El Juego de Gerald: Cuando el Juego Sexual se convierte en Terror

El Juego de Gerarld, es una novela de terror psicológico escrita por Stephen King en 1992 y adaptada por Netflix para su plataforma, bajo la dirección de Mike Flanagan este año.

Protagonizada por la guapa actriz Carla Gugino y Bruce Greenwood, la película nos habla del matrimonio, en apariencia feliz, que tienen Jessie y Gerald Burlingame. El es un exitoso abogado machista con ciertas perversiones que Jessie ha dejado pasar por alto. Ella… ella solo es la esposa.

En busca de salvar su matrimonio deciden tener una escapada romántica a una cabaña alejada en Maine donde Gerald sorprende a su esposa con sendas esposas y le pide que se deje atar a la cama para intentar nuevas sensaciones. Ella lo hace no por gusto sino más bien por complacer a su marido; sin embargo, una vez atada, discuten y el hombre muere de un infarto encima de ella.

A partir de aquí comienza el terror psicológico y la lucha por sobrevivir para esta atormentada mujer. Quien en la oscuridad del bosque, en una casa alejada de todo y sin nadie que los busque deberá hacer lo posible por superar sus miedos, enfrentar su pasado y lograr vencer el yugo machista que le ha impedido toda su vida tener una vida propia.  Sabiéndose sola deberá hacer frente a sus fantasmas así como a un perro hambriento y un hombre misterioso que no sabe si en realidad existe o lo alucina.

Lo interesante de la cinta radica en 2 cosas, un guión 75% bueno, a cargo de Jeff Howard y el mismo Mike Flanagan, así como la excelente actuación de Carla Gugino que hace un papel doble. De hecho la película se la lleva la señora Gugino por su muy buena actuación como la mujer abnegada y temerosa que oculta un terrible pasado que la ha atormentado toda su vida, y la actuación en un segundo papel que es el mismo personaje pero con características completamente diferentes, es el opuesto a la mujer esposada a la cama, es esa mujer deseosa de ser libre, de expresarse, de ser ella misma y Carla le da vida a ambas mujeres de una forma maravillosa.

En el otro lado de la cama tenemos a un Bruce Greenwood que encarna a un esposo machista, de esos que tienen “esposas trofeo” y que llevan una doble vida. El actor interpreta su papel de una forma por demás convincente, sin embargo, no podemos negar que es Carla quien se lleva las palmas.

La dirección de Mike Flanagan es efectiva pues logra tenerlo a uno en suspenso mientras se desarrolla la lucha psicológica de una indefensa Jessie en camisón y atada a la cama con el cuerpo de su fallecido marido al lado, al tiempo que nos preguntamos si la pobre mujer no podría pasarla peor. Y ahí es cuando comienza el calvario de la protagonista pues la interacción con su “otro yo” le traerá a la memoria eventos de su pasado que se hallaban enterados o a los que había decidido ya no hacerles caso.

A diferencia de otras novelas de Stephen King esta es de un terror psicológico que permite que la interpretación de los personajes quede manifiesta gracias al talento de los actores y no a algún tipo de efecto o maquillaje, lo que nos permite apreciar las excelentes actuaciones de sus protagonistas sin nada más que sus expresiones.

Sin embargo no todo es perfecto, el ritmo de la película y la sensación claustrofóbica y de terror que proporcionaba el cautiverio en esa bella casa, se pierden poco antes del final cuando se le da a la cinta su respectivo trato feminista. Porque en estas épocas de corrección política, feminismo e inclusión no se puede dejar a un personaje femenino flotando por ahí en un mar de amargura, no, hay que cerrar ciclos y es ahí donde todo se va al traste alargando el desenlace mucho más de lo debido.

En términos generales la película es entretenida y con buenas actuaciones. Es a lo que Netflix nos tiene acostumbrados. Buena para una tarde lluviosa de domingo, después del futbol.

El reparto lo complementan Kate Siegel, Henry Thomas (si, el niño de ET) y Carel Struycken

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Acerca del autor

Chikilla    

Nacida en el norte, con gusto por el cine y la música retro ochentera y noventera, amante de las nubes esponjaditas y los días lluviosos, las segundas meriendas y el vino tinto. El cine es el mejor vicio que uno puede tener.


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