La Sirenita: Bajo el mar… caribe

Dos años de polémicas han pasado desde el lanzamiento de aquel avance donde veíamos a una sirenita de color. Hubo quienes se ofendieron profundamente diciendo que les habían arruinado su infancia (¿Cómo se arruina una infancia cambiando de raza a un personaje mitológico?), mientras que otros estaban felices porque ¡por fin! Se sentían representados por un personaje de su misma raza (¿Cómo se sienten representados por la raza de un personaje mitológico?). No entiendo ninguna de las dos posturas.

Ahora que, por fin llega a las pantallas de cines la nueva versión de “La Sirenita”, vemos que todo era más sencillo. Si es una nueva versión, pero, ahora esta se lleva a cabo en el Mar Caribe ¡por eso es una sirenita afrocaribeña!

La historia es la misma que vimos en la versión de 1989, solo que ahora en un horrible live action. Si, leyeron bien, ¡HO-RRI-BLE LIVE ACTION! y nada tiene que ver con el color, representación o destrucciones de infancia (ridículos). Sigo sin entender por qué Disney se empeña en hacer remakes de sus bellas películas animadas. Algo sucede con los lives action que pierden todo el encanto y la belleza que vimos en aquellas versiones. Esta en particular, si bien no es tan mala como la de Pinocho del año pasado, si le anda llegando cerca.

Todo empieza con un mar embravecido… digitalmente, que se ve muy falso y es que así se ve todo, falso. Dicen que la película tiene un costo estimado de 200 millones de dólares, y les puedo asegurar que no se los gastaron en CGI. Se ve chafa, mal hecho. El personaje de Úrsula (que yo esperaba que se viera muy padre), pareciera que le pegaron con cinta unos tentáculos a un vestido negro ¡se ve cortado! Los personajes de Flounder y Sebastian son tan reales que da miedo oírlos hablar (cuando cantan la canción de Under the Sea, se siente algo de pena ajena de ver a un cangrejo tan feo tratando de ser gracioso). Todo el tema de diseño de personajes, mínimo valor agregado que supone un “live action”, es detestable.

Otro tema es la música. Tenemos las canciones de la versión de los 80 que, no sé cómo lo lograron, pero hacen que se oigan sin gracia, ni encanto. Las canciones nuevas son del ídolo de barro, Lin Manuel Miranda (¿por qué siguen contratando a este señor si sus canciones son todas igual de malas?) y son pobres, sin fondo en sus letras para el desarrollo de personajes y que distan mucho de lo entrañable de las canciones originales. Miranda y los guionistas escriben tanto diálogos como canciones que dudan de la inteligencia del público, y que explican lo que está pasando en la pantalla (la nueva que canta el príncipe Eric que es tan aburrida y sosa que en la quinta estrofa quieres que se acabe).

Hay algunos cambios en la trama (ya saben, adaptaciones a estos nuevos tiempos), pero estos son tan forzados que no embonan bien en el planteamiento de ninguno de sus personajes. Si deciden ir a perder su tiempo y dinero en esta película, pongan atención a como el príncipe Eric descubre el nombre de la Sirenita ¡estúpidamente increíble!

Una de las peores direcciones que me ha tocado ver. En verdad, hay escenas que se quedan en blanco, tomas mal puestas, elipsis sin sentido, y la edición de sonido es mala, mala, muy mala, lo cual  causa que las canciones entren de manera forzada, y que aparte no se sienta el sonido ni el ambiente del mar.

Los actores están todos como con flojera. Javier Bardem en su papel del Rey Tritón, se ve más como un indigente que un rey y ¡peor cual sale del agua!  Pues parece que está pidiendo limosna con un tridente y te va a atacar. Úrsula es interpretado por Melissa McCarthy, y créanme que es de lo poco rescatable, es la única que provoca dos que tres risas (¿la bruja de mar debe de dar risa?) aunque, parece que siempre está acostada. El príncipe Eric interpretado por Jonah Hauer-King, está bien a secas, le echa ganitas y eso se agradece. Por su parte, Halle Bailey en verdad que se esfuerza, canta hermoso, pero no tiene mucha expresión en la cara y pareciera que siempre está como sorprendida. Los demás personajes son tan planos que bien pudieron no haber estado y el resultado es el mismo.

En resumen, un live action más para la larga lista de películas que no debieron ser, que nadie pidió y que se irán al basurero del olvido.

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1 Comment

  • Christian Sánchez May 26, 2023 @ 9:14 am

    ¿De veras te sorprende el por qué Disney está sacando estas adaptaciones live-action de sus éxitos animados? Hay dos posibles explicaciones para esto: 1) dinero. Disney sabe que la nostalgia vende y, desde que comenzó a sacar las adaptaciones, se dio cuenta que no importa la calidad del producto, sino el producto en sí. No importa si el café está quemado, si la leche del capuchino ni siquiera es leche: tiene la marca “x” y por eso la vende bajo sus condiciones. 2) Creo que Disney está en una serie crisis creativa (y no solo la macromarca, sino también Pixar), y la única manera que tienen para sacar películas y buscar vender no es impulsar a nuevos creadores, o aspirar a seguir los pasos de otros estudios, sino reciclar lo que está comprobado que dará resultados en audiencia (adaptaciones live-action, secuelas innecesarias o spin-offs que rompen con lo establecido en las películas anteriores -cof, cof, Toy story 5; cof, cof, Lightyear-…).

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