Honey Boy: ¡Malditos traumas de la niñez!

¿Alguna vez vieron el episodio “Reacción en cadena de angustia mental” de aquella gran sitcom llamada “30 Rock”? En él, Liz Lemon (Tina Fey) se ve en la necesidad de buscar ayuda psicológica pero acaba vertiendo toda su problemática emocional en Kenneth, uno de sus empleados a quien toma de terapeuta. De forma inesperada, recibir todos los traumas de su jefa le provoca una crisis existencial con sus propios demonios. Al ver lo que sucede, Jack (Alec Baldwin) trata de ayudar pero la carga emocional de Kenneth provoca lo mismo en él, trayéndole los recuerdos más reprimidos y oscuros de su infancia. Vivir ignorando los problemas que cargamos resulta ser similar a tener una inestable bomba. En cualquier momento puede estallar y crear agujeros tan profundos que parecen no tener fondo. Para salir de ellos bien podríamos asistir con un profesional que nos escuche y guíe, o bien hacer una gran producción cinematográfica en la que destilemos todas esas heridas. Siendo esta última la opción elegida por Shia LaBeouf, el resultado es uno de los ejercicios terapeúticos más espectaculares de los que se tenga memoria: Honey Boy. En el film, el actor explora la temporada de su infancia en la que tuvo que vivir con su frustrado padre en un motel, mientras él era lanzado a un temprano estrellato. Seguro que con esta premisa, la angustia mental ya está llegando a algunos de ustedes.

Escrita por Shia y dirigida por Alma Har’el, Honey Boy nos narra la historia del niño actor Otis Lort (el doppelgänger fílmico de LaBeouf). A sus escasos 12 años de edad empieza a encontrar éxito como una estrella de televisión, pero tiene que tolerar el trato de su abusivo, alcohólico y emocionalmente ausente padre que vive en constante añoranza de sus glorias pasadas. El guión de LaBeouf no sólo nos muestra el tormentoso pasado de su infancia, sino que ágilmente da saltos en el tiempo una década después para dejarnos ver cuán maltrecho quedó Otis a causa de esa tormentosa relación y como por fin comienza a lidiar seriamente con ella desde una clínica de rehabilitación.

Ambas contrapartes de LaBeouf dan grandes actuaciones. La versión adulta corre a cargo de Lucas Hedges, talentoso histrión que parece ser perseguido por guiones con pésimas figuras paternas. A pesar de lo breve que puede resultar a ser su tiempo en pantalla, en él veremos una gran evolución emocional que irá desde la negación y la ira hasta la reconciliación. Muchos matices para tan corto tiempo en pantalla. El que verdaderamente brilla es Noah Jupe como la versión de 12 años de Otis. Su actuación genera una empatía tal que sentirás en tus entrañas el dolor y rechazo recibido por su padre. Y hablando de él, ¿quién sería capaz de representar a tal monstruo de la forma tan visceral que merecía? Pues haciendo otro ejercicio de terapia dentro del principal, el mismo Shia LaBeouf hace todavía más catarsis encarnándolo, quizá para empatizar más con él y así poder brindarle su perdón después de tantos años. El mejor papel de su carrera sin lugar a dudas.

El guión de LaBeouf ofrece una ventana demasiado cruda y honesta a su alma. Parece no esconder absolutamente nada. Pierde el miedo a lo que puedan decir de él y solamente se dedica a purgar todo lo que tiene dentro para liberarse de sus demonios. No cae en el error de representar a su padre como un villano a secas sólo porque si. Lo dimensiona como una persona normal con defectos y virtudes que cometió errores en su vida que lo llevaron a ser como era. Haberse puesto en los zapatos de su principal agresor debió haber requerido una cantidad gigantesca de valor y fortaleza emocional.

Honey Boy es un film impecable también en cuanto a aspectos técnicos se refiere. La cinematografía de Natasha Braie es una perfecta compañera del guión para resaltar la atmósfera meláncolica y de desesperación en la que vivía Otis. La dirección de Alma Har’el demuestra gran potencial que seguro se irá puliendo con sus siguientes proyectos, por mientras ya ganó el galardón a Mejor Debut en los Premios del Sindicato de Directores.

A pesar de lo buena que es, Honey Boy no es una película para ver en cualquier momento. No sirve como mero entretenimiento. Abarca muchos conflictos y traumas de la niñez con los que todos nos podemos identificar a cierto nivel y de esta manera te obliga a confrontar tus propios issues. Es capaz de generar una reacción en cadena de angustia mental si no te medio preparas antes. Pero hay una luz al final de este proceso ya que aunque sientas como la historia de Otis te rompe en mil pedazos, la reflexión del desenlace acabará reconstruyendo tu alma.

Etiquetas:  

Acerca del autor

El Markovich   @ChocolateBono  

Observador de la escena humana dentro y fuera de la pantalla. El cine y el chisme son de mis cosas favoritas, así que heme aquí. Yo sólo doy mi opinión, al final tú decides.


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

*

*