Big Eyes: Tim Burton tratando miserablemente ya no ser Tim Burton

Que quede esto asentado como la prueba más fidedigna de la frase cliché que predica “Se tú mismo”, pues ciertamente de otro modo te jodes ¡Y de qué manera! Es humillante incluso para el espectador ver a Tim Burton arrastrándose por el suelo lamiendo suelas de los zapatos e implorando las migajas de un star system hollywoodense y pro Oscar con una cinta que ni siquiera es materia mediocre para tomar en consideración para una consolación. Más indignante aún, ver como un director que poco a poco va gastando y perdiendo su estilo (No hace nada desde el 2003 y de ahí hasta 1994) se suicida narrativa y directivamente manufacturando un circo melodramático más equilibrado hacia la telenovela, sobreactuada y con tintes cómicos nefastos para intentar glorificarse en el gusto general del público.

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Si bien no esperábamos una reverenciada calidad de un cineasta que ha entumecido su lenguaje desde hace una década, Burton se dedicó en esta ocasión a callarnos la boca y a defecar sobre nosotros con un drama insulso, caricaturesco, ridículo, ajeno totalmente a su estilo y que raya en lo grotesco; no por el tratamiento tragicómico de una chick flick bastante convencional, sino porque simplemente el director pone de relieve su inutilidad en los picos narrativos y en el desequilibrio de algunos de sus momentos en realidad infames, que ponen al descubierto su desesperación y urgencia por ser otro, por ya no ser Tim Burton

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¿Lo recuerdan? Si, ese mismo greñudo que de 1988 a 1994 era un erudito revolucionario, sombrío y de culto ¿Dónde quedó? Muchos dicen que destrozado desde que se casó con Helena, otros dicen que aniquilado cuando ya se separó de ella, pero ¿Saben que es lo que su cazarrecompensas en realidad piensa? Que simplemente quedó agotado en su pretensión artística sin las suficientes fuerzas y el talento para lograr la constancia de su principal y aún recordad estilo.

¡Señoras y señores! Les presentó a un payaso de Hollywood, a un director de telenovelas digno de Univisión y/o Televisa ¡Al compañero ideal de dirección de Eugenio Derbéz! Con ustedes Tim Burton.

 

La miseria hollywoodense

La historia de la pintora Margaret Keane y el truhan esposo que tomó su apellido para hacerse autor de su obra, parecía a primera instancia una buena idea para que el cineasta se despabilara de tanta oscuridad y reciclaje narrativo, pero solo es cuestión de segundos para que esto se venga abajo como una caraja avalancha.

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Como alcohólico débil en intento de rehabilitación, Burton comienza a plantear su cinta con una convencionalidad chocante, queriendo reforzar su narración con elementos de su estilo que se tornan rápidamente sobrados y totalmente ajenos a lo que quiere hacer: una biopic tragicómica. Conoce la reglas del juego, de la sobriedad y de la fórmula de Hollywood para encausar este tipo de relatos usuales, sin embargo pierde el piso y las fuerzas cuando su tono caricaturesco se hace presente en varias formas: Primero algunas no tan graves e incluso agradables a la vista y acordes a la naturaleza del relato (Como los créditos, las ambientaciones sobre expuestas a la luz y los colores vivos), pero luego comienza a emerger lo que llamaremos misteriosamente “el elemento personaje Burton”, una cosa fatídica y constante en su filmografía más reciente que comienza a asomar su cabeza como variable secundaria pero que súbitamente como parásito se hace de toda la escena siendo exactamente una proyección y extensión de la pretensión excéntrica del cineasta, llenando la pantalla de momentos desamparados de toda coherencia dramática (E incluso cómica) y desmantelando en esta ocasión todo el equilibrio de una historia que hasta su primera media hora se tornaba al menos interesante y lo más importante, digna de relatar.

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No habrá escapatoria, el común libreto dejará de lado su corriente “victimaria” para tomar una vertiente bufonesca en donde el ritmo, el timing, y la lógica temporal entre secuencias da tumbos alarmantes, llegando a una conclusión insufrible de aproximadamente 20 minutos que significan una tortura sensorial para cualquier espectador (Y en la que ahondaremos más en el siguiente apartado, cuando descubramos a ese “elemento personaje Burton” que al menos ¡Al menos! Ya no fue el idiota sobrevalorado “siempre actúo de la misma amanerada manera” de Johnny Depp).

 

Christoph Waltz, un dolor de cabeza

Con ustedes el famoso y protagonista accidental de la historia: “El elemento personaje Burton”, en esta ocasión interpretado por un Christoph Waltz el cual, sino deja de parodiarse a sí mismo una y otra vez en su personaje de Hans Landa de Inglorious Basterds, prontamente pudiera convertirse en una de las farsas histriónicas más grandes de nuestra época (Sino es que ya lo es) ¿Culpa del casting? ¿Del guion? ¿De la dirección? ¿De la actuación? Aquí la mierda apunta a casi todo.

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Ya lo mencionaba mi colega Ed Sunderland en una charla (Y me permito usar sus palabras aquí): “La escena final de juicio, sobreactuada, mal dirigida y de pena ajena para cualquier visor, es quizá lo peor que hemos visto en este tipo de secuencias junto al No se Aceptan Devoluciones de Eugenio Derbez”. De ese calibre estamos hablando, permitiéndome también agregar el knock out certero y preciso del también estimado Bedub: “La escena del juicio es como para matar a ambos (Burton y Waltz)”.

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Pero entonces ¿Dónde quedó toda aquella faramalla de las actuaciones que recibieron premios y nominaciones en algunos premios sobrevalorados llamados Globos de Oro? Simple, en Amy Adams, una actriz que ni siquiera Burton y el zoquete bufón de su elemento pueden mermar en calidad histriónica siendo la única digna de remembrar en este circo. Parece que la actriz es la única comprometida con el relato (Incluso parece que está a otro ritmo, tono y hasta en otra película), entregando un desempeño plausible, natural y veraz que posicionan al personaje de la historia con empatía y hasta respeto en un relato de obvio mensaje feminista.

 

¿Hay que verla?

No es recomendable. Big Eyes no parece un Burton ¡Vamos! No parece ni siquiera un mal Burton (Nombren cualquiera de sus 9 películas anteriores exceptuando Big Fish), sino una telenovela un poquito alargada, forzada, muy mal dirigida y sobreactuada en casi su totalidad, la cual merece el puesto no de una decepción, sino de una de las mayores pifias del 2014. Algunos valores como el correcto acto introductorio, el diseño de arte, vestuario, la fotografía y la actuación de Adams resaltan, pero no son suficientes para equilibrar todo este caos cinematográfico.

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Al menos Burton ya nos tiene acostumbrados a esto desastres, lo curioso es que esta vez intentó ser otro para mejorar, resultado exactamente lo opuesto

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Acerca del autor

El Fett   @El_Fett   cinescopia.com

El más realista y cabrón crítico de cine que pueda existir. Ente sin misericordia que tiene el halago de transmitir a los mortales su sentir y sabiduría en el mejor recinto sobre el séptimo arte. Cinéfilo de corazón y crítico crudo por vocación. Alter ego del Licenciado en mercadotecnia y RRPP Oscar M Rodríguez (FB) Sigueme en twitter @El_Fett


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