Las 10 Mejores Películas de Setsuko Hara

Considerada la mejor actriz japonesa de todos los tiempos, la figura de Setsuko Hara está rodeada en un aura de misterio debido al secretismo con el que ocultó su vida privada. Nacida el 17 de junio de 1920 en Yokohama, entró al mundo del cine por motivos muy diferentes a los de cualquier otro actor: ella no lo hizo por la fama o el reconocimiento, sino por dinero para mantener a su familia. Debutó a los 15 años y ganó notoriedad internacional por su participación en “La Hija del Samurái”, siendo habitual en los roles de chicas trágicas. Pero todo cambiaría tras el fin de la guerra, ya que conoció a los 2 directores que la consolidarían como actriz: Yasujiro Ozu y Mikio Naruse, casi siempre interpretando a la típica mujer japonesa.

Su apariencia alejada de los clásicos estándares de belleza del país fue la razón por la que la naturalidad de sus actuaciones siempre sobresalía, ya fuera como hija, esposa o madre. No obstante, algo tuvo que ver la muerte de Ozu para decidir abandonar la industria en 1963, llevando una vida tranquila en Kanagawa (donde filmó muchas de sus películas) y negándose a ser entrevistada y fotografiada por décadas. Nunca tuvo hijos, jamás se casó, no le interesaba para nada el contacto con otras personas. Durante años se especularon los motivos de su desaparición de la vida pública, pero en su última rueda de prensa dejó claro que se retiró porque a ella nunca le gustó actuar.

Murió de neumonía el 5 de septiembre de 2015, medio siglo después de su última aparición. Su vida sería inspiración para incontables historias por años, siendo la más destacable la película Millennium Actress”. Por todo esto y más, celebramos a la llamada “Eterna Virgen” con sus mejores 10 películas.

 

Bonus – Chushingura (Hiroshi Inagaki, 1962)

POR URIEL SALVADOR

La mejor versión de la leyenda de los 47 Ronin pone en alto el código samurái, porque ya no tendrá cabida en este mundo, pero gana admiración porque sus valores no tienen límites. Aunque se puede considerar como una película coral debido a la multitud de historias y personajes, Hiroshi Inagaki sabe acomodar en 3 horas y media una epopeya con tremenda pericia, trata los temas esenciales del feudalismo japonés como la corrupción del Shogunato, la injusticia del sistema nobiliario, la desigualdad de clases, la rigidez de las leyes y la severidad de las convenciones sociales. Otro punto a favor es el reparto multiestelar, con Toshiro Mifune, Takashi Shimura y Setsuko Hara, ésta última en su aparición final.

 

Bonus – Hijas, Esposas y una Madre (Mikio Naruse, 1960)

POR URIEL SALVADOR

Siendo esta una de sus pocas películas a color, se nota mucho que Mikio Naruse experimenta con su uso para retratar las causas y motivos que llevan al matrimonio a presentarse más como un negocio que una relación amorosa. Las diferencias y tensiones se van acumulando por el egoísmo, el sacrificio, la vejez, el abandono, la tradición y el olvido de los valores familiares hasta exponerse en una tensa y humillante reunión que expone las pequeñas miserias y generosidades de 5 hermanos con su madre. Es lenta y tiene momentos ocasionales de reflexiones que están inconexas, pero se eleva por un reparto donde sobresalen Tatsuya Nakadai, Setsuko Hara y Hideko Takamine.

 

10 – El Comienzo del Verano (Ozu, 1951)

POR URIEL SALVADOR

La más débil de la trilogía Noriko por la repetición de temáticas, pero Yasujiro Ozu refleja el choque cultural con pequeños detalles al fondo, el sake y la Coca-Cola conviven, y la armonía resultante conforma la nueva sociedad de una nación en busca de su remodelación material y moral. Asimismo, se anima a mover la cámara un poquito para mostrar el colapso entre tradición y modernidad a través de diálogos punzantes que revelan la disparidad de opinión, causando la tristeza, la amargura y la contrariedad de la familia. También destaca la forma en la que compara el matrimonio con la cosecha de cebada en un específico punto de una estación del año.

 

9 – Chaparrón (Mikio Naruse, 1956)

POR URIEL SALVADOR

Dividida en 2 partes, Mikio Naruse retrata la descomposición matrimonial con un pesimismo más marcado, donde se evidencian los problemas de trabajo típicos de una pareja tradicional en el Japón de la posguerra, causados por el constante chismorreo de sus vecinos en su vida privada. Debido a las delicadas insinuaciones al divorcio, las actuaciones y acciones de Shuji Sano y Setsuko Hara se asfixian por la rutina y los comentarios peyorativos e hirientes de una tensa comunidad vecinal. Puede que la conclusión no acabe de convencer, pero afirma que ambos descubren que tienen que aprender a complementarse el uno al otro para que el matrimonio no se caiga.

 

8 – El Final del Verano (Ozu, 1961)

POR URIEL SALVADOR

A sabiendas que ya está en las últimas, Yasujiro Ozu hace una profunda reflexión sobre los prejuicios de la edad en un Japón que ve el futuro más cercano que su tradicional pasado. El par de tramas vislumbran la futura transición del país a convertirse en una potencia económica, pero todavía prioriza las diferentes relaciones entre sus miembros, el paso del tiempo y la cotidianidad como retrato de que la vida sigue lo mejor que puede. No innova en absolutamente nada y aun así se disfruta por ser absorbente, sosegada y áspera a partes iguales, sirviendo además como despedida a Setsuko Hara al ser ésta su última colaboración con el director.

 

7 – El Almuerzo (Mikio Naruse, 1951)

POR URIEL SALVADOR

La historia de un conflicto marital con atisbos de un posible futuro divorcio pone a reflexionar acerca de las consecuencias de la desatención y el sentido de la felicidad por la sencillez con la que Mikio Naruse lo muestra. La historia se entrelaza con otras subtramas que comparan los diferentes tipos de vida de una mujer en aquella época, siendo un preámbulo a las circunstancias sociales que llevarían a su futura emancipación. Junto a la química entre Ken Uehara y Setsuko Hara (su actuación más acomedida), aclara que ser ama de casa las 24 horas del día te aleja de esa felicidad de amor matrimonial, pero huir de ese rol tal vez sea un error.

 

6 – El Idiota (Kurosawa, 1951)

POR EL FETT

Cuando Kurosawa usaba a Mifune en el rol antagónico, alejándolo de la deshumanización del Trono de Sangre o la humanización del Ángel borracho, el actor crecía de manera avasallante en cuanto a su excelencia dramática, en este caso en el papel de un violento amante que se juega el amor de su doncella con el reciente regreso del “hijo prodigo” y/o simbólicamente resurrecto (otro simbolismo del resucitado espíritu y estado japonés de la posguerra). No hay reparo en mencionar que Mifune se muestra muy superior en su papel “de reparto”, siendo incluso una peculiar curiosidad de director – actor cuando el relato en cierto momentos adquiera un toque de “melodrama”. Una cinta complejamente emocional y que simboliza una sociedad resquebrajada.

 

5 – Otoño Tardío (Ozu, 1960)

POR URIEL SALVADOR

Una especie de cuarta entrega de la trilogía Noriko en la que Yasujiro Ozu cierra ciclos al variar un poco su fórmula sobre las relaciones familiares y la negativa al matrimonio con una que otra novedad como la participación de un grupo de amigos celestinos. Esta vez, muestra la perspectiva femenina hacia una sociedad japonesa donde los roles van modificándose y dan paso a situaciones con dosis sutiles de humor alrededor de la cotidianeidad. En compañía de Mariko Okada, Setsuko Hara ilumina la pantalla con su sonrisa y expresivo rostro, tomando el rol dejado por Chishu Ryu con sencillez y ligereza, como si aquella Noriko ahora lidiara con la soledad que antes enfrentó su padre.

 

4 – La Voz de la Montaña (Mikio Naruse, 1955)

POR URIEL SALVADOR

Mikio Naruse le da gran énfasis al papel de la mujer dentro de la sociedad japonesa de la posguerra a base de escenas sencillas y fascinantes que esconden diálogos muy duros sobre la rigidez masculina y el fracaso matrimonial. A esto se añade que la forma en que los personajes se expresan es tan sutil apenas se insinúan en un gesto contenido, una mirada, en las palabras dichas y sobre todo en las no dichas. De ahí que Setsuko Hara sea un reflejo de todas las mujeres cuyas luchas y preocupaciones son ignoradas u olvidadas, y junto a su interacción con So Yamamura, se forma una pareja perfecta entre suegro y nuera basada en el respeto y la integridad.

 

3 – Cuento de Tokio (Ozu, 1953)

POR EL CINE ACTUARIO

Experto en excavar en los temas familiares, a través de la historia de la relación de Noriko y sus suegros, Ozu crea un relato tan natural acerca de las vicisitudes de la vejez y de cómo es ignorada en mucho de las casos, no por una cuestión gerontofobia, sino que las mismas ocupaciones de la cotidianidad lo establecen, siendo el reflejo de una dinámica social post Segunda Guerra Mundial que aún existe en el Siglo XXI, con su estilo parsimonioso Ozu demuestra que en Tokio hay millones de ancianos ignorados por su familias. Setsuko Hara como la nuera de la familia Hirayama está espléndida.

 

2 – Crepúsculo de Tokio (Yasujiro Ozu,1957)

POR EL CINE ACTUARIO

El relato de una familia compuesta de dos mujeres; una que ha tenido una aventura y está embarazada, otra que ha abandonado a su marido, añadiendo un padre abandonado por su esposa se convierte en un pretexto para que Ozu resalta la importancia de la figura materna; todo el dolor, soledad, silencio es plasmado en pantalla a través de planos tan estéticos, hasta que el regreso de la madre genera un cambio en el ambiente a nivel narrativo y de ejecución, rompiendo esa monotonía emocional. Con una cámara correcta Ozu recrea un retrato de la soledad, y termina por ser un cuestionamiento de los estereotipos de los roles sociales familiares. Muy adelantada a su época.

 

 1 – Primavera Tardía (Ozu, 1949)

POR URIEL SALVADOR

Este drama familiar habla con nostalgia de los tiempos pasados, de la adaptación de las antiguas costumbres de una sociedad japonesa postguerra herida y derrotada a la modernidad. Muchas cosas no serán como antes, pero es necesario cambiar si quieren perdurar. La relación paternofilial entre Chishu Ryu y Setsuko Hara deja entrever cierta crítica social al matrimonio, pero también da a entender que así es la ley de la vida, que los hijos deben abandonar el nido y crear sus propias familias. Una joya en la que Yasujiro Ozu capta la eterna preocupación de los padres por sus hijos y el creciente dominio de la cultura estadounidense en el estilo de vida japonés

 

 

 

 

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Acerca del autor

Uriel Salvador     twitter.com/UrielSalvadorGS

Escritor, analista, crítico, gamer, investigador, actor (especializado en doblaje), fotógrafo. Pero ante todo, soy un amante del cine.


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