El Show: Crónica de un Asesinato: La noticia transformada en espectáculo

Antes de que las redes sociales existieran y la viralización de contenidos se convirtiera en el pan de cada día, la transformación de las noticias en un show mediático no fue consecuencia, al menos en México, desde el inicio de 1963 con la creación del periódico “El Alarma”, donde se daría el nacimiento de la prensa roja. Sin embargo, no fue hasta finales de los 90 que el sensacionalismo que se vendía en estos puestos de periódico más “underground” se trasladó a la televisión, disminuyendo en dosis digeribles la violencia gráfica y dándole un aspecto de espectáculo de caja chica. Sin darnos cuenta, comenzó una era donde las “formas” se dejaron atrás, y todo era válido, mientras el rating y el share se elevaran hasta las nubes.

“Todo lo que quiero en la vida es una participación de 30 y un rating de 20” – Diane Christensen (Network, 1976)

El contexto es lo que importa.

A través de su documental de 5 episodios, Diego Enrique Osorno utiliza uno de los casos más mediáticos, el asesinato de Paco Stanley, para explicar todo este fenómeno social. Ve el suceso trágico no como una casualidad, sino como una consecuencia de una serie de factores que terminaron por definir la forma de consumir información por parte del público.

De esta manera, el relato marca distancia y se aleja por completo del morbo o artificialidad que pudiera tener, dado la difusión mediática que se le dio por años. Incluso, la tesis de su documental parece una crítica imparcial a esa forma de transformar la tragedia y el caos en un espectáculo mediático.

Osorno se libra de todos estos vicios gracias a que dibuja el contexto de cada uno de los recovecos del caso. El primero y más importante: la figura icónica de Paco Stanley. Proveniente de un origen humilde, carismático, ingenioso, gracioso, se convirtió en la silueta y el ideal de la idiosincrasia mexicana, un individuo que desde las clases bajas llegó a lo más alto riéndose a costa de los demás y saliéndose con la suya. La serie construye una biografía resumida, puntual y dinámica con el objetivo de entender el tamaño del peso de celebridad que era Stanley, especialmente para comprender el impacto mediático que generó su deceso.

A la par de que va formando la figura del famoso Pacorro, gracias a una edición vertiginosa y atrapante en una línea paralela, despliega dos contextos importantes que fueron relevantes para este suceso: el político y mediático; mientras la Ciudad de México por primera vez elegía gobernador y apostaba por un gobierno de izquierda, Televisa dejaba de ser la única televisora pública, y TV Azteca entraba al mercado. La gente buscaba romper la hegemonía en varias ramas sociales, y fue en esos vientos de búsqueda de nuevas alternativas que las coyunturas de varios eventos se desataron. Marcados por la violencia, inseguridad y el sensacionalismo, la necesidad de competir y demostrar la diferencia con sus contrapartes llevó a medios y gobierno a emprender una batalla que terminó por marcar una manera de consumir noticias e información. La prensa roja (ahora validada socialmente) fue el vehículo de denuncia para la situación de criminalidad que vivía la capital mexicana. La gente había sido escuchada. No solamente se mostraban cambios o formas distintas, sino que por primera vez en mucho tiempo se sentía que la abstracción de la realidad a la televisión no era manipulada y que iba acorde a lo que vivía día con día. La nueva forma de consumir noticias había llegado y la gente se pegaba al televisor.

Por supuesto que para nada al gobierno en turno le gustaba, acusando a aquellos medios de comunicación que la administración afectaba a sus intereses personales, sin darse cuenta de que también la autoridad había entrado a este juego. El desprestigio constante hacia el “cuarto poder” abonaba al espectáculo.

Sin querer queriendo, esta lucha entre gobierno y medios para ver quién era el “dueño de la verdad” contribuyó más al show y despertó aún más la curiosidad de la gente. En casi 50 años de gobierno priista ¿cuándo el poder y la comunicación habían estado peleados? La violencia desatada en la capital mexicana fue solo el pretexto para que, ante la necesidad de competir frente a Televisa, TV Azteca buscaran atraer miradas a su canal, una nueva estructura de contenido como contestación a los viejos vicios, y donde el sensacionalismo era una herramienta para ponerlo en juicio al gobierno y a su gente ¿Verdaderamente existían intereses particulares para desacreditar al gobierno? ¿O fue un evento casual que terminó con el choque de dos estructuras de poder buscando validación? El documental no se inclina ante una postura, tampoco niega las hipótesis, principalmente porque lo que importa no es el mechero, ni la bomba, sino la flama que encendió todo.

El Asesinato de Paco fue solo el punto de quiebre de la posterior ola de eventos. Su cobertura mediática fue la obra maestra de un estilismo periodístico y televisivo que abonó en los 90. Incluso la cadena rival comenzó a explorar esas formas en su programación. Como dice el mismo Lalo Salazar, desde que se informó la muerte de Stanley, Televisa no soltó la noticia. El escenario ya había sido colocado, ya se tenían algunos actores (gobierno, medios, Paco), ya existían algunas dinámicas, pero faltaba ese clímax que comenzara a agregar más tensión a la ironía trágica que se venía construyendo. Es ahí donde entran sus actores.

No importa si no te gusta la televisión; tienes que actuar en ella.

De manera puntual y cronológica, el documentalista expone a los principales actores de esta tragedia show. Desde el Patiño de Paco (Mayito), su esposa (Brenda), la edecán (Paola), el Cholo, entre muchos otros. El aura de la televisión les dio un personaje, y Osorno va hábilmente explorando el fondo de cada uno de ellos, desmitificando el papel que les dio “la caja tonta”. En algunos parece que no hay distinción entre su papel y el individuo, otros buscan alejarse del rol asignado, algunos no quieren la fama, otros son adictos a ella. En esta parte, el contraste de claroscuros exhibidos abona más a un relato que, conforme va avanzando, se hace más rico con cada detalle, marcando a la distancia del tratamiento superficial que generalmente se le da al caso.

Añadan que los involucrados secundarios en la vida de Stanley hablan sin pelos en la lengua del conductor y de los principales allegados a su muerte, desmitificando a la par (y quizás comprobando algunas inferencias del colectivo popular) el aura cuasi-perfecta que la televisión le dio al comediante (así como lo hizo con el resto de implicados).

Es en este punto donde, en paralelo con el dibujo de personajes y la exploración de la otra cara de Stanley, el director desenvuelve los hechos del caso y de la supuesta de homicidio con un estilo parecido al thriller político y policiaco. Por momentos no se siente como un documental, sino como una cinta de los géneros descritos. Todo esto se debe a una ágil edición (quizás de las mejores del año) que nunca pierde el hilo y que sabe mezclar el suspenso con la figura del biopic. Añadan que, para crear una atmosfera acorde a la época, se añade metraje de los programas de la época, que funcionan como complemento y como una especie de “máquina del tiempo” para trasladarnos al pasado. Por cierto, este metraje dinámico y anclado a la cultura pop (muy al estilo MTV) va acorde a esta ambientación de espectáculo televisivo que también genera el director. Quizás de cierta manera es una sátira a esta manera de consumo excesiva que comenzó a imperar en los 90.

Calificación

Guion: 3.6 – A pesar de ser reiterativo en ocasiones, contiene una descripción hábil de personajes y va más allá de la superficialidad que se le dio al retrato.

Dirección: 4.4 – De los mejores trabajos de edición del año, un montaje completo y redondo que abarca diferentes estilismos.

Extras: 1.0 – Se agradecen los metrajes vintage.

Calificación: 9.0 – Obra maestra

Con un estilo sutil, inteligente y hábil, “El show: Crónica de un Asesinato” termina siendo una radiografía completa (desde lo social, cultural y político) de la transformación de la noticia en espectáculo en los años 90. Es inevitable que después de ver este documental, darnos cuenta de que, 20 años atrás una película de ficción (Network) predijo de manera acertada en lo que se convertirían los noticieros (Y que indudablemente la película guarda ciertos paralelismos con lo ocurrido en el asesinato de Stanley).

Al final, como mencionaba indirectamente “El Tigre Azcarraga”, quizás el entretenimiento es una necesidad del ser humano, que desata una curiosidad a través del sensacionalismo en un instinto humano que quizás traemos desde las épocas más antiguas (los circos romanos serían un ejemplo). La televisión quizás solo vino a legitimar (y alimentar) ese instinto de curiosidad. Su aura cómico-mágica-musical-espectacular materializó los sueños de millones y solo era cuestión de tiempo para que transformara las noticias en un show.

Quizás tarde o temprano ese interés del ser humano por el cotilleo y el llevaría a una era donde todo en los medios debe ser entretenimiento (más que información). Y quizás la era de la infantilización acompañada de la llegada de las redes sociales acrecentó mucho más una tendencia de otra era. La seriedad, la integridad no importan, lo que importa es vender, generar dinero, generar likes, views, porque cualquier degradación será justificada mientras uno sea viral. Y sin darnos cuenta, todos (medios, líderes sociales, gobiernos, sociedad civil) hemos contribuido a agrandar este circo que desde la época de la televisión se ha perpetuado.

¿Cómo culpar totalmente a los medios cuando el público es el que indirectamente está dictando los cánones de consumo?, tanto proveedor y consumidor viven una relación codependiente (y quizás hasta tóxica) y esto cada vez se incremente y perpetue con el paso de los tiempos

“Tú eres la televisión encarnada, Diana. Indiferente al sufrimiento, insensible a la alegría. Todo en la vida lo reduces a lo vulgar, a la banalidad. La guerra, el crimen, la muerte son lo mismo para ti que una botella de cerveza” – Max Schumacher (Network, 1976)

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Acerca del autor

El Cine Actuario   @maxpower_ar?s=09   facebook.com/dvclocblog

Actuario/Economista, Amante del Cine, Devoto de Dios, Intuitivo, Curioso, Rockero de corazón, Fanático de los Libros y del deporte de las tacleadas, quesero, colchonero, diablo rojo. "Las estadísticas son la forma en que las matemáticas cuentan las historias" "El arte es una ciencia y el trabajo del critico al igual que el del investigador es exponer sus axiomas y teoremas al mundo" "Estar de acuerdo, en no estar en desacuerdo es saludable"


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