50 Shades of Grey: Patético intento de erotismo… ¿o era pornografía?

Seamos realistas: desde que escuchas que la historia de 50 Shades of Grey está basada en un fan fiction de la saga Twilight sabes que algo no está sólo mal, sino MUY MAL. Y más si esto lo confirman millones de fans en el mundo cuyo probablemente único respaldo literario de la vida son libros como esta saga y la de Harry Potter; sumado a un morbo producido por un tema sexual que ni siquiera es nuevo dentro del género de las novelas, pero cuya fácil lectura y adaptación a tiempos modernos y fantásticos lo han hecho popular para todos estos pseudo lectores.

El siguiente paso es, por supuesto, hacer una adaptación cinematográfica con una buena campaña de marketing en donde te vendan erotismo como plato fuerte; suficiente para crear una cantidad de morbo entre los declarados fans y entre otras tantas más millones de personas que aparentemente confunden la palabra erotismo con pornografía. Y he aquí una pequeña crítica de una cinta que obviamente no podría ser más que el reflejo del best seller en el que está inspirado: una pseduo película.

La Historia

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Cuando pensábamos que la sociedad y particularmente las mujeres, estábamos hartas de cuentos de hadas y de las historias rosas de telenovelas mexicanas (véase María la del Barrio o cualquiera donde protagonice Thalía) llega 50 Shades of Grey. Tenemos a Anastasia, nombre de princesa, Steele, una estudiante de literatura inglesa que es torpe, aburrida, patética, promedio en cualquier cualidad o habilidad habida en el universo; mientras que él es un empresario joven y millonario, inteligente, con carisma, atlético, guapo, centrado y ¡uff!, bueno, todo lo necesario para convertirse en el hombre perfecto de cualquier mujer. Pero no, este individuo tan lleno de virtudes, decide inclinarse por una chica ingenua y cuya única pericia aparentemente es la de morderse el labio en la forma menos sensual posible. Y es que esta descripción tan simplona de una mujer, pretende erróneamente ubicar a toda fémina en sus zapatos para suceder al pensamiento ‘obvio’ de que cualquiera puede conquistar al hombre de sus sueños haciendo y siendo absolutamente nada interesante ni mucho menos inteligente.

Pero esperen, no hemos llegado al tema central de tan peculiar historia; resulta que este hombre, Grey, encuentra algo tan irresistible en Anastasia que lo hace envolverla en una relación sadomasoquista que incluye un contrato con numerosas cláusulas a cumplir. Y sean serias, no vayan a salir fangirls diciendo que el asunto sexual de la historia no es lo más importante, siendo este entorno sobre lo que gira cualquier situación acontecida (no se hagan, que por eso fue que leyeron el libro), si no la bella historia de amor puro y verdadero entre Christian Y Ana <3; es que es como ver The Exorcist y decir que el tema principal no es el exorcismo, si no el asunto religioso detrás la historia, ¡POR FAVOR! No digan eso cuando la chica termina enamorándose de un tipo sólo porque es físicamente atractivo y millonario, porque si no, ella no pasaría la mitad de la cinta lloriqueando porque no le gustan las maneras eróticas que él prefiere.

Lenguaje Cinematográfico no hay, no existe

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Desde los primeros 5 minutos de la cinta, podemos darnos cuenta de que la película va a ser una reverenda cochinada. En tan sólo ese lapso de tiempo se puede observar el mal ritmo de las escenas, las malas actuaciones de sus protagonistas y la falta de química entre ellos. Desde las primeras secuencias se puede apreciar que Dakota Johnson y la palabra sensualidad no pueden ir en la misma escena (en serio, no puede ni morder un lápiz sensualmente), y es que la chica parece no estar actuando sino que su personalidad real es la que se ajusta al lamentable personaje que realiza, algo así como una nueva versión de Kristen Stewart pero sin cara de flojera. Tenemos a un Jamie Dornan que si bien se ve poco convincente desde el inicio, incrementa un poco más su posición de controlador y posesivo pero sin logar convencer totalmente con esa fuerza y dominio que nos quieren vender en el papel del autoritario Christian Grey.

Las secuencias son aburridas y la falta de empatía entre los protagonistas es tan evidente que no logra proyectar en ningún momento la atracción que juran, existe entre ellos. Aparentemente el filme nunca va a hacia ningún lado, incluso en sus intentos de comedia, uno termina riéndose no por la comicidad que pretenden sino por lo patético que resulta ese mismo intento. La historia va tan plana y falta de sentido que incluso siendo el 99% de las escenas entre la pareja principal, terminamos conociendo casi nada de estos personajes (me importa un pepino si eso se ‘profundiza’ en los otros libros).

Pero, es erótico… ¿no?

Entonces llega el momento que todas todos esperaban: el momento del sexo. Se muestra la primera secuencia en la que los protagonistas mantienen relaciones sexuales por primera vez, haciendo para esto tomas de ambos a partes íntimas como los senos de ella y el trasero de él… y pues ya. Digo, en serio, ¿esperaban más? Sí es así déjenme decirles que los han engañado totalmente, esto no es pornografía, les contaron mal; de hecho, ni siquiera es erótico. El erotismo prometido se basa en una serie de tomas a los pechos de Miss Steele que se repiten tantas veces que su insistencia resulta cansina, así que literalmente te cansas de verle las chichis a Dakota Johnson y a su doble.

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Tenemos escenas sexuales frías y monótonas, que al parecer funciona como complemento perfecto a la absurdez de su argumento, intercalándose estas con otras escenas casi repetitivas en donde Grey intenta convencer a Anastasia de seguir con su relación BDSM (¿o empezarla? Ni en eso se deciden). Es un constante sube y baja de ella diciéndole que no está convencida de sus métodos y después contradecirse pues porque “lo desea”. De verdad que a la segunda secuencia sexual te das cuenta que todas las demás serán más de lo mismo y no hay manera de que eso mejore. Y es que eso es todo, sólo queda preguntarse cuánto más durará ese patético intento de sensualidad prometida cuyas secuencias parecen eternas de lo tediosas que resultan. De hallarle sentido, mejor ni hablamos.

¿Hay que verla?

Estimado lector, no deje que el morbo y la ignorancia de las masas le lleguen al bolsillo. Le aseguro que está película sí tiene desperdicio y no vale la pena darle más taquilla para que nos encajeten no sólo otras dos cintas de la saga, si no una ola interminable de ‘chick flicks’ eróticos que resulten como inspiración de este infernal intento de aquello. Y si tanto es su curiosidad, no se preocupe, en unas cuantas semanas seguro ya lo tendremos en medios alternativos en calidad HD, por si las dudas.

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Acerca del autor

Kim Tobias   @kimm_tobias   behance.net/kimtobias

Nacida en la era equivocada. Enamorada del cine clásico y los guiones astutos. También odio los finales felices... ["La estimulación visual es la razón del cine. De otra manera podríamos simplemente apagar las luces y llamarlo radio" R.A.]


12 comentarios

  • Hola, estimada Kim. Déjeme decirle, ¡que yo defiendo a Harry Potrer! Nunca he entendido por qué tratan a esa saga tan mal.
    Eso sí, esto de Grey apestaba a pescado podrido desde que se lee la reseña. Me compadezco de usted, pero la admiro porque sé que quiso ahorrarnos el sufrimiento a todos nosotros.
    Saludos

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    • ¡Hola, estimada Dalila! Al mencionar a Harry Potter entre el grupo de novelas, me refería a que cabe en el grupo de sagas populares fantásticas y de rápida lectura, que es válida como mera fuente de entretenimiento pero que siendo realistas no puede catalogarse como una valiosa obra literaria; aunque vale aclarar que es superior a Twilight y esta saga de Grey.
      Gracias por su comentario, le aseguro que Grey no vale la pena, pero si no puede con la curiosidad, ya está online. ¡Saludos! 🙂

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  • Soy un poco reticente a eso de no ver o no leer obras por que el común de la crítica dice que son malas; si me tengo que comer el garrón, me lo como y ya. Sin embargo, esta vez voy a seguir tu concejo y el de todos los demás, jeje.

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    • Te aseguro que no te arrepentirás de tu decisión, ni de chiste voy a verme las próximas dos que vienen jajaja. Saludos 🙂

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      • Mariana dulce_tortura febrero 17, 2015 @ 3:30 am

        Saludos de nuevo Cinescopia y como comenté en otra entrada tambien acerca de 50 Shades/Grey , Confieso que vi esta movie en linea y si, sirve contra el insomnio, no alcanzé a ver el final, y que importa 😛 Y pues si quisiera ver algo erótico la verdad es que me encantan las movies de Adrian Lyne como 9 semanas y media donde la química entre Kim Basinger y Mickey Rourke me fascina, Infidelidad es otra o algo de mi actorazo tambien ochentero y 90’s mi James Spader como en Crash o sexo, mentiras y videos. Pues es todo y hasta luego Cinescopia , Que estén excelente todos 😉

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        • Le cuento que al final sale la muchacha con que “dice mi mamá que siempre no”, una total flojera hasta sus últimos instantes. El que se atreve a decir que es una buena película no tiene perdón y de erótico nomás es faramalla bien vendida. Muchos saludos y gracias por comentar 🙂

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  • que diría Kubrick si siguiera vivo?

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  • Creo que 50 Sombras de Grey y Crepusculo se proyectaran en el lugar del infierno donde van a caer los que abusan del porno o los malos cineastas (al equipo de la cinta los voy a situar en un lugar donde pasen comedias romanticas que causen diabetes)

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    • En un loop eterno sería el perfecto castigo jajaja y pensar que hay gente que las llama ‘buenas películas’, ¡no hay perdón! Saludos 🙂

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  • Inevitable tema de hoy en el BDSM en todos los idiomas: el estreno de la película de Anastasia y Grey. En esta Europa invernal que pude recorrer una vez más en enero y febrero, no es más que una gran oportunidad para estimular las ventas de lencería sexy y accesorios fetish. No por casualidad el estreno del film coincidió con los días de San Valentín. La gráfica londinense de mi querida Ann Summers ilustraba, a modo de réplica, una imagen de una imponente belleza dominante, fusta en mano junto a la provocadora frase Facts, no words.

    Pero ya volviendo a la Argentina, descubro que el film desata otra vez en la mujer latina la agobiante necesidad de ser redimida por parte de un hombre. El BDSM y el Femdom que amo está en las antípodas de ese concepto. En un debate en Círculo BDSM, mi amiga sissy Niní, con su poder de observación cuasiclínico, lo justifica mediante un argumento de realismo devastador: si no es entremezclado con un novelón inverosímil, de qué otra forma una mujer promedio puede aceptar la existencia de un contrato BDSM y del placer masoquista? Mi sumiso cheshirecat le echa más leña al fuego reconociendo que la tarea más ardua que tiene que acometer un hombre en su vida es lograr encender la fantasía en la mujer que desea y entonces, si desde ese punto de vista tan pragmático, el libro y el film cumplen con su propósito, bienvenidos. Todo suma.

    Desde este lado de la mesa, no oculto (no puedo ocultarlo y tampoco quiero hacerlo) el desprecio que siento por la mujer que se identifica con la princesita desvalida y que la juega de infantiloide como si fuera una vulgar copia sin gracia ni picardía de la Marilyn de la sonrisa inocente. El encanto de la virgen que todo lo desconoce en cuestiones de sexo y es deslumbrada por el galán rico y apuesto que hace gala de su fortuna, de origen desconocido. Hay demasiadas sombras en esa historia de fantasía. Y demasiadas realidades sombrías en nuestras tierras, protagonizadas por chicas inexpertas que creen saber en donde y con quien se meten y que descubren su error demasiado tarde.

    Levanto la bandera del otro lado del límite. Las Femdoms somos luz erótica. Desde el inicio de los tiempos somos las mujeres que controlan el fuego en las cuevas, calentando e iluminando. Somos las hetairas griegas, Cleopatras y Godivas empoderadas, ninfas, putas, musas, cortesanas, divas de Hollywood, estrellas. Somos luminosas porque somos luz. Lo primero que ellos suelen hacer es iluminarnos para contemplarnos mejor. Malditos sean los sombríos ojos tristes de una mujer sin luces cuya sexualidad duerme a la espera del príncipe. Benditos sean los que calientan mis látigos con su piel genuina y no con su billetera sospechosamente cargada de falso poder. El poder de la billetera es efímero: siempre pierde porque siempre habrá una billetera mejor. El sólo puede ser él si no compite con nadie

    El señor gris es inseguro en su camino de sombras. Nadie lo pone a prueba pues ella es virgen. Nosotras somos las promiscuas, a nosotras no nos engaña. Somos deseadas y adoradas, elegimos entre muchos y buscamos lo mejor. En nuestras femeninas garras viven los colores de los esmaltes más laqueados, las sedas de las odaliscas, las alegrías de las que sentimos el sol entre las sábanas porque los dungeons – dormitorios resplandecen con nuestro arcoiris de feromonas. La sonrisa de Bettie es rayo de luz, fusta y espada, cuero y fetiches, semen y placeres. Cien rayos de luz de Roxanne.

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