6 Tipos de Jesús en el Cine y la Televisión

ADVERTENCIA: Este post es escrito por dos de los autores de Cinescopia que practican la religión católica, son de derecha, heterosexuales, omnívoros y morenitos. Quedan advertidos. Si eso les duele, no sigan leyendo.

Los primeros 3 tipos de Jesús en el cine son descritos por el Dr. Dark (El Dr. Juan Cruz), mientras que la consecuente y final tercia pertenecen a El Fett (El Licenciado Oscar Rodríguez)

 

El ortodoxo: Robert Powell (Jesús of Nazareth, Franco Zefirelli, 1977)

Sin duda la versión cinematográfica o televisiva más conocida del Nazareno. Powell estableció la imagen más persistente de Jesucristo, al grado de que ilustraciones del actor caracterizado como El Vencedor son usadas de forma oficial en celebraciones litúrgicas y textos doctrinales.

La actuación de Powell es la más apegada a la visión tradicional de Jesús, a quien encarnó como un mesías estoico, de semblante apesadumbrado pero a la vez compasivo. Un referente obligatorio para comprender el catolicismo en su totalidad.

 

El Poderoso: Claude Heather (Ben-Hur, William Wyler, 1959)

En una actuación silenciosa y que ni siquiera fue acreditada, el tenor Claude Heather encarnó a Jesucristo en una de las películas icónicas del cristianismo. El héroe Judá Ben-Hur (Charlton Heston), en su camino a la redención y búsqueda de justicia ante la traición de un noble romano, se encuentra de forma casi fortuita con el Redentor, quien casualmente atestigua el maltrato al que es sometido Judá junto con otros prisioneros. Tras una larga caminata y negándosele incluso un trago de agua, Judá cae al suelo rogando ayuda a Dios. Entonces Jesús, cuyo rostro no es visto nunca, ofrece agua al desdichado pese a la prohibición del soldado romano a cargo de los condenados. Cuando éste increpa a Jesús por desobedecer la orden de no asistir a los reos, el Salvador sencillamente le dirige lo que parece ser una mirada fulminante, pues el rostro del Nazareno no es visto en toda la película. La reacción del aterrado soldado ante la presencia del Todopoderoso (no olvidemos la Trinidad) es de antología y un momento maravilloso del cine religioso.

Inolvidable también cuando Judá busca asistir a Cristo en su martirio, y éste cura milagrosamente a su madre y hermana, afectadas por horrida enfermedad cutánea. Todo lo logra en silencio y sin que su rostro sea visto. Eso es poder.

 

El Imponente: Jim Caviezel (The Passion, Mel Gibson, 2004).

Junto con La última Tentación de Cristo (Martin Scorcese, 1988), es la película más polémica sobre el dolor del Redentor. Un bello pero escalofriante espectáculo de fe y mucha, pero mucha sangre, que incluye imágenes fantasmagóricas, demoniacas y de prolongada tortura que hicieron, según se dice, estremecer al mismísimo papa San Juan Pablo II.

Caviezel ofrece una actuación destacada como un Jesús que avanza decidido hacia su martirio, comprendiendo a través de sus memorias que todas sus acciones lo llevaron hasta este momento. Poderosas las imágenes al salvar a María Magdalena de ser lapidada por adúltera (error bíblico que ya aclaro previamente) e incluso al bromear con María, su madre, y con un brillo inhumano en sus ojos. Un Jesús humanizado que sangra a borbotones pero a la vez con presencia sobrenatural. El propio Caviezel, quien vio su carrera arruinada por esta película al ser tildada de antisemita, sufrió además algunos tormentos del Nazareno pues padeció un hombro dislocado, fue alcanzado por un rayo y uno de los latigazos propinados atravesó la protección que vestía, rasgando su carne. Inolvidable.

 

El triste: Joaquin Phoenix (Mary Magdalene, Garth Davis, 2018)

Phoenix consigue un Jesucristo memorable alejado de todos los estereotipos fijados en demás cintas, textos y libretos, enfocando su labor de profeta a un tono más humano e incluso más equitativo gracias a la base testimonial de la revalorada figura de María Magdalena. Sin embargo, a pesar de que un par de sus secuencias (la resurrección de Lázaro y las curaciones a los enfermos) son magistrales gracias a esta interpretación de poderoso hijo de Dios, el testimonio de la nueva apóstol parece concentrarse en un Jesús deprimido, triste, incapaz de transmitir su mensaje del “Reino de Dios” a sus seguidores más cercanos, unos apóstoles que parecen ver en su Maestro a la figura revolucionaria, regenerativa, milagrosa y bélica de la liberación del pueblo judío de la Roma opresora.

A pesar de que dicho acercamiento social e ideológico hacía los apóstoles no me parece del todo descabellada en lo que históricamente debió de tratarse de una confusión lógica, humana y muy apegada a la realidad, en la imagen que su servidor tiene sobre Jesús (ya sea divina o humana independientemente a la ideología y acercada más al mero contexto histórico), me parece sencillamente imposible concebir al “Mesías” como un individuo introvertido y al cual incluso en ocasiones parecía costarle su forma de expresión ¡No! Para ser ese estandarte lleno de seguidores, Jesús de Nazaret debió ser todo lo contrario, alguien con una capacidad de habla impresionante, social, amigable, con mayor presencia física y hasta un poco extrovertido ¿No lo creen?

 

El neorrealista: Enrique Irazoqui (Il Vangelo Secondo Matteo, Pier Paolo Pasolini, 1964)

Con actores no profesionales, imperfecciones propositivas, cámara en mano y una narración cimentada en el diálogo – mensaje de Jesús (y muchos, muchos primeros planos), el trágico maestro italiano, Pier Paolo Pasolini, proyecta los textos del evangelista San Mateo en una realidad tan milagrosa como cruda, acercando a aquel profeta e Hijo de Dios a la naturalidad de los hechos bajo la narrativa de la corriente neorrealista.

Jesús y sus obras lucen entonces milagrosas, pero no divinizadas, como si Pasolini hubiera captado a modo de documental los momentos exactos donde un profeta con mayor tono sindicalista que glorificador, predica la buena nueva basada en la solidaridad, amor al prójimo  y el rechazo de la opresión y acaparamiento de riquezas. Un Jesús intenso, natural y espontáneo enmarcado en un experimento bellamente artesanal de Pasolini.

 

El humano: Willem Dafoe (The Last Temptation of Christ, Martin Scorsese, 1988)

El mejor Jesús cinematográfico en lo que a mi parecer concibo como la imagen más próxima a la realidad. La magistral adaptación de Scorsese es tan sugerentemente humana como poéticamente milagrosa, logrando captar el lado mortal de Jesús con una naturalidad vigorizante, mientras el Mesías piensa (como todo ser en su lugar y perfectamente lógico si aceptamos el hecho como creyentes de su también lado humano) en los pormenores de un futuro alterno dejando su elemento divino de lado a escasas horas previas de consumir su pasión con la muerte de cruz.

Si bien la suposición ficticia y cinematográfica es sumamente enriquecedora para los católicos más abiertos (prohibida para todos aquellos cuadrados), Scorsese deja claro el tono divino antes  durante y después del desapego al “cordero de Dios”, con ciertos elementos que denotan a un Jesús descubriéndose como Hijo de Dios, poderoso y milagroso, para posteriormente implantar su mensaje de amor a sus seguidores aún con su supuesta “traición” a la ideología de la misericordia ¿Recuerdan el memorable San Pablo del ya difunto Harry Dean Stanton? Sencillamente uno de los más poderos discursos de la fe cristiana y católica plasmada en el séptimo arte.

Por su parte Dafoe logra un Jesús tal y como lo imaginaba (a pesar de lucir un poco viejo para los 33 años de Jesús) , social, influyente, de poder expresivo y de presencia física que con el paso del tiempo fue perfeccionando su lenguaje oral y físico; un Jesús por momentos confundido, por otros decidido, por otros poderoso, pero lo más importante en mi opinón ¡Un Jesús feliz!

 

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