Corazón Borrado: Cuando te dicen que ser tú está mal

Que trabajo me costó entender todo lo que veía que sucedía en este filme. Y no porque sea una historia compleja ni porque la narración sea un sinsentido. Lo que mi mente no acababa de procesar era que aún en estos tiempos dizque “modernos” aún persistan conductas retrógradas tan extremas en contra de la homosexualidad y que hay quienes la consideren un padecimiento que puede ser curado. Esas personas son como Homero Simpson y su “¡todos ustedes están enfermos!”. Ya en otras entradas he despotricado acerca de los peligros de ciertos extremismos derivados de la religión y “Corazón Borrado” (Boy Erased) es otro de estos casos (de hecho sobre esta línea sigue el análisis de un título clásico que aún no termino de escribir pero que podrán leer pronto). Este segundo ejercicio directorial del también actor australiano Joel Edgerton, adapta la autobiografía homónima de Garrard Conley en la que narra el martirio que tuvo que vivir en un centro de terapia de reorientación sexual para según volverlo otra vez machin. En otro universo, esto sería una comedia.

La historia nos presenta a Jared Eamons (Lucas Hedges, actorazo) un joven de 19 años que, debido a un muy desafortunado evento, tiene que confesar a sus padres que es homosexual. El problema es que su papá Marshall (Russell Crowe) es un pastor bautista y su madre Nancy (Nicole Kidman) es una señora mocha con un horrendo corte de pelo. El ortodoxo par decide inscribir a su descarriado hijo en un centro de terapia de conversión con el fin de tratar y curar su “condición” para poder volver a ser aceptado por ellos y, más importante, por Dios. Con duros y hasta medievales métodos, impartidos por el detestable pseudo-terapeuta Victor Sykes (Joel Edgerton), todos los jóvenes inscritos al programa habrán de buscar la manera de lidiar con su situación. Algunos sólo deciden seguirles la corriente y actuar el papel para que los dejen salir. Otros se fuerzan a seguir el programa al pie de la letra e incluso evitar todo contacto físico. A través de lo que aprende de ellos y de su propia experiencia, la verdadera lucha de Jared será aceptarse y amarse a si mismo.

Edgerton junta a sus compatriotas Kidman y Crowe para realizar su visión de esta historia. Nicole resulta efectiva, como siempre. A pesar de que su personaje no aparece tanto, es de los que más evolución y desarrollo presentan. Da coraje verla en un papel tan de señora de las buenas costumbres, siendo que en Aquaman su hijo hizo dudar a varios de su heterosexualidad. Aún más breve resulta el papel de Russell Crowe, que logra transformarse no sólo físicamente y entregar un muy convincente papel. Edgerton logra ser odiado como el terapeuta y su interpretación es bastante real, tanto que quería meterle un puñetazo. Pero todos quedan opacados por el joven Lucas Hedges, que hace suyo el rol de Jared y da una tremenda actuación que ya quisieran varios. Tiene bastante futuro. No quisiera omitir la fugaz aparición de Flea, el famoso bajista de los Red Hot Chili Peppers, que aparece como uno de los consultores del centro de tratamiento y la verdad se luce. Como diría Barney, “¡queremos a los Chili Peppers!”

La dirección que Edgerton imprime al filme le da un toque bastante real con una aceptable fotografía. No sé si fue intencional, pero la sobriedad excesiva de los escenarios me pareció proyectaba esa reprimida realidad en la que tenía que vivir Jared. Paredes de colores neutros, muebles aburridos y acomodados por alguien perfeccionista. Todo se sentía tan asfixiante en ese pequeño mundo conservador. No es sino hasta que el joven comienza a sentirse bien consigo mismo que hacen un sutil aparición colores más vivos y contrastantes. Al final Edgerton se queda corto en cuanto a mostrar lo que sucede en esos lugares, quizá por cuestiones de clasificación y que llegara a los jóvenes a quienes está dirigida, y deja varias dudas acerca de los personajes secundarios. Empezó bien pero al final tambaleó.

Resulta verdaderamente perturbador el hecho de que este tipo de tratamientos siga vigente e incluso sea legal en varios países. Este tipo de programas son básicamente procesos de agresión psicológica y física que van en contra de los derechos humanos. Si bien la historia de Garrard Conley ayudó a que muchos abrieran los ojos, aún queda bastante por hacer. Boy Erased no es una película exclusiva para un grupo de personas, es una historia para todo el mundo con el fin de ver más allá de las diferencias, sean las que sean, y tirar esas estorbosas barreras ideológicas. No debemos avergonzarnos de lo que somos.

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Acerca del autor

El Markovich   @ChocolateBono  

Observador de la escena humana dentro y fuera de la pantalla. El cine y el chisme son de mis cosas favoritas, así que heme aquí. Yo sólo doy mi opinión, al final tú decides.


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