Darren Aronofsky ¿Surrealismo con causa o pseudo intelecto religioso?

Como su obra, la vida de Darren Aronofsky se puede resumir bajo un contexto surrealista; de ascendencia judía, nunca profesó ni indicó ningún interés hacia las creencias de sus antepasados, sin embargo desde muy joven llenó aquel hueco espiritual y emocional demostrando un fervor hacia la antropología y el comportamiento humano. Como si la religión fuera algo insuficiente para su búsqueda por el conocimiento y entendimiento de la existencia, Aronofsky desarrolló a la par de sus labores como biólogo en Kenia y Alaska un gusto artístico y cultural que tempranamente lo llevarían a abordar algunas corrientes plásticas para proyectar sus sentimientos tales como la escultura, pintura y el grafiti, pero no fue hasta su llegada a Harvard que su futuro se esclarecería y tomaría el rumbo del séptimo arte, graduándose con honores de la carrera de cinematografía en 1991, claro, sin dejar de lado un posgrado en su amada antropología social.

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También de un legado teatral inculcado por sus padres, el oriundo de Nueva York experimentó una prematura relación hacía con el cine, revelándose como un fanático y seguidor de cineastas que parecían bao se percepción entender al hombre (Kurosawa, Polanski, Spike Lee, Gilliam y Jarmusch) y que fueron principales influencias que a la postre lo llevarían a ganar la medalla de honor “Franklin J. Schaffner” en 1992 gracias a su tesis de Harvard titulada Supermarket Sweep.

El resto podría ser remembrada justamente como un pedazo de historia contemporánea de la cinematografía, pues a pesar de su intermitencia (Irónica y curiosamente provista en mayor grado por ese agregado académico), no cabe duda que Aronofsky se ha representado como una pieza fundamental del cine de nuestra era; con su tono surrealista e interesante propuesta narrativa y visual, nos guste en supremacía o nos desespere en plenitud máxima, el cineasta ha marcado una vertiente única digna de ser analizada, tomando como punto de partida su apego por la autodestrucción humana, por la dualidad de la mente, por las emociones exacerbadas fuera del control emocional y por último y quizá más importante, por ese elemento surrealista y/o místico que ronda en mayor o menor grado cada una de sus obras.

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Tan excéntrico como egocéntrico, Darren en los últimos años ha mostrado un cambio de ideología que lo ha llevado a convertirse en un simbolista del espiritualismo profesado por la fe católica bajo cierta adaptación según sus bases antropológicas, por lo cual resulta imperativo analizar el proceso, evolución y obra de este director – autor  escritor – productor  tras la controversia de su último film. Aronofsky deberá pasar por el juicio de su servidor para encontrarse con el realista veredicto ¿Rebelde judío sin causa? ¿Sabio antropólogo – cineasta? ¿Nuevo sacerdote del cine? ¿O solo un pseudo intelectual al cual le dieron ganas de hacer cine? Solo lo sabremos tras un vistazo a su obra que se resume en 26 años, 7 films, 3 cortometrajes y muchos proyectos abandonados.

 

 

El orden de Darren

3 cosas son fundamentales para la comprensión de su obra: La primera y la segunda responden a sus respectivas y fructíferas asociaciones con el fotógrafo Matthew Libatique  y el compositor Clint Mansell (Responsables de la creación de sus atmósferas oníricas tanto visuales como auditivas), eternos cómplices en esta odisea que nunca desequilibran sus labores (Si a uno le va mal, todos se joden, si a uno le va bien, todos se engrandecen), y la tercera y más relevante sin duda alguna es Pi: El Orden de Caos, opera prima que institucionalizaría su estilo, el cual se podría explicar como una pericia narrativa exquisita que convierte lo complejo en alcanzable, lo demencial en una amenaza próxima, lo extraño y bizarro en algo muy familiar e íntimo.

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Incluso está obra parece estar ya fuera de su rango narrativo actual, pues a pesar de sus ligeras inconsistencias (Lógicas y normales de cualquier novato con calidad) denotadas mayormente en su falta de ritmo, la cinta es desde cierto punto de vista es una revolucionaria de contexto, donde un matemático busca la razón de la existencia a través de un elemento numérico que llevarán al espectador a debatirse entre la demencia de su protagonista (esquizofrenia) o  bien el posible encuentro con una realidad alterna a nuestro burdo y simplista paso por la vida. Repleta de elementos que resaltan su crítica social (Sobre todo a su herencia judía) y su conocimiento sobre el comportamiento humano al borde de la aniquilación emocional, Pi es una verdadera obra de autor que en su tiempo logró venderse por un millón de dólares y obtener el reconocimiento de variados festivales gracias a su arriesgada propuesta y libreto que se presentó en una especie de “focus group” hacia con los amigos del cineasta para obtener el visto bueno hacía con la producción y rodaje; la medalla de Harvard y $60,000 dólares también ayudaron.

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Apenas a sus 29 años y ya posicionado como un cineasta a seguir, Aronofsky se daría un par de años para llevar a cabo su siguiente film, que si bien no es el mejor de su obra, sin duda si es el más conocido y el cual, no solo lo puso en boca y respeto de todos, sino que también fue y es a la fecha un parte aguas generacional que sigue acarreando culto. Requiem irrumpiría en escena y el mundo de las adicciones y ciertas prácticas sexuales ya no volverían a ser igual en el cine.

Como dijimos ¡Surrealista! De la noche a la mañana Darren ya contaba con una experimentada Ellen Burstyn en el protagónico (Con todo y justa nominación al Oscar) y con un séquito de jóvenes promesas  encabezadas por Jared Leto y Jennifer Connelly. Nuevamente tendría algunos problemas no en su guion (Adaptado de la novela homónima por el mismo autor Hubert Selby Jr. en asociación con Darren), pero si en su tratamiento directivo, que presta más atención a los detalles de la aniquilación humana (física, emocional y espiritualmente) que a su ritmo, el cual llega a palidecer hacia el final de la cinta. Aun así, Aronofsky es capaz de estructurar perfectamente la caída del hombre antes las adicciones, proyectando secuencias y metáforas sexuales y animales que lo reducen a una nada, perdiendo todo  orgullo  y decencia hasta encontrarnos con una escena lésbica difícil de olvidar y superar.

 

El desorden de Darren

Las bases estaban cimentadas y las expectativas por su próximo proyecto in crescendo, pero Darren preferiría esperar 6 años, tiempo en el cual desarrolló una faceta que le ha marcado muy mala fama mediática, pues quizá sea el neoyorquino el director #1 en chismes y rumores sobre producciones venideras, siendo el iniciador de todos los rumores sobre el reinicio de Batman, convirtiéndose por aquellos años en primera opción para rejuvenecer la figura de DC Comics (Se repetiría este comportamiento súper heroico con el abandono de Wolverine)

Pero las cosas dieron un giro sorpresivo. Darren abandonaría la realidad y en lugar de llevar a cabo una ficción con elementos surrealistas, para su siguiente cinta haría un surrealismo con elementos de ficción, dejando de lado cualquier esbozo narrativo para rendirse a su antropología y a sus viajes mentales en la búsqueda por la vida y el conocimiento, una odisea que desembocaría en la infumable The Fountain (2006)

Con Hugh Jackman como actor de moda, Aronofsky construiría un relato sin principio ni fin, mucho menos con clímax o con algún indicio de nexo o coherencia narrativa. El cineasta daría rienda suelta a su excentricidad y egocentrismo dispuesto a abusar de todo recurso o elemento a su alcance a como fuera lugar, pues si bien el film es bañado de una excelsa propuesta visual y sonora, su travesía “peyotera” en ningún momento llega a conectar o causar empatía con el espectador, el cual deberá tragarse hora y media de saltos en tiempo y espacio por una frágil y débil justificante ¿Metáforas existencialistas? ¿Romance surrealista? ¿Guía de  historia? Como su servidor la definiría por aquel tiempo, Darren con este pretencioso bodrio al menos logró ser el primer cineasta en atreverse a realizar un film con puro elemento macguffin en su argumento que no llevan a ningún jodido lado (Hitchcock lo hubiera quemado en la hoguera), misma dirección que mantienen los seguidores de esta, pues aunque ustedes no lo crean, esta sandez puede llegar a ser considerada de culto por aquellos que incluso no la comprenden (pero ser pseudo intelectual y buscar expresiones artísticas hasta en los orines de la calle está de moda).

 

El clímax de Aronofsky

La reivindicación llegaría pronto. Bastaría 2 años para que el cineasta volviera la realidad y entregará lo que en su momento fue su máxima obra que irónicamente, se asimila en sencillez a su primer film, solo que en esta ocasión había ya mucho camino recorrido y errores aprendidos.

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The Wrestler sin duda alguna es una joya del cine contemporáneo, no solo significa la pieza más equilibrada de su director, sino también una de los mejores desempeños actorales de los últimos tiempos icónica y curiosamente adherido a una carne que en la vida real se encontraban tal y como el personaje, errante y en el sendero de la auto destrucción. Una obra de redención, Darren encontraría que ciertamente un poquito de esperanza y emotividad, un libreto alejado de toda pretensión y elementos surrealistas y un cuidado minucioso en el desempeño actoral, serían la fórmula perfecta para levantar un clásico.

Cabe destacar que fue The Wrestler el primer film donde su crédito como guionista fuera omitido, pasando este a Robert D. Siegel ¿Habría entonces que tomar mejores decisiones y enfocarse meramente en la dirección para lograr el balance y el ritmo requeridos? Su siguiente film tan amado como odiado confirman que sí.

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Independientemente a todos sus detractores, si algo tiene Black Swan son 3 ventajas competitivas sobre el cine de aquel 2010: La primera fue su fastuosa fotografía, la segunda su mágica banda sonora y la tercera (que por fin Aronofsky supo cómo), la creación de un ritmo exquisito. Ciertamente el cisne peca de morboso y su giro de tuerca de inverosímil denotando un problema que se irá acrecentando en su próximo film (la perdida de la noción del tiempo), pero nadie puede negar que su trepidante tratamiento capta todos los sentidos durante ¾ de su metraje; Darren logra sumergir al espectador en un juego mental tortuoso y hermosamente exasperante, cierto, juega con sus recursos sexuales para crear los nexos y retener la atención, pero al final esas secuencias de baile y la interacción entre sus actores logran solventar las ataduras de un complejo argumento que al principio pareciera no tener mucho que contar, pero que en manos de Aronofsky, Libatique y Mansell abastecen 108 minutos de portentoso, expresivo, bueno y entretenido cine. Para otros, y las razones también son inobjetables, sus dos socios y actores le salvaron el trasero en esta ocasión.

 

El hundimiento de Aronosfsky

A pesar de catapultarse con The Wrestler, Black Swan determinó que Aronofsky pronto se vendería totalmente al modus operandi del star system Hollywoodense. Ya lo había predicho nuestro colega Waters y en aquel tiempo (Con justa razón hay que mencionarlo), todos lo tildamos de loco, sin embargo Noah confirma lo profetizado.

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Como The Fountain, Aronofsky nuevamente se pierde en todo, no sabiendo o decidiendo incluso en que género soportar su relato de naturaleza fantástica ¿Su mayor pecado u omisión? Tratar de justificar todo elemento surrealista y tratar de convertir dicha fantasía en algo “real” o “lógico” exportando su tono hacia el melodrama. En esta ocasión ni el elemento visual o el sonoro serían atractivos, mucho menos sus acartonadas actuaciones.

Sin embargo algo imperceptible en su momento apareció con Noah, una vena espiritual y teológica que le serviría como un ensayo para el incierto porvenir, uno en el que el autor encontraría su pieza clave, su testimonio, su legado.

 

La Madre de Aronofsky

Es curioso que las dos joyas en su filmografía sean totalmente opuestas en cuanto a corriente y lenguaje se refieren: un drama ajeno a todo elemento metafórico y/o fantasioso, contra una pieza sujeta al surrealismo en su totalidad. Con Mother! Aronofsky se denota arriesgado y brutal; su controversial adaptación bíblica estará sujeta a su percepción simbólica sobre la relación entre la humanidad, la madre naturaleza y un Dios que emerge  como un reflejo omnipresente y “creador” que radica entre el amor y egocentrismo. Quizá sea un accidente, o tal vez el director tenga un conocimiento superior sobre el planeta y el universo, pero este film conlleva un doble impacto al coincidir de manera “surreal” con el estatus actual de la humanidad y los desastres naturales, los cuales incluso justifican no solo el accionar de su trepidante y magnífico ritmo, sino también su visión bíblica y predicación teologal ¿Pretencioso? Absolutamente, pero eso no exime a esta ambición de su ineludible calidad dentro de una corriente artrítica que requiere más atención, fervor y comprensión de una audiencia a la cual se le da el eterno regalo del libre albedrío y/o interpretación. Aquí la crítica más completa sobre esta

 

Veredicto

Dos joyas contradictorias, la sobrevaloración de su Requiem, el hundimiento de su prueba religiosa, su nefasto ensayo surreal de una fuente de vida, un debut inmejorable y la comercialidad disfrutable pero no maestra de su cisne, convierte a Darren Aronofsky en uno de los principales protagonistas fílmicos de este siglo, un autor espiritual, antropólogo, teólogo, surreal, dramático y aventurero que gusta proyectar la auto destrucción humana mediante una rica simbología madurada bajo un literal fruto prohibido en este 2017.

Sin duda alguna y pese a sus tropiezos , uno de los mejores y más polémicos cineastas de su era

PI 1998

 

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Acerca del autor

El Fett   @El_Fett   cinescopia.com

El más realista y cabrón crítico de cine que pueda existir. Ente sin misericordia que tiene el halago de transmitir a los mortales su sentir y sabiduría en el mejor recinto sobre el séptimo arte. Cinéfilo de corazón y crítico crudo por vocación. Alter ego del Licenciado en mercadotecnia y RRPP Oscar M Rodríguez (FB) Sigueme en twitter @El_Fett


11 comentarios

  • Se dice Ascendencia para referirse a los padres, abuelos, etc. no descendencia que, como la palabra lo dice, son los descendientes de la persona en cuestión.

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  • Se escribe “género” con acento cuando te refieres a una clasificación o una especificación.

    “Como The Fountain, Aronofsky nuevamente se pierde en todo, no sabiendo o decidiendo incluso en que genero soportar su relato de naturaleza fantástica ¿Su mayor pecado u omisión? Tratar de justificar todo elemento surrealista y tratar de convertir dicha fantasía en algo “real” o “lógico” exportando su tono hacia el melodrama. En esta ocasión ni el elemento visual o el sonoro serían atractivos, mucho menos sus acartonadas actuaciones.”

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    • Ese mi Fede usted anda con tooooooooooooooocho, hasta en le facebook, ya lo vi XD. Gracias por la observación, fíjese que ese lo dejaré así ya que solo fue un error que se me pasó el acento, ya que en otros usos de la misma palabra refiriéndonos a una clasificación y en este mismo artículo viene bien aplicado.

      Saludos

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  • Presuntuoso, pretensioso, melodramático, exagerado, ilógico, yerbatero… son sólo algunos de los apodos que le doy a este director, uno de los más sobrevalorados que he visto y una filmografía en la que pareciera que para imaginarse las cosas necesita consumir altas cantidades de fármacos.

    No he visto Pi y tengo mis dudas con ella y La Fuente no me llama la atención, con esto dicho:

    -Réquiem por un Sueño (2.5/5): Actuaciones exageradas, una trama difícil de seguir y demasiado gráfica para mi gusto. Estoy de acuerdo con el Dr. Waters de que esto es un comercial anti-drogas.

    -Black Swan (2.5/5): Profunda decepción, por decirlo de la manera más amable posible. Vincent Cassel hace un muy buen papel, la música y la fotografía. Pero el resto no destaca. Aronofsky se pone bien pretencioso en las tomas, Natalie Portman demuestra que no se merecía ese Óscar (yo se lo hubiera dado a Annette Benning sólo porque Jennifer Lawrence no era la súper estrella de hoy), se coloca la primera piedra de mi disgusto (y posible odio) a Mila Kunis, unos efectos especiales aunque bien hechos nada necesarios y lo peor: la escena lésbica más aburrida y nada excitante que he visto en mi vida.

    -Noé (2/5): Cuando creí que no podía haber nada peor vino esto. Unas actuaciones que rayan en lo sobreactuado (Jennifer Connelly [no entiendo, si ya habías trabajado con él, ¿por qué hiciste una actuación tan penosa]), en la keanurrivitis (Russell Crowe, Logan Lerman), en lo pasable (Emma Watson, Ray Winstone) y en lo olvidable (los demás), una banda sonora repetitiva, unos efectos muy falsos (Richard Parker es más viejo y se ve mejor que todos esos animales juntos), una historia que no se decide por ser algo real o fantasioso, un Dios bipolar que creí sólo existía en los Simpson (en varios momentos recordé ese “Dios Vengativo, Dios Amoroso”), una falta de lógica dentro de su universo y, aunque sabía desde el principio que esto no tenía nada que ver con el material original, se toma demasiadas libertades creativas. Esto ya no es no respetar la Biblia ¡es bajarse los pantalones y limpiarse el trasero con ella! Una lástima que Emma se haya despedido del cine con esto.

    Para mí, Aronofsky vino a hacer The Wrestler, de la que no tengo nada que comentar excepto ¡¿por qué puñetas Mickey Rourke no se llevó el Óscar?! (5/5) y ya debería de retirarse.

    Ya extrañaba comentar en este tipo de sección.

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    • Ya volvió la sección para ya no irse mi estimado médico cirujano de cabecera.

      Fíjese que en las primeras dos yo si le doy crédito a Aronofsky, siento no estar de acuerdo con usted, pero creo que la pericia narrativa a pesar de los errores del libreto y de su timing en especial hacia sus conclusiones, son dos cintas muy disfrutable sy buenas a secas

      Wrestler, esa es OTRO PEDO jajajajaja

      Saludos mi estimado y gracias por comentar, el sentimiento es mutuo

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  • Requiem for a dream es una basura moralista hipersobrevalorada, mientras que Pi, sin ser un bodrio, me dijo bien poquita cosa. Luego The Wrestler es la más me gusta de las suyas, y Black Swan es buena, aunque tampoco para tirar cohetes, por más que copie al finao Satoshi Kon no llegará a su nivel en lo que a difuminar la barrera entre ficción y realidad se refiere.

    Noah no me llama la atención, aunque quizás le de una oportunidad en algún momento.

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    • Mi estimado, Noah no merece ninguna oportunidad se lo aseguro jaja
      Estamos de acuerdo en todas menos en Requiem, me parece que la cinta va mas alla de ser una basura moralista aunque ciertamente muchos la perciben de esa forma el quehacer narrativo de Aronofsky toma vuelo desde este punto y entrega un ritmo muy bueno por momentos, sobre todo al principio y conslusión

      Le mando un muy cordial saludo y gracias por comentar

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  • Realmente tu critica en ciertos aspectos me parece burda, realmente Pi me parece una película exquisita, y algo arriesgado para un director en ese entonces desconocido, pi maneja escenas enfermizas en cierto aspecto asemejando un surrealismo como en sus inicios con Dulac, tambien se tiene la calidad musical, el soundtrack que usaron te mete de lleno a la profundidad que desea que al final se interpreta como Pi, el numero infinito junto al pensamiento humano.

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    • Mi estimado tocayo su opinión es respetable pero no logró comprender su enojo, si varios de los aspectos que usted señala tan vagamente en su comentario concuerdan con los vertidos en el post

      Saludos y gracias por comentar

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