundo de los adolescentes (según la tv) y me da gusto haberla visto.

Brian Yorkey creador de la serie, adapta la historia basada en el libro de Jay Asher, en donde nos hablan de la clásica muchacha guapa, simpática, diferente y de buena familia que por alguna razón del destino, nadie quiere,  todos maltratan y por lo general es debido a su gran corazón. Dicho unicornio es Hannah Baker (Katherine Langford), quien al inicio de la serie te hacen saber que se ha quitado la vida, así que tanto estudiantes como adultos se han visto sacudidos con este acto, pero como todo suicida, ha dejado un rastro de migajas para que se sepa su historia y de paso por qué una jovencita como ella, tuvo que llegar a semejante fin.

Dichas migajas son una serie de casetes, 7 tanto por el lado A y B donde nombraba a las personas que habían sido responsables directos de sus infortunios, los cuales son entregados en secreto y se debe seguir una serie de instrucciones o de lo contrario el mencionado sería expuesto de forma muy pública. Pues con esa mecánica dichos dispositivos de almacenaje de audio caen en manos de Clay Jensen (Dylan Minnette) quien como han de imaginar, será el protagonista y vehículo de lo acontecido en esta serie.

¿Era Hannah una zorra? ¿Una drama queen? ¿Una manipuladora? ¿Una mala amiga? ¿Una mojigata? Esas son las interrogantes que Clay debe resolver mientras se da cuenta que sus compañeros de clase distan de ser simples adolescentes normales y que ocultan personalidades que llegan a rayar en lo vicioso y perturbador.

¿Entonces recomiendo ver esta serie?

Absolutamente NO,  y cuando dije que me dio gusto haberla visto es para advertirles que es una serie que peca de aburrida y a veces de hastío. Uno debe ver 10 largos y poco interesantes capítulos para que al fin la serie cobre algo de relevancia, los personajes se estancan en todo este lapso así como las súper revelaciones  que se suponen nos iban a impactar completamente. Los capítulos se extienden de manera injustificada para cumplir con el dichoso número 13, y todo este relleno hace que los temas densos como drogas, bullying y hasta el abuso sexual, se sientan como si fueran algo aparte, algo ajeno a la serie y no logra conectar de forma debida, aunque sean cosas que deben tomarse en consideración.

Manejan otros temas que no deben quedarse fuera como la confianza y la autoestima, pero principalmente como tener aunque sea un amigo ayuda a salir adelante en medio de tanta presión social. Honestamente esto me ha sido ajeno ya que si conecté de alguna forma con el protagonista es que siempre me ha pasado de noche todo esto de los chismes y la opinión social, razón por la cual vivo dentro de una relativa felicidad.

Es obvio que lejos de querer revelar las “atrocidades” que ocurren bajo las narices de los adultos, esta serie solo busca colgarse del impacto y la controversia mas de denunciar o abrirnos los ojos ante semejantes actos. A pesar de contar con un casting incluyente y muy variado, la serie peca de moralina al criticar estereotipos clásicos pero con nuevos estereotipos. Por último, lo más molesto es que no se resuelve nada en toda la maldita temporada, cuando al fin parece que las cosas van a avanzar a una conclusión final,  te das cuenta que en realidad estás viendo el tráiler de la segunda temporada.

Así que si alguien les dice que Netflix se voló la barda por abordar estos temas y decir lo que nadie dice, simplemente díganles que pudieron haber hecho un documental de 2 horas y hubiera sido de más ayuda que esta penitencia de 13 horas tiradas a la basura.

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Samuel Spade    


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