Abel – El Hamlet de Diego Luna

Era un niño raro. Y no, estimado lector, no hablo del protagonista de la película “Abel” (Diego Luna), sino de mí. Cuando comenzaban los 2000’s y tuve en mi poder una computadora con internet (conectado al modem telefónico obvio), lo primero para lo que se me ocurrió emplear ese vasto y nuevo compendio de información fue la búsqueda de los guiones de mis películas favoritas. Ni música, ni juegos, ni porno. Guiones cinematográficos. Era mi tesoro esa carpeta con archivos de texto llamados “The Fellowship of the Ring”, “2001: A Space Odyssey” y “O Brother, Where Are Thou?”, por mencionar algunos. Hallaba fascinante la precisión con que estaban construidos, detallando cada escena y secuencia antes de cada diálogo. Ver dichas líneas en papel te hace medir el trabajo que tienen los actores al darle voz y vida a los personajes. Pero lo mejor era el darse cuenta que por más complejo que sea un filme, al principio sólo fue un montón de palabras en unas hojas. Ver ese proceso es otra forma de apreciar el cine.

No me pasa desapercibido que últimamente he empezado mis reviews con anécdotas, supongo que a veces la vida funciona a la “Slumdog Millionaire” y este es uno de esos casos. Resulta que un día, el Fett me dijo que me fuera a conocer a Cassian Andor a la Cineteca. Como fan de Star Wars fue lo que escuché, pero más bien se refería a ir a dicho lugar para atender la lectura pública del guión de “Abel”, en donde estarían reunidos Diego Luna, el guionista Augusto Mendoza y los actores José María Yazpik, Karina Gidi, Johanna Murillo, Cassandra Ciangherotti y Antón Araiza. Tratando de emular el proceso de la primer lectura con todos los actores del guión final antes de comenzar el rodaje de un filme, esta actividad sirvió para dar a los asistentes una nueva perspectiva de la creación fílmica.

Como probablemente ya todos saben, la película narra la historia de Abel, un niño de 9 años internado en un hospital psiquiátrico debido a su conducta. Su madre lo lleva a casa por unos días para tratar de lograr algún avance en su tratamiento. Siendo una familia abandonada por el padre, poco a poco Abel comenzará a tomar dicho rol, logrando una surreal pero fuerte unión familiar. Todo esto se pondrá en riesgo con el regreso del inútil papá que pretenderá ocupar el lugar que alguna vez dejó. El mayor riesgo entonces, será la delicada psique del niño.

Lo que me pareció más interesante de la dinámica, fue conocer de dónde vino la idea del relato. Les digo que yo fui escuincle raro y, aparte de bajar guiones de películas, me gustaba leer a Shakespeare. Tal vez no lo entendía del todo pero había algo en sus obras que me atrapaba. Mi favorita siempre fue “Hamlet” y, de nuevo sucedió el efecto Slumdog cuando Luna contó que dicha obra fue el origen de Abel. Vio en Londres una puesta en escena de dicho clásico y la cara de niño que tenía el actor principal lo llevó a preguntarse cómo sería el texto del Bardo con un protagonista infantil. Tiene todo el sentido del mundo, el héroe llevado a una especie de “locura” tras la perdida de la figura paterna, empecinado a traerle una cierta “justicia” a su familia. Esta idea inicial de la historia se vio reforzada con la premisa del libro “Abierto toda la noche” de David Trueba, en el que un niño padece un síndrome que lo hace actuar como adulto. Con esta base, Luna trabajó con Augusto Mendoza en el guión que teníamos entonces todos los asistentes en nuestras manos.

La lectura se detuvo antes del final del libreto, Mendoza y Luna decidieron frenar ahí ya que preferían que viéramos qué sería de Abel en la proyección del filme con la que cerraría el evento. Bueno, por ello y porque el final en papel no es el mismo que el del celuloide. Varían en realidad por un pequeño detalle que hace una gran diferencia. La película acaba en tragedia, el guión en esperanza. ¿Por qué habrá sido así? Tal vez porque la obra original del príncipe de Dinamarca termina de esta manera, pero sólo es una especulación mía. Aún había un ligero desacuerdo entre los dos guionistas sobre qué final era mejor. Pero como Luna dirigió el largometraje, él tuvo la última palabra al respecto.

Sin duda, “Abel” es de las mejores obras que el desahuciado cine mexicano nos ha dado en los últimos años. Vale la pena volverla a ver y sentir el profundo mar de emociones que los escritores crearon para nosotros.

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Acerca del autor

El Markovich   @ChocolateBono  

Observador de la escena humana dentro y fuera de la pantalla. El cine y el chisme son de mis cosas favoritas, así que heme aquí. Yo sólo doy mi opinión, al final tú decides.


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