Amarga Navidad: entre la autoficción y el melodrama

Recién estrenada en Cannes, esta semana llega a los cines Amarga Navidad, la nueva película del aclamado director español Pedro Almodóvar. Nominada a la Palma de Oro y al Queer Palm en dicho festival, el filme recibió una ovación de 8 minutos en su presentación, aunque en años recientes parece que a cualquiera que se presenta lo reciben de esta manera.
Amarga Navidad se desarrolla en 2 líneas del tiempo contando 2 historias distintas que están conectadas. Por un lado, Elsa es una directora de comerciales que está sobrellevando un duelo; y en 2025, Raúl es un cineasta que escribe un guion sobre una mujer y su vida en 2004, influenciado por sus propias vivencias.
Comenzaré por dejar en claro que no soy una letrada del cine de Almodóvar, y poca experiencia tengo conociendo su filmografía. Así que esta será una reseña basada únicamente en esta película, y sin comparativas sobre trabajos previos del director u otras expectativas que pudiesen producirse al analizar esta obra.

Amarga Navidad cuenta con un tono dramático un tanto telenovelesco, aunado a un matiz cómico que funciona al generar este balance entre tanta introspección de los personajes principales, y alcanza a sentirse natural y cotidiana, algo que personalmente agradezco. Las 2 narrativas entre la que navega claramente añaden un toque dinámico y hace que el filme fluya con mayor facilidad.
Tiene sentido que Almodóvar haya incorporado algo de sus propias vivencias en el guion, al estar tan unido a ese lado creativo, y utilizando a la dirección y al guion como elementos principales que desarrollan esta historia del tipo auto ficción. Por esto último, Amarga Navidad puede percibirse como un poco pretenciosa, queriendo indagar en varias capas mientras no aparenta profundizar demasiado, dejando esta sensación de estar incompleta.
Amarga Navidad se siente un tanto distinta, tiene ese toque de cine de arte que te hace darte cuenta rápidamente que no se trata de una película cualquiera o que no intenta ser sencilla, contando con una personalidad distintiva de cualquier drama con estreno aleatorio en el verano. Eso sí, también agrega ingredientes básicos que se sienten como un truco para empatizar de manera fácil con la audiencia, como utilizar a Chabela Vargas y su música en momentos vulnerables, o el simpático factor de sumar a un striper a la fórmula, algo que inevitablemente agrega momentos humorísticos.

Lo cierto es que Amarga Navidad no logra conectar completamente, sobre todo determinados puntos hacia el final de su historia, algo que en buena parte podría estar planeado pero que también da la sensación de quedarse corto, como que había algo más que contar y solamente no alcanzó el tiempo para ello.
Amarga Navidad es una película interesante, y me da la impresión que más para personas que no sean particularmente fanáticas del cine del director. Al menos, visto desde una perspectiva más neutral y novata hacia su filmografía, Amarga Navidad parece un experimento que no ha alcanzado su madurez total, y que podría perdonarse más a un director inexperto que a uno con amplia trayectoria.
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