Joker: Entre el ser y parecer

Por fin llegó a salas uno de los filmes más esperados del año, que sin llegar a ser la decepción del 2019 como le llama The Guardian en una de sus críticas, tampoco le hace mucha justicia a ese León de Oro con el que se alzó apenas hace un mes en Venecia y termina siendo solo otro intento de responder la pregunta: ¿Puede el cine basado en cómics ser serio?

El encargado de responder la pregunta esta vez es Todd Phillips, conocido por su trilogía cómica The Hangover y otras comedias como Starsky & Hutch y Old School . Phillips da un salto de la comedia al drama y nos presenta una versión más realista del Joker. La historia de Arthur Fleck, un enfermo mental que vive con su madre, Penny Fleck (Frances Conroy), en una decadente Ciudad Gótica, que se gana la vida trabajando en una agencia de payasos, pero que es objeto de burlas por parte de sus compañeros de trabajo, y no solo de sus compañeros, sino de la vida misma, en general. O al menos eso pareciera dar a entender el director desde la primera escena, donde un grupo de jóvenes le roban un cartel con el que está trabajando en la calle, para después reventárselo en la cara y dejarlo tirado y golpeado en un callejón repugnante. Algo que me parece bastante gratuito y victimista para ser lo que inaugura el filme, pero que nos pone en perspectiva de lo mal que le va en la vida a este señor.

La combinación de estos problemas, del tener que lidiar con sus trastornos mentales, con unas terapias y una asistencia social paupérrima que no lo ayudan más que para conseguir medicamento, y eso aunado a tener que soportar las burlas de una sociedad que carece de empatía, convierten a este personaje en una olla de presión que eventualmente revienta, desatando una ola de violencia, que para nada creo que la cinta la glorifique y simplemente la exhibe como una consecuencia del abandono sistemático a los más desfavorecidos.

Al puro estilo de las películas de DC, la versión de este Joker es más oscura, pero sin llegar a ser mediocre como las de su universo cinematográfico –este Joker no pertenece a ningún universo, según ha dicho el mismo Phillips-, evita por completo la parafernalia de las cintas de Marvel –aquí no hay exceso de CGI, ni capas, ni trajes coloridos-, pero tampoco llega a tener esa complejidad de la que tanto parecen jactarse los más fans de esta versión del villano más famoso de Batman, al compararlas con sus referencias más obvias: Taxi Driver y The King of Comedy, ambas del maestro Scorsese.

Ahora, a Christopher Nolan se le ha acusado de ser sobre-explicativo con sus tramas en algunas películas, pero es que Joker es la cúspide de la literalidad. Es como si Todd Phillips creyera que lo que te está contando es tan profundo que necesita dártelo picadito y en la boca, no vaya a ser que algo se te escape. Me explico y con spoilers: Hay una escena en la que a Arthur se le avisa que los fondos se han recortado y que, por ende, ya no habrá más terapias ni asistencia social para él. Después de que Arthur da un mini monólogo de como esas terapias nunca le han ayudado mucho, porqué en realidad nadie se ha interesado en ayudarlo de verdad nunca, la trabajadora social le responde con un: “ES QUE AL SISTEMA NO LE IMPORTA LA GENTE COMO TU”. Como si hiciera falta recalcar lo obvio. ¿Para qué hacer que un personaje lo grite abiertamente, cuando tu planteamiento previo y tu puesta en escena ya me lo están dejando implícito?

Desde la primera escena en que vemos como son esas sesiones, se deja claro que no hay interés por ninguna de las partes. La oficina es vieja, está sucia y descuidada, la trabajadora social hace su trabajo por mero trámite, en realidad no le importa lo que Arthur tenga que decir o saber si ha mejorado en algún aspecto de su vida, y Arthur sabe eso, lo asume, así que resignado solo va a las citas para poder recibir las recetas de los medicamentos que necesita.

Otro ejemplo de ello es cuando se descubre que su relación romántica con Sophie (Zazie Beetz), su vecina, no ha sido más que una alucinación de Arthur. En dicha escena, Sophie encuentra a Arthur sentado en la sala de su casa y se sorprende, se asusta de verlo ahí y le pide que por favor se vaya, que esa no es su casa y este reacciona evidentemente mal ante su rechazo. En este punto, ya entendemos que todo lo que hemos visto ha sido una invención de la mente quebrada de Arthur. Esa relación nunca existió. Pero no contento con eso, Phillips nos avienta una retahíla de flashbacks donde vemos que todo lo que ha ocurrido entre ellos, han sido eso, alucinaciones. Reafirmando nuevamente lo obvio.

En esta cinta la ambigüedad no existe. En algún momento de la historia se leyó en un comic al Joker decir que “si tuviera que tener un pasado, seria de opciones múltiples”, algo que el Joker de Ledger sí que hace en su versión en The Dark Knight, inventarse diferentes orígenes cada que habla sobre sus cicatrices . Esa incógnita aquí se pierde y Phillips aparte de hacer a su personaje una víctima de la sociedad y del sistema ya de adulto, lo hace también víctima de maltrato y abuso infantil por padrastros maltratadores que son solapados por su propia madre. Haciendo lo mismo que hizo Rob Zombie con su versión de Michael Myers en 2007, estableciendo el génesis de la maldad en el abuso, que no deja de ser una realidad, el abuso a posteriori genera individuos violentos, pero que en estas historias no hace falta que esto se tenga que resolver, y menos de esa manera que es simplemente efectivista.

También se habla de una película antisistema. De la nueva Fight Club. Yo no veo cómo, ni de dónde. Si, el director plantea un sistema podrido que ya no da para más, pero a su protagonista, quien también es víctima de este sistema al que parece criticarse, le da igual. El mismo Joker se proclama apolítico. Dice que las manifestaciones no le importan. Así que la crítica política queda en mera exposición de lo que está mal, pero a esa estructura política que oprime nunca se le confronta, ni se le cuestiona directamente. Las venganzas y motivaciones de Arthur son meramente personales. A su madre la mata por mentirle, a Randall lo mata por delatarlo, a su vecina la mata por no corresponderle románticamente y a Murray lo mata por burlarse de el en televisión, y cuando tiene la oportunidad de confrontar a Thomas Wayne –o esa parodia de Donald Trump que se sacaron de SNL para la cinta-, lo hace para preguntarle si de verdad es su padre y no por sus discursos políticos hipócritas en los que se proclama ser el único capaz de hacer a Gótica Great Again. Todo comentario político en la cinta termina siendo meramente colateral.

Matt Singer decía para su reseña en ScreenRush que Joker es la película de alguien que entiende las tramas del cine de Scorsese, pero no su espíritu, y creo que es exactamente como la definiría también. Es la pura carcasa de algo que parece trascendente, pero en realidad es plano y superficial. La gente relaciona colores lúgubres y música tétrica como “buena fotografía y un buen soundtrack” y no es así. Paulina Salazar -directora del cortometraje Megico Máxico– la define como lo que ocurre cuando un actor talentosísimo se come a un director flojo, y es eso también. La actuación de Phoenix es excepcional pero porque él es un actor excepcional. Phillips se remite a grabarlo desde ángulos donde se vea “perturbador” en su casa, planos abiertos donde se vea que esta triste en la calle y close-ups donde se vea angustiado en cualquier lado. Nunca le aporta más matices. Al final Phoenix es en Joker como Tobey Maguire en esa escena de Spider-Man 2 donde tiene que detener el peso de tren solo con su cuerpo.

En conclusión, que Joker no es tan mala como quizá la estoy pintando en esta reseña, pero tampoco es esa VERDADERA OBRA DE ARTE de la que tanto hablan en redes sociales. Entre la basura que se ha estrenado este año, Joker es oro. Pero entre el oro de verdad, no es más que bisutería.

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Acerca del autor

Teddye Zapata   @IlusoDeluso   desencuadre.home.blog

Nací en una isla donde hay muy poco que hacer, así que el cine se convirtió en mi refugio y escribir es mi desahogo. También soy bajista, pero ahorita no ejerzo.


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