Drácula: O como destrozar al Conde en 3 capítulos

El esfuerzo sobrehumano (pocas veces o nunca bien librado) por no dar mi opinión, se desmoronó cuando no encontré un eco que reforzara mi postura con respecto a la serie de Drácula, la última adaptación de la BBC y Netflix a la historia de Bram Stoker. Es, quiero pensar, mi sana costumbre, no leer nada sobre una serie o película que todavía no veo, para tratar de no dejarme influenciar por otras opiniones, así que cuando me di cuenta, sólo por el título de su nota, que mi archienemigo el Dr. Dark, estaba al menos complacido con ella, me tuve que armar de valor y tomarme un dramamine para terminar de ver la miniserie que abandoné en el primer episodio.

  

El caso es que después de terminar de ver lo que resultó ser una manzana, en donde la discordia recae totalmente de mi lado y en el de nadie más, me dispongo de nueva cuenta a ser la más odiada de Cinescopia y, por lo tanto, a recibir, no de manera estoica, claro; los comentarios de odio generados por esta publicación.

En las críticas publicadas por otros autores con mejor calidad argumentativa que la mía, me doy cuenta que a todo el mundo la serie le parece fresca e innovadora. Es cierto que algunos mencionan que el personaje ya se muestra cansado de tantas versiones, sin embargo el trabajo de Mark Gatiss y Steven Moffat (Sherlock) lo reinventan. ¡Bullshit! (Ahora estoy en “El Gabacho” y puedo maldecir en otras lenguas) ¡La odié! Y mire que eso es algo difícil de admitir para una ferviente admiradora de vampiros como yo, que fui capaz de perdonarle muchas cosas a Edward Cullen, por favor traten de juzgarme por esto último.

Tal vez mi postura es ortodoxa, como lo menciona el Dr. Dark en su nota, pero creo que lo mío tiene que ver con un romanticismo implícito en el personaje, por el carisma que irradia este “no muerto” (odio ese término), por su encanto maligno que resulta tan seductor. Para empezar Claes Bang no me parece lo suficientemente encantador, al menos no en la manera en que lo representaron y Dolly Wells como Agatha Van Helsing, resulta más odiosa que temeraria. Lo que parece más un duelo de poder entre sus personajes principales, tiene sus momentos cuando la ironía trata de dar su razón de ser, pero es tan enclenque que cae en la ridiculez. No veo nada de malo en tratar de dar al Conde Drácula una versión más moderna e integrarlo a la sociedad actual; un claro ejemplo de ello es la versión de los vampiros de Jim Jarmusch en Only Lovers Left Alive, y pensando en ello caigo en cuenta que Drácula, o los vampiros en general, son amantes atormentados que en realidad odian la eternidad porque eso hace su dolor interminable. ¿En dónde dejaron el amor por Mina? Que es la razón principal de aventurarse en un viaje por mar y tierra, con las desventajas implícitas para un ser con poca tolerancia al sol y las estacas de madera.

Cuando hablan de una versión para Millennials o Centennials lo que Mark Gatiss y Steven Moffat muestran es una generación egoísta, sin miedo a nada, sin que esto quiera decir que son valientes de alguna manera. No quiero decir que en la serie hacen ver a estas generaciones como “carentes de valores”, porque en primer lugar no lo creo así y en segundo me hace sonar como una viejita persignada y persignada no soy.

Me gustó mucho lo que hicieron los productores en el caso de un personaje como Sherlock Holmes, esa “modernización” del personaje no le  quitó la esencia que lo caracteriza, al contrario, presentó una versión fresca y renovada (ahora sí) para que los jóvenes tuvieran más razones para identificarse con un personaje literario de una época diferente a la suya. No importa que en los dos casos les impriman abiertamente una homosexualidad y/o bisexualidad, tampoco tiene nada de malo que les den a los roles femeninos más protagonismo y mejores capacidades, eso está genial. Lo que está muy mal, desde mi obsoleto punto de vista, es que se despoje a Drácula de su lado romántico.

Así que espero que mi gallardo oponente, el poderosísimo Dr. Dark, no me rete en un duelo a muerte, como solían hacerlo los caballeros al sentirse ofendidos por las letras de algún reportero o cronista, por asegurar que está equivocado. ¡No!, “todavía no es hora de olvidar al vampiro como un héroe de acción o romántico”, quizá siempre será necesario modernizarlo para que se mantenga vigente en nuestros sueños o pesadillas, pero nunca hay que despojarlo del amor que le da sentido a la tortura de la eternidad. Confío en que mi querido Flaco Cachubi será capaz de batirse en este duelo, para defender a una arcaica damisela en peligro.

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