Aprendices fuera de línea: Google al rescate de los nerds

El lugar más feliz de la tierra no es Disneyland, esto sigue siendo un ardid publicitario que se ha prolongado demasiado tiempo. Tampoco es Tijuana, pues ninguno de nosotros es Krusty, el payaso. Al parecer ese título le pertenece al campus de Google en Silicon Valley, el mejor lugar para trabajar en Estados Unidos, y tal vez en el mundo. Dónde los espacios no sólo son bonitos y divertidos, sino que la comida es gratis y hay un montón de facilidades para los Googlers.

Ahí es donde quieren estar Billy y Nick, o Vince Vaughn y Owen Wilson, respectivamente, y quienes regresan como dúo después de The Wedding Crashers. Estos dos personajes, dedicados a las ventas, se encuentran sin trabajo luego de que su compañía cierra. Sin ninguna otra habilidad más que la facilidad de palabra y el buen trato hacia la gente, son arrojados a un mundo nuevo para ellos: la tecnología manda y la juventud es lo más valorado ­–o sobrevalorado, si me permiten.

Buscando, en Google claro está, Billy encuentra un programa veraniego de pasantías (de ahí el título original: The Internship) en este gigante de la tecnología y convence a Nick para entrar juntos. Al inicio, los pasantes (todos los demás son jóvenes de entre dieciocho y veinti-pocos años) forman equipos con los que se someterán a una serie de desafíos. Al término de la pasantía los integrantes del equipo ganador tendrán una oferta de trabajo en la empresa. Ellos mismos siendo los apestados, terminan armando grupo con los sobrantes, aquellos con quien nadie más quiso juntarse: Yo-Yo, un asiático-americano educado en casa por una madre controladora; Neha, una hindú-americana con fetiches nerds, y Stuart, un caucásico apático adicto a su Smartphone. Todos los equipos son liderados por un empleado de Google, en este caso Lyle, un geek que trata desesperadamente de actuar cool y seguro de sí mismo, a causa de ser novato en esta labor.

Pues este pobre cuarteto queda atrapado con los dos dinosaurios que no saben ni pepino de tecnología y programación. Y encima de ser observados de cerca por Mr. Chetty, el jefe del programa, debido a que tiene dudas sobre los adultos mayores, encuentran como némesis a Graham. Un competitivo, arrogante y petulante adulador que, como todos, busca ganar.

El propio Vaughn y Jared Stern (trabajaron juntos en otra película: The Watch) conforman el guión, cuya gracia se basa en el atraso tecnológico que sufren ciertas generaciones (tal vez aquellas previas a la Generación Y, por poner un punto de referencia) y al uso que hacen de alusiones propias de su época. De lado, tenemos las situaciones personales y sentimentales de los personajes: la guapa Rose Byrne (Marie Antoinette, Bridesmaids) aparece para alegarle los ojos al personaje de Owen Wilson, y el inseguro Lyle también tiene un crush con una maestra de baile. Como dato, uno de los fundadores de Google, Sergey Brin, hace un par de fugaces apariciones.

Este filme dirigido por Shawn Levy (Una Noche en el Museo) tiene un llamativo uso del color, obvio, pero llamativo. No bastó con el hecho de tratarse de instalaciones de Google y que éstas tuvieran los colores del logotipo. Sino que mucho del vestuario se encuentra dentro de esta gama. Lo que me hace pensar que probablemente al adjetivo deba ser descarado y no “llamativo”.

Tratando de ser honesto aquí, sí, toda la película ­–créditos incluidos­– parece un comercial muy largo y muy caro­ del motor de búsqueda más famoso y poderoso de la Tierra, y de algunos de sus agregados (Gmail, Google Maps, etc. Pudieron haber aprovechado y hacerle el paro a Google+, pero no lo hicieron. Al menos no en grande.) Pero esto se disfraza con una historia donde los nerds también se divierten como los demás y trabajan en lugares bien chidos. Y no, no es humor para todo el mundo, tiene un target muy específico.

En 2011 se le entregó a Vogue.com el premio Webby, People’s Voice en la categoría de Moda. El corto y conciso discurso de aceptación lo dio Anna Wintour, Editora en Jefe de Vogue Estados Unidos y recientemente nombrada Directora Artística de la poderosa y madre nodriza de Vogue: Condé Nast (un gigante en otro ámbito: el de las publicaciones). Tal vez la ubiquen por ser la inspiración detrás del personaje de Miranda Priestly, el diablo, en la novela y película homónimas: The Devil Wears Prada. Bueno, en ese entonces Wintour pronunció las siguientes palabras: Sometimes geeks can be chic. Para la causa, yo agregaría que también pueden ser graciosos y muy atractivos, aunque todo depende del cristal con que se mira. Quizá próximamente dependerá del Google Glass con que se mira…

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