Divergencias Cinematográficas: SIDA o la Nueva Peste Negra

Sean todos bienvenidos, apreciables amigos lectores y amantes del buen cine, a este nuevo duelo cinematográfico.  Hasta ahora considero se trata del más personal de los análisis que he realizado en esta sección, pues junto con el post “Rostros de la Locura” atañe directamente a mi profesión, con la diferencia de que en esta ocasión se trata de una enfermedad que considero casi perfecta: El Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida, SIDA.

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Paciente con SIDA terminal. Portador de Sarcoma de Kaposi

¿Por qué digo que es casi perfecta?  A lo escalofriantemente destructivo de la enfermedad en sí es menester agregar el estigma social que implica, aun en estos tiempos de supuesta libertad y tolerancia, el padecer este mal.  El virus que la provoca, llamado Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), tiene como blanco los llamados Linfocitos T CD4, un tipo de glóbulos blancos responsables de una parte fundmanental de las defensas ante gérmenes que en condiciones normales no afectan al ser humano; no obstante, en VIH per sé es destructivo pues agrede a otras líneas celulares.  Es así como quien sufre SIDA es vulnerable a infecciones que en otras condiciones no aparecen (llamadas infecciones oportunistas), además de diversos tipos de cáncer, males  psiquiátricos, desnutrición y una larga lista de otras afectaciones que describir aquí sería imposible además de escapar de los objetivos de este  blog.  Los últimos tratamientos han conseguido que la infección por VIH dejase de ser una enfermedad terminal (con muerte inevitable) para convertirse en crónica y reducir en parte el inmenso sufrimiento que acarrea en el sentido físico.  No así en el aspecto social ya que aun en estos tiempos el enfermo es estigmatizado, perseguido, aislado y juzgado como un criminal o pecador merecedor del castigo de padecer este hórrido mal.   Siendo así, el SIDA es una enfermedad casi perfecta, pues lo único que le falta para alcanzar un grado absolutamente destructivo es ser altamente contagiosa.  A Dios gracias, no lo es, pues de lo contrario me atrevería a decir que diezmaría a la humanidad.

Puesto que su forma de transmisión es vía sexual y mediante sangre contaminada  (lo que vuelve a los usuarios de drogas intravenosas una población de riesgo), el enfermo no solo sufrirá las terribles consecuencias del virus sino también el odio de la sociedad.  Y es que por cada Freddie Mercury,  Rock Hudson o Isaac Asimov, queridas celebridades víctimas de este mal, hay miles de “muertos por jotos” o “muertas por wilas” cuyas familias sufren el estigma aun luego de la muerte del paciente, por ser una enfermedad vista como propia de  “putos”, de “golfas”, de “drogos marihuanos” y de niños de padres “calientes”. Si bien se sabe que cualquier persona puede contraer la enfermedad, la sociedad aun la considera un castigo para la comunidad homosexual masculina y las sexoservidoras principalmente, lo que ha agudizado el odio hacia estos grupos.  Así, con 35 millones de personas fallecidas a causa de este mal, según conteos oficiales, la pandemia del SIDA se compara con la Influenza Española y, por supuesto, con la Peste Negra, en cuanto al nivel de mortalidad, convirtiéndola en una de las peores plagas en la historia de la humanidad.

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Fármacos al por mayor. Cura imposible.

Es más semejante, ciertamente, a la Peste Negra pues cuando ésta horrible enfermedad diezmaba a la tercera parte de la población europea al terrible escenario apocalíptico había que sumarle el terror por creer que se trataba de la ira de Dios el origen de este mal.  Al surgir el SIDA, con sus terribles consecuencias, el pánico generalizado bien recordó aquellos oscuros tiempos y desató una nueva ola de odio y discriminación que aun hoy día experimentamos.

Al igual que el cáncer, el SIDA es objeto de las teorías de conspiración más disparatadas: Que se trata de un virus creado en laboratorio, bajo el auspicio de la ultra-derecha, para castigar a los drogadictos y a los homosexuales, que la venta de antirretrovirales deja ganancias tan jugosas que la cura no se ha buscado,  que es un castigo divino y demás gilipolleces.  A todo ésto ¿por qué esa dichosa asociación entre el SIDA y la comunidad homosexual?  Creo pertinente aclarar que el coito anal es la forma más eficiente de transmisión sexual del virus y ello explica el por qué la enfermedad fue primeramente reconocida en homosexuales masculinos.  Sin embargo, hasta el 80% de los casos de transmisión sexual del VIH se da entre heterosexuales, lo que echa por tierra el esterotipo del SIDA como “cosa de gays”.

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Síndrome de Anorexia-Caquexia (destrucción muscular) y Sarcoma de Kaposi

El cine, crisol de nuestras emociones y temores, no podría ser ajeno al impacto de esta enfermedad pues sus efectos en cuestión de sufrimiento humano, cultural, demográfico y económico ha sido experimentado en prácticamente cada rincón del mundo.  Uno de los primeros acercamientos formales a este mal fue la película para la televisión y basado en la novela del mismo nombre,  And the Band Played On (Roger Spottiswoode, 1993), que narra en una historia ficticia el surgimiento de la epidemia y los esfuerzos del Dr. Don Francis (el casi anónimo Mattew Modine) por descubrir el origen de este mal, apoyado por el activista homosexual Bill Krauss (el siempre excelente Ian Mckellen), así como la controversia sobre la verdadera autoría del descubrimiento del virus. (En 1981, el Dr. Luc Montaigner, del instituto Pasteur, aisló el virus, evento que le haría merecedor del premio Nobel de Medicina en 2008.  El Dr. Robert Gallo, a quien en un principio se le consideró plagiador de los hallazgos de su colega francés, hoy es reconocido como quien demostró la asociación entre el VIH y el SIDA).  De buena factura para un telefilme, es un acercamiento veraz hacia la terrible realidad de esta enfermedad y abrió el camino para obras, las cuales justamente estudiaremos en esta ocasión.

Dos obras cinematográficas destacadas cuyo eje temático es el SIDA son Philadelphia (Jonathan Demme, 1993) y The Dallas Buyers Club (Jean-Marc Vallé, 2013).  Ambas multipremiadas y admiradas, muestran puntos de vista divergentes en cuanto a crudeza con respecto al costo físico y social de este mal.  Acompáñenme entonces a analizar cuál de ambas ofrece un retrato más auténtico sobre la Nueva Peste Negra, que se encuentra muy lejos de terminar.

 

Caso 1:  Philadelphia

Dirigida por Jonathan Demme y uno de los más celebrados filmes de la historia, Philadelphia toma su nombre no sólo de la ciudad donde ocurren los acontecimientos sino del valor simbólico que el sitio posee, al ser donde los llamados Padres Fundadores declararon la independencia de los Estados Unidos.

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Andy Beckett (Tom Hanks, en el papel que le brindó su primer premio Oscar) es un joven y prometedor abogado empleado de una prestigiosa firma en Filadelfia.  Homosexual y portador de SIDA, mantiene estos hechos en secreto sabedor de las mentalidades homofóbicas y discriminatorias de sus empleadores.  Su eficiencia lo lleva a ser elegido para tomar el caso considerado hasta entonces el más importante para la firma, sin embargo el archivo con la información requerida para ganar el litigio desaparece misteriosamente para ser encontrado más tarde y Andy es despedido por sus jefes, quienes antes lo trataban como un amigo, argumentando ineptitud para el trabajo debido al extravío de tan importante documento.  Queda claro, sin embargo, que se trata de un despido injustificado motivado por discriminación por el SIDA, ya que cierto compañero de trabajo de Andy descubrió una lesión en la frente de éste (un sarcoma de Kaposi, cáncer de piel definitorio del SIDA) que les haría sospechar que padece la enfermedad.

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El rostro del dolor

Andy busca el apoyo del abogado Joe Miller (un excelente Denzel Washington), un homofóbico declarado y ciertamente ignorante sobre el SIDA.   Joe se niega ayudar a Andy al principio.  Inclusive, luego de hacer bromas homofóbicas con su mujer acude a un médico, temeroso de haber contraido la enfermedad por estrechar la mano de Andy, quien para entonces ya se encuentra en las etapas finales de la enfermedad y mostraba un aspecto demacrado.  Andy se ve forzado entonces a asumir su propia defensa.

Joe, sin embargo, se conmueve ante la situación de Andy y  accede a hacerse cargo del caso cuando al coincidir con él en una biblioteca es testigo de las miradas burlonas que recibe el enfermo y de la insistencia del bibliotecario de ofrecerle un cubículo aislado.  Así, comenzará una larga batalla legal por demostrar el sabotaje y posterior despido injustificado.  Poco a poco Joe hará de lado su homofobia y entablará una verdadera amistad con Andy, quien a su vez recibe el apoyo de su familia y de su pareja, Miguel (un muy joven Antonio Banderas), mientras su salud se deteriora progresivamente.  Al comprender su destino fatal y con el aria “La Mamma Morta” como fondo musical,  Andy realiza un intenso “performance” dramático ante Miller, en lo que sin duda es una escena icónica en la filmografía de Tom Hanks.

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Finalmente se hace patente que la discriminación fue el motor para el despido de Andy, quien gana la demanda y la consiguiente compensación para fallecer poco después, habiéndose colapsado durante una de las audiencias del juicio, víctima de una infección por citomegalovirus (virus que si bien puede afectar a individuos sanos, tiene devastadores efectos en los enfermos de SIDA).

Con un guión ágil, entretenido y ciertamente preciso, Filadelfia sin duda es referente obligado en cuanto a relatos de ficción con el SIDA como eje argumental.  Filmada en una época en que aun cundía la ignorancia sobre el tema, nos ofrece un relato honesto sobre los prejuicios de los que son objeto tanto los homosexuales como los enfermos de SIDA.  Así, vemos cómo los miembros de la firma demandada por Andy lo tildan de merecedor de su destino por tener sexo homosexual sin protección a la vez que ofrecen simpatía a una mujer también portadora de VIH pero adquirido por una transfusión.  Igualmente, lanzan chistes homofóbicos entre ellos y acusan a Andy de haber “traido el SIDA a nuestras casas, a nuestras familias, a nuestros baños…”  Un relato correctamente realizado y científicamente acertado, no exento, sin embargo, de cierta carga ideológica que detallaremos más adelante.

 

Caso 2:  Dallas Buyers Club

Dirigida por el canadiense Jean-Marc Valleé y Basada en la vida de  Ron Woodroof, esta excelente película nos narra la lucha por sobrevivir de un grupo de enfermos de SIDA en los años iniciales de la pandemia, cuando el desconocimiento de la enfermedad y el pánico por su causa iban de la mano con la ausencia de tratamientos realmente eficaces. Se ubica en 1985, apenas 4 años después del reconocimiento de este mal.

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Matthew, despojado en su totalidad de todo glamour

Woodroof   (una fantástica actuación de Matthew McConaughey, quien perdió más de 20kg para el papel), un electricista y vaquero de rodeo, homofóbico, misógino,  drogadicto y sexualmente promiscuo, recibe el diagnóstico de SIDA cuando su salud se ve progresivamente mermada y se le indica que morirá en alrededor de 30 días.  Inicialmente incapaz de aceptar del dictamen médico, creyendo que se trata de una enfermedad exclusiva de hombres homosexuales, su mundo se derrumba cuando aprende mediante la lectura de artículos médicos que el SIDA puede afectar a cualquier ser humano y que uno de los grupos de riesgo son los usuarios de drogas inyectables, al recordar haber tenido sexo sin protección con una mujer que ostentaba marcas de punciones en los brazos.

Cuando su salud se deteriora, acude en busca de los médicos que inicialmente le dieron el diagnóstico y se encuentra con la Dra. Eve Sacks (Jennifer Gardner, en una buena actuación), quien accede a apoyarlo.  Así, se entera de la existencia de ensayos clínicos con Zidovudina, también llamado AZT, el único antirretroviral aprobado entonces por la FDA, organismo estadounidense que regula los fármacos y alimentos.  Cuando la Dra. Sacks le informa que no podría brindarle AZT al encontrarse éste en fase experimental, Ron soborna a un empleado del hospital para conseguir el fármaco, el cual consume sin supervisión médica.  El uso inapropiado del medicamento y el consumo conjunto de cocaína minaran aun más la salud de Ron, quien pronto se verá rechazado por su círculo social.

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Aun más enfermo, ingresa al hospital, donde conoce a Rayon (Jared Leto, también con una transformación física impresionante y en una actuación maravillosa), un trasvesti portador también de VIH a quien Ron inicialmente muestra una actitud hostil.  A punto de fallecer, Ron viaja a México donde a través de un médico estadounidense exhiliado y privado de su licencia consigue los fármacos Ddc y Péptido T, no aprobados por la FDA. Haciéndose pasar por un sacerdote, logra introducir a los Estados Unidos cantidades suficientes del fármaco con la intensión de hacer negocio vendiéndolos. Aunque continúa con su actitud homofóbica, recluta a Rayon para su incipiente negocio dado que éste podrá atraer más clientes.  Así nace el Dallas Buyers Club, uno de muchos clubes de enfermos a lo largo del país que buscan hacerse de medicamentos que el sistema de salud no ha de brindarles. A su vez, los efectos adversos del AZT son evidenciados, sin embargo los protocolos de estudio continúan para frustración de la Dra. Sacks.

La salud de Ron mejora notablemente al dejar el AZT, mas un ataque cardiaco que lo enviará nuevamente al hospital expone la existencia de su club,   que es apoyado en secreto por la Dra. Sacks.  Es así como la FDA y la compañía farmacéutica creadora del AZT iniciará un campaña en su contra, con confiscaciones y amenazas de arrestos.  La FDA, más adelante, etiquetará como ilegal cualquier fármaco no aprobado, con lo que el Ddc es confiscado.  Rayon vende su seguro médico con la finalidad de obtener dinero cuando el club comienza a perder fondos luego de fracasar en su intento de obtener dinero de su padre, quien le desprecia completamente.   Con el tiempo, Ron deja de lado sus prejuicios y acepta a Rayon como un amigo, además de mostrarse solidario con los miembros del club sea cual fuere su identidad sexual.  Así mismo, establece una amistad con la Dra. Sacks.

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La monstruosa transformación de Jared Leto

Al volver de uno de sus viajes para conseguir Péptido T (dado que el Ddc ha sido confiscado) Ron se entera del fallecimiento de Rayon, también drogadicto, cuando al acudir al hospital recibe AZT y al parecer fallece en consecuencia, lo que desencadena la furia de Ron.  Rayon, sin embargo, pereció víctima de SIDA agravado por sus adicciones, según explica la propia Dra. Sacks, también amiga de Rayon.  Por su parte, la Dra. Sacks es invitada a renunciar del hospital por su vínculo con el club, lo que ella rechaza argumentando que tendrán que despedirla.

Dos años más tarde, Ron entabla una demanda para obtener permiso legal de consumir el Peptido T, fármaco no tóxico pero aun no aprobado por la FDA. Demanda que pierde pese a la aparente solidaridad del juez.   No obstante, más tarde, Ron consigue permiso para el uso del fármaco de forma personal; la mejoría en su salud le permite inclusive participar de nuevo en un rodeo.  Por textos, nos enteramos que Ron falleció en 1992, siete años después de lo predicho por sus médicos.

El viaje emocional de Woodrof, de un verdadero “white trash” totalmente irresponsable, avaricioso y empantanado en fobias hacia un luchador en favor de los derechos humanos y en busca de la supervivencia de sus semejantes y la suya propia, es aquí descrito sin sentimentalismos gratiutos y sí con mucha contundencia. Inicialmente lo vemos negar su enfermedad por tratarse de un heterosexual e inclusive sorprenderse de ver a una mujer en el Club, para más adelante atestiguar cómo estalla en cólera al ver a su amigo Rayon perecer.  Pasar de un avaricioso traficante a un esmerado activista buscando informar a quienes sufren su mismo mal.  Un relato que ha merecido cada uno de los múltiples reconocimientos, entre ellos sendas nominaciones al Oscar en los rubros actorales para  McConaughey y Leto.

En un contexto agobiante y lleno de desesperanza, Dallas Buyers Club es sin lugar a dudas una obra cumbre no sólo en el tema del SIDA sino de la cinematografía en general que verse sobre la lucha por sobrevivir.   Con actuaciones grandiosas y un guión sólido, exento de dramatismos baratos y sin concesiones, además de genuinamente entretenido, Dallas Buyers Club nos muestra la amplia gama de grises de los sentimientos humanos sin caer en los extremos negro y blanco.  Una historia de redencion y lucha alejada casi por completo de sesgos ideológicos que, sin embargo, falla parcialmente en su visión sobre el quehacer científico.

Conclusión

Philadelphia es un claro referente cinematográfico en lo que respecta al SIDA y la lucha por abolir la discriminación.  El retrato del enfermo de SIDA es preciso, con adecuadas menciones sobre aspectos médicos tales como el número de células inmunológicas presentes en la sangre del enfermo, las lesiones cutáneas propias de padecimiento y el fallecimiento a causa de un virus específico.  El aspecto demacrado de Andy es adecuado pero de cierta forma estilizado.

Acaso el único defecto que podría verse en esta historia es que se decanta en extremos, al mostrarnos que “todos los homosexuales son buenos y víctimas de los ruines e inquisidores heterosexuales”.  No obstante,  es necesario aclarar que hace 20 años la homosexualidad era aun motivo de innecesarios pero terribles escándalos que aislaban a los miembros de esta comunidad de sus familias, lo que de cierta forma anularía estos estereotipos como defecto del guión.  Como médico, sin embargo, debo decir que esta película ofrece un retrato suavizado de la terrible realidad de esta enfermedad. Andy cuenta, paradójicamente, con el apoyo y aceptación incondicional de su familia, algo inverosímil para la época, como dije antes.  Si bien el retrato de la enfermedad es creíble, salvo por las escenas finales hace ver al SIDA como una enfermedad menos terrible de lo que realmente es, y más en una época en que las opciones terapéuticas eran pocas y tenían efectos adversos equiparables con las terapias para el cáncer.  El círculo de amigos de Andy, al parecer también con varios miembros enfermos de SIDA (pues lucen muy delgados) parecen ser muy felices y risueños, escenario demasiado idílico cuando hablamos de una enfermedad tan devastadora.

Dallas Buyers Club, por su parte, ofrece un panorama mucho más cercano a la realidad de una epidemia tan terrible. Al igual que con la Peste Negra, durante la cual ricos y pobres buscaban por igual sobrevivir al apocalíptico panorama, en esta película vemos a miembros de diversos estratos sociales y sin distinción de género o identidad sexual apoyándose mutuamente en la búsqueda de la salvación.  Aquí no hay felicidad fingida, no hay bailes de disfraces, no hay frases grandilocuentes, sólo el arañarle a la vida el sustento.  La terrible delgadez de los protagonistas les confiere un aspecto mucho más cercano a la realidad del SIDA terminal que la ciertamente creíble pero suavizada caracterización de Tom Hanks en Filadelfia.  Destacan, además,  las escenas que representan los síntomas neurológicos de Ron, privado momentáneamente de los sentidos y desconectado de la realidad.

He de afimar, por otro lado, que Dallas Buyer Club también tiene cierto sesgo ideológico. En este caso se debe a su postura con respecto a la industria farmacéutica y los organismos reguladores.   Aun con los avances actuales, una cura para el SIDA se vislumbra lejana. En la época de la película, apenas cuatro años luego de la identificación del virus, las opciones terapéuticas eran escasas y muchas se encontraban a prueba.  Para que un fármaco salga al mercado han de trascurrir varias etapas de prueba que demuestren su seguridad y eficacia.  Aun con estas regulaciones, fármacos inicialmente aprobados han sido retirados del mercado por causar efectos indeseables.  Si medicamentos estudiados y re estudiados pueden ser retirados más tarde ¿qué confianza se podría depositar en tratamientos “alternativos” que no pasaron por este riguroso proceso?  Al calor de una terrible pandemia las regulaciones son indispensables y siendo el SIDA causante de altísimos costos económicos resulta inverosímil que la FDA legisle en favor de un producto por motivos monetarios, cuando las posibles ganancias serán ampliamente superadas por las pérdidas para los sistemas de salud pública.  Como todo en la vida, los organismos no están exentos de errores, pero una conspiración económica detrás del uso de ciertos fármacos es poco factible. Finalmente, que el prácticamente iletrado Woodrof supere en conocimiento e investigaciones a los especialistas del tema se antoja fantasioso.

Al final ¿Cuál de estas mangníficas obras ofrece un retrato más verosímil? Sin duda, Dallas Buyers Club, que sin tapujos muestra lo agobiante y desesperanzador de una pandemia tan mortífera y dolorosa, aniquilando el concepto de héroes y villanos y mostrándonos humanos con defectos y virtudes en la búsqueda de una forma de salir adelante en medio de la mayor adversidad.

 

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Acerca del autor

Dr. Dark    

Médico de profesión y cinéfilo de corazón. Amante del buen cine y destructor del que no lo es.


2 comentarios

  • Vargas Cynthia Maye abril 19, 2016 @ 10:21 am

    Estoy realmente muy feliz por mi vida; Mi nombre es Cynthia Vargas nunca pensé que voy a vivir en la tierra antes del año se agote. He estado sufriendo de una enfermedad mortal (VIH) durante los últimos 5 años; Había pasado una gran cantidad de dinero que va de uno a otro lugares, de las iglesias a las iglesias, los hospitales han sido cada día mi residencia. control permanente de seguimiento han sido mi hobby no hasta el pasado mes, yo estaba buscando a través de Internet, vi un testimonio de cómo DR. Ben ayudó a alguien en la curación de su enfermedad por VIH, rápidamente he copiado su correo electrónico, que es (drbenharbalhome@gmail.com) .I habló con él, me pidió que hiciera algunas ciertas cosas que he hecho, me dijo que él va a proporcionar la base de hierbas para mí, lo cual hizo, entonces él me pidió que fuera para el chequeo médico después de algunos días después de usar el remedio a base de hierbas, que estaba libre de la enfermedad mortal, él sólo me pidió que publicar el testimonio a través de todo el mundo, con fidelidad am haciendo ahora, hermanos y hermanas por favor, él es grande, le debo en mi vida. si va a ser sometido a problemas similares acaba de enviarle un correo electrónico en (drbenharbalhome@gmail.com) o simplemente le WhatsApp en: + 2348144631509.He también puede curar enfermedades como el cáncer, Diabeties, herpes. Etc Usted puede ponerse en contacto conmigo en el correo electrónico: vargascynthiamaye1995@gmail.com

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