El Cuaderno de Sara: África sin censura

Del director Norberto López Amado nos llega este drama con Belén Rueda como protagonista, y que nos lleva de lleno a uno de los territorios más calientes y peligrosos del mundo, Virunga, en el Congo, región en donde se encuentran los mayores yacimientos de coltán, un mineral muy necesario para la fabricación de ciertos elementos presentes en todos, absolutamente todos los dispositivos electrónicos  del mundo (se imagina usted el negociazo que tienen las guerrillas que logren extraer más de este mineral)

Pues bien, Belén Rueda es Laura Alonso, una española que llega al Congo en busca de su hermana Sara (Miriam Álvarez), una médico con alma libre cuyo único deseo es ayudar a quien sea, donde realmente haga falta. Sara lleva gran parte de su vida adulta yendo y viniendo de África como parte de ONG’s que acuden a lugares peligrosos tratando de llevar un poco de consuelo y ayuda a esos lugares olvidados de la mano de Dios. Un buen día desparece y luego de 2 años, en los que ya se le creía muerta, unos fotógrafos que espiaban a una guerrilla logran tomar una fotografía de Sara, viva y aparentemente bien.

Al enterarse Laura, decide ir al Congo y hacer todo lo que esté en sus manos para regresar con su hermana. Y a partir de aquí que es más o menos al minuto 15 o 20 de metraje, el director no nos da un solo respiro.

En Congo Laura conocerá a Sergio (Manolo Cardona), un comerciante de coltán que bien pudiera ser guerrillero también, pero es el único que puede llevarla a donde ella desea. En el camino y tras muchas desventuras, Laura cruzará su vida con Jamir (Ivan Mendes), un chico con un pasado que intenta esconder y que será el guía de Laura en su atrevida travesía.

Hay una cosa muy interesante sobre filmar acerca de las guerrillas en África y esto es que las escenas de la selva siempre serán preciosas, todo ese verdor hermoso junto a esos caminos que le recorren cual venas, solo denotan la dualidad de la vida en esos lugares, bello y peligroso a la vez.

La cinta fue rodada en Uganda y ciertamente nos presenta unas tomas increíbles de la belleza enigmática de la selva, pero también, el director no tiene reparo en llenarnos de violencia, desde una mordedura de serpiente hasta presenciar la erradicación de una aldea entera.

Hay una carga de violencia tal, que uno se cansa y más si eres corazón de pollo como yo. No podía parar de llorar porque todos sabemos que lo que nos muestra el director es algo que día a día se da en esos territorios, pero cierto es que el mundo ha decidido darle la espalda a esos incidentes y preferimos gastar nuestro tiempo en protestas sin sentido. En otras palabras hipocresía.

Probablemente ese sea el prietito en el arroz que tiene esta historia. Si bien es cierto que la violencia es cruda, también es cierto que trata de adoctrinar. Lo que en algunos momentos puede sentirse como si lo que estamos viendo fuese un documental, en otros momentos suena a capricho de niña blanca. Y es que en lo referente a la guerrilla, jamás se profundiza, es algo que solamente se nos muestra, lo que es así sin tapujos. De modo que entendemos que el meollo del asunto no es la guerrilla.

Luego tenemos el caso de Jamir, en quien no se profundiza mucho sino hasta el final en que entendemos lo que pasa por su cabecita. Pero de nuevo, tampoco se trata de su historia, es un peón más. Entonces de qué se trata, Es tanto el amor de Laura por una hermana que jamás entendió.

Hay una escena en que Laura le dice a un cura que ella se siente como el hijo obediente, el qué se quedó junto al papá en la parábola del Hijo Pródigo. Y que su único deseo es llevarle a su padre con Alzheimer a su hija favorita para ver si así su padre que ya no la reconoce puede darse cuenta de cuanto lo ama su hija, la obediente, la que se quedó. Esos detallitos son los que le dan al traste a la historia.

En fin, si hacemos a un lado este aspecto podemos quedarnos con lo único de valor que tiene la cinta y que es, la vida violenta en las aldeas y su lucha diaria por sobrevivir en uno de los más bellos lugares de este planeta y al mismo tiempo uno de los más peligrosos para ser mujer y niño.

Porque nadie le compra al director que siendo esto un drama, la rubia mujer por más amor que le tenga a la hermana, salga viva de una selva plagada por las más mortíferas milicias del planeta.

Eso sí, podemos contar con unas actuaciones acordes, buenas, justas. Ivan Mendes, el chico que da vida a Jamir nos regala una actuación que nos envuelve. Si bien su personaje es callado, poco a poco vamos comprendiéndole y entendiendo aquello por lo  que todo niño de la guerra tiene que pasar.

La cinta tiene mucho de denuncia, como supongo el libro también, el director, nos da muestras de no lo solo la violencia, sino la indiferencia de gobiernos e instituciones que solo logran perpetuar el ciclo de miseria – violencia en la región y que aunado a las salvajes negociaciones con las grandes empresas extranjeras, consiguen que la esclavitud siga perdurando como único modo de subsistir en esas regiones donde se es adulto desde los 10 años.

Así pues, Yo se la recomiendo para darse un baño de realidad, que va más allá de las peleas en la cena de Navidad o el terrible estrés de no saber que regalarle a alguien en las fiestas. Dualidad, de eso se trata esto. Eso sí es bastante violenta así que advertido está.

¡Saludos!

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