Capone: Fonzo “El pedorro”

Existe un diálogo dentro del último “relevante” estreno streaming en esta época de COVID, donde se compara a Al Capone con Adolf Hitler, para que momentos después el agente más joven del FBI en la historia real y de las películas (en serio que maten al del casting), suelte una maldición gitana al gánster mientras lo enfrenta en un interrogatorio a sabiendas de que el criminal está totalmente demente, y en donde guionista y director decide que el elemento narrativo para romper su repentino cambio de tono y supuesta tensión es que su protagonista se pedorree (y se cague por segunda vez en el film) ¿acto seguido? El agente desaparece del film y el motivo del interrogatorio, para dar rienda suelta a una especie de expiación que pretende humanizar a esa criatura violenta y demencial.

Esta serie de secuencias resume no solo la incongruencia de este film, sino el nivel de idioteces en las que Josh Trank incurre en su libreto y dirección, sin reparar en algún momento que como su protagonista, su vida como director tras una segunda oportunidad (y nosotros que pensábamos que Fantastic 4 fue solo un accidente) se está yendo directito a la mierda.

¿Y saben que es lo irónico? Que Capone pudiera parecer muy interesante en su arranque o arco introductorio, en una especie de espejismo donde Trank se aleja del convencionalismo gansteril y de la biopic para presentarnos una historia sobre la progresiva demencia, con secuencias tan surreales como fastuosas que se disparan en al menos en 3 ocasiones con bastante singularidad, ritmo y una muy buena presencia de Tom Hardy, estableciendo que probablemente este sea un viaje a la mente de uno de los criminales más notorios y sangrientos de la historia.

Pero desgraciadamente dicha promesa se va diluyendo poco a poco, pues la inutilidad de Trank hace que pierda la noción sobre su libreto y realidad, entrando en simbolismos sin sustento, tangentes paternalistas y un forzado elemento “de thriller” o corrupción, todos tan absurdamente desarrollados y que tan rápido entran como salen, que el resultado final es poco más que patético.

Cabe mencionar que el otro gran afectado es Hardy, actor que en su regreso a la pantalla grande se topa con un personaje mal presentado, estructurado y desarrollado (hasta mal maquillado), haciendo que su por momentos valiosa (pero también sobreactuada) interpretación sea arrastrada por este río narrativo que no tiene principio, fin o cause. Así mismo sus compañeros de reparto se ven doblemente desperdiciados (especialmente Matt Dillon) en esta serie de caudales, pues son ellos los protagonistas de esas tangentes que lejos de aportar, afectan lo que “se supone que pretendía Trank, y que solo podemos suponerlo porque al parecer él ni siquiera sabía de lo que iba su supuesta historia” ¿Si me siguen qué tan mal está abordada esta atrocidad, verdad?

Una decepción mayúscula dadas no solo las previas características y aportes histriónicos con los que Capone contaba, sino también por la falsa promesa de su director y guionista en un primer acto bastante prometedor, de una cosa podemos estar seguros, y esa es que la carrera cinematográfica de Josh Trank está más muerta que Al Capone.

Déjenla pasar y mejor vean otros de sus capítulos esos de Netflix, pues al menos así desquitarán el alza de precio.

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Acerca del autor

El Fett   @El_Fett   cinescopia.com

El más realista y cabrón crítico de cine que pueda existir. Ente sin misericordia que tiene el halago de transmitir a los mortales su sentir y sabiduría en el mejor recinto sobre el séptimo arte. Cinéfilo de corazón y crítico crudo por vocación. Alter ego del Licenciado en mercadotecnia y RRPP Oscar M Rodríguez (FB) Sigueme en twitter @El_Fett


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